En la península de la Magdalena no hace falta mucha imaginación para viajar en el tiempo. Basta cruzar las puertas del elegante palacio situado en lo alto y de repente encontrarte cara a cara con Alfonso XIII y Victoria Eugenia. Cerca de ellos sus damas de corte con esa mezcla de elegancia y discreción que parece aprendida de memoria y por los pasillos el servicio doméstico en pleno movimiento silencioso. Y así, sin saber muy bien en qué momento ha ocurrido, se deja de ser visitante para convertirse en invitado de una casa que sigue funcionando, aunque el reloj marque otro siglo. Ya no estás en 2026, sino en 1920.
Todo forma parte de las visitas teatralizadas que convierten el recorrido por las estancias de palacio en algo más que un tour patrimonial, aquí la historia cobra vida. Entre sus moradores, la reina Victoria Eugenia de Battenberg es la gran protagonista del relato. A menudo eclipsada por los vaivenes políticos de la época, la reina recupera en el palacio donde pasaba sus veranos todo su peso histórico y humano.
A través de las distintas escenas se cuenta su adaptación a la corte —era de origen británico—, su papel en la modernización de la enfermería española, su impulso a la formación de las Damas Enfermeras y su implicación en iniciativas sociales que marcaron una época. Es también la esposa de Alfonso XIII quien articula la vida del palacio y la vida social santanderina, para situarla en un plano más cercano y cotidiano.
Entre los descubrimientos de la visita, la pasión de la esposa de Alfonso XIII por la música. Posiblemente heredada de su madre, la princesa Beatriz, pianista de formación, la afición musical de la reina se convierte en un hilo narrativo más. En el Salón de Familia —conocido con cariño por Ena como el “salón de la música”— se conserva su piano Carl Mand Colbenz, fabricado en Alemania en 1835, que recuerda que el palacio no solo fue un espacio de representación política, sino también de vida íntima, gustos personales y momentos de recogimiento.
Muchas otras curiosidades de la historia del palacio se cuentan en estos recorridos familiares que puntualmente se organizan de la mano de la compañía Ulapé Teatro, algunos enmarcados dentro de la programación del 30 aniversario de la reforma integral del palacio. ¿Las próximas visitas? El 2 de mayo (palaciomagdalena.com). La experiencia concluye con los niños convirtiéndose en guardianes de la Magdalena, construyendo al finalizar la visita el 'Palacio de los Recuerdos'.
Desde la Avenida de Reina Victoria y la calle Juan de Borbón, un camino entre pinos lleva hasta el edificio de estilo ecléctico con influencias inglesas, francesas y montañesas que la ciudad de Santander regaló a los bisabuelos de Felipe VI como residencia de verano. Construido en una ubicación privilegiada entre 1909 y 1912 gracias a un sufragio popular, lo ocuparon hasta la Segunda República. Actualmente, la Familia real tiene algunas estancias reservadas para alojarse en él.
El edificio pasaría después por distintas etapas hasta convertirse en uno de los centros culturales más activos del norte de España gracias a los cursos de verano de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP). Cada año, el palacio se llena de estudiantes, profesores, investigadores y conferenciantes que convierten sus salones en aulas. Por ellos han pasado premios Nobel, intelectuales de primer nivel y figuras clave del pensamiento contemporáneo. Es curioso pensar que donde antes se organizaban recepciones reales, hoy se debaten ideas sobre ciencia, política o literatura. El espíritu, en el fondo, no ha cambiado tanto, sigue siendo un lugar de encuentro.
Muy cerca del palacio están las antiguas Caballerizas Reales, que cuando dejaron de utilizarse para los animales y carruajes, la Universidad Internacional las convirtió en residencia de la playa para estudiantes. En 1935 actuó allí la compañía teatral La Barraca, que dirigía Federico García Lorca, y hoy continúa funcionando como alojamiento para los alumnos.
Y luego está el cine y la televisión. Por su estética, su ubicación y su capacidad para evocar otras épocas, el palacio es un escenario ideal para historias de época o dramas con aire aristocrático. La más reciente, la serie Ena, centrada en la vida de la reina Victoria Eugenia de Battenberg, y antes Gran Hotel, protagonizada por Yon González y Amaia Salamanca, que ayudó a popularizar sus interiores como decorado de ficción histórica.
Además, en ocasiones muy concretas, sus espacios interiores también se utilizan para celebraciones civiles de carácter institucional. Entre los enlaces más conocidos se encuentra el de la actriz Marta Hazas, que eligió este entorno en su ciudad natal para su boda con el director Javier Veiga, reforzando esa mezcla tan característica del palacio entre escenario real y escenario simbólico.
El entorno del palacio también suma puntos. La península de la Magdalena es un parque de 25 hectáreas con senderos, miradores, playas, réplicas de embarcaciones históricas y hasta un mini zoo histórico, que se puede recorrer en un tren turístico, el Magdaleno.













