“Amo la música y el sol de Cádiz”. Con esa frase sencilla, Sandra Golpe resume algo más profundo que una preferencia: una pertenencia. La presentadora y directora del informativo de Antena 3 Noticias no puede estar más orgullosa de su tierra y en concreto de la bahía gaditana, donde están los tres lugares a los que se siente especialmente unida y tiene sus raíces: San Fernando, Puerto Real y la playa de La Barrosa, en Chiclana de la Frontera.
“Soy cañana” dice Sandra Golpe, que es como llaman cariñosamente a los que nacen en San Fernando, una ciudad conocida como “La Isla”, rodeada por el mar y marcada por una luz atlántica que lo impregna todo. No hay grandes monumentos, pero sí mucha vida local que se concentra alrededor de la plaza de la Iglesia, donde está la iglesia Mayor de San Pedro y San Pablo, y el Real Teatro de las Cortes, dos escenarios en los que se comenzó a escribir la Historia Constitucional de España.
Lo que ofrece San Fernando son paseos tranquilos por el Parque Natural Bahía de Cádiz, un entorno de marismas y salinas que especialmente al atardecer se vuelve mágico, y la playa de Camposoto, bajo la atenta mirada del castillo de Sancti Petri. Y dos rutas para descubrir: una más histórica vinculada a la Armada y otra más cultural, la que sigue los pasos a José Monje Cruz, Camarón de la Isla, el mito del flamenco mundial por la ciudad donde nació y creció.
“Siempre necesito volver. Estoy trabajando en mi día a día, pero de fondo siempre tengo mi tierra. Cádiz me cura el alma, me cura físicamente. Cuando estoy mal, llamo a mi madre y digo voy para allá. En 3 o 4 días regreso a Madrid y lista, perfecta. Es el remedio de todos mis males”. El lugar donde viven los padres de la directora del informativo diario de Antena 3 desde su adolescencia es Puerto Real, aquel que fundaron los Reyes Católicos necesitados de un puerto real en la zona. En este rincón de la bahía nació la progenitora de Sandra y fue aquí donde comenzó su carrera profesional como periodista en la delegación del Diario de Cádiz.
Rodeado de marismas y salinas que cambian con la luz y las mareas, el casco antiguo de Puerto Real es conjunto histórico, una cuadrícula casi perfecta de calles tiradas a cordel y típicas casas con artísticas portadas y bellos patios. Caminando por ellas se van descubriendo sus monumentos: la iglesia Mayor Prioral de San Sebastián, la conventual de la Victoria y la de San José, el callejón del Arco, el mercado de abastos y la Caja del Agua, del siglo XVIII.
La animada vida de Puerto Real le viene por su industria naval –imprescindible visitar el Museo Histórico del Dique– y porque es ciudad universitaria. Y a ello suma sus dos playas, Río San Pedro y La Cachucha, el pinar de las Canteras, el sendero Corredor Verde dos Bahías y una reserva natural formada por las lagunas de San Antonio, Taraje y El Comisario que son un paraíso para observar a las aves.
Desde su infancia hasta hoy, Sandra Golpe pasa sus veranos en La Barrosa, “en esta playa eché los dientes”. Un paisaje en el que tiene familia y al que regresa cada año “en mi veranito no puede faltar nunca Chiclana de la Frontera”. Y añade: “No hay nada como volver a casa y encontrarte con un atardecer así en esta playa. El mar, la luz, el olor a sal… todo lo que me recuerda de dónde vengo y lo afortunada que soy de poder llamarlo hogar”.
Ocho kilómetros de arena finísima tiene la playa de La Barrosa, con un tramo muy urbanizado frente a otro más natural. En la zona más animada, el paseo marítimo se convierte en lugar de encuentro, con chiringuitos, bares y restaurantes que se prolongan hacia el entorno de Novo Sancti Petri, donde se concentran los hoteles, las urbanizaciones y los campos de golf más exclusivos de la Costa de la Luz.
En la parte más virgen, el paseo junto a los pinares y las dunas cubiertas de vegetación ofrece una experiencia mucho más tranquila y natural, donde el Atlántico se impone en silencio. Dos formas de vivir una misma playa que resumen la esencia de esta bahía a la que Sandra Golpe sigue profundamente ligada: “Me quedo con el mar, los atardeceres infinitos y la alegría contagiosa de mis paisanos”.












