Apenas 300 vecinos viven en este pequeño pueblo medieval que conserva el encanto de sus empinadas calles y de espléndidas casas antiguas con entramados de madera y tejados de losas de piedra llamadas lauzes —con tonos que se intensifican con la luz del sol— dispuestas a ambos lados de la rue Henry Paraye y de las cuestas que parten de la rue du Chamaine. Pero son muchos más los que pasan a diario por Conques. Un buen número, turistas que quieren conocer la estrella del Aveyron; otros tantos, peregrinos que siguen la vía Podense, uno de los cuatro ramales históricos del Camino de Santiago en Francia.
Que este pueblo, a 3 horas en coche de Toulouse y a 37 kilómetros al norte de Rodez, la capital de la región, sea una de las etapas más concurridas de la ruta jacobea tiene que ver con una reliquia de una jovencísima cristiana que murió martirizada en Agen en el año 303. Por obra del destino, llegó varios siglos después a Conques y se conservan en la abadía románica de Sainte-Foy, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.
Por eso, tras cruzar los primeros puentes sobre el río Dourdou y admirar el perfil medieval del pueblo y el entorno natural que lo rodea, lo primero en Conques es visitar su abadía, uno de los mejores ejemplos del arte románico francés. El templo creó escuela, pues sirvió como modelo a lo largo de toda la ruta jacobea, llegando incluso a influir en la planta de la mismísima catedral de Santiago de Compostela.
LA ABADÍA DE SAINTE-FOY
Hay muchas cosas espectaculares en el templo a las que prestar atención, pero la primera está antes de entrar, en la fachada occidental. Es su tímpano del Juicio Final, obra maestra del románico. Todas sus escenas, en las que se distribuyen 124 personajes, tienen mucho vigor y cumplen al pie de la letra con su intención didáctica e ideológica. Mientras en el paraíso reina la armonía y ángeles elegidos muestran rostros serenos y actitudes calmadas, en el infierno triunfan la confusión, los gestos crispados y unos demonios con caras deformes y caricaturizadas. Cada noche se realiza un espectáculo de iluminación que resalta las figuras y crea un efecto de color cambiante, interpretando la escena con luz.
El interior de Saint-Foy sorprende por su austeridad, amplitud y altura (cerca de 22 metros), por sus vidrieras diseñadas por Pierre Soulages en la década de 1990 y por su tesoro: una de las mejores colecciones de orfebrería religiosa del mundo y que cuenta con varias piezas de un valor artístico incalculable. Las más notables son la estatua-relicario de Sainte-Foy, la ‘A’ de Carlomagno y el relicario de Pepino. Las tres son de madera y están recubiertas de oro, plata, piedras preciosas y antiguas joyas persas, romanas y bizantinas. A la vista de tanto lujo y de tan deslumbrante belleza, hay que empezar a creer en los milagros, porque es un verdadero milagro que este tesoro, fechado entre los siglos VIII y XV, haya podido llegar íntegro hasta nuestros días.
EL PASEO POR SUS CALLES EMPINADAS
Después de tanto sobresalto, lo mejor es darse un respiro y lanzarse a recorrer las estrechas y empinadas callejuelas de este pueblo, cuajado de casas medievales, que muestran fachadas con llamativos entramados y se cubren con empinados tejados de pizarra. Entre los rincones de Conques destacan varias puertas de sus viejas murallas, el Château d’Humières —una casa señorial fortificada— y la pequeña capilla de Saint-Roch, situada donde se encontraba el castillo primitivo, sobre un espolón rocoso.
TALLERES ARTESANALES
En el paseo se descubren varios talleres artesanales donde se pueden ver, comprar o incluso participar en la creación de piezas hechas a mano. Entre ellos destacan espacios como l'Atelier l'Appel du Chemin (appel-du-chemin.com), con obras creativas y únicas, y Aux armes de Conques, especializado en cerámica. También hay talleres de grabado como el de Gilles Casalonga, joyería artesanal en Amélie Péret Créations Alkémia o artículos de cuero en La Sellerie de Conques. E incluso tiendas colectivas donde varios artesanos exponen su trabajo, como O’Fil de l’Art, con esculturas, muebles, marquetería y bisutería.
Una buena manera de despedirse de Conques es tomar la larga rue Charlemagne, el mismo camino que han seguido durante siglos los peregrinos, y acercarse hasta el cercano Roches du Bancarel, para contemplar una completa panorámica de la localidad y de todo su entorno paisajístico.
LOS MEJORES SITIOS PARA COMER
La experiencia gastronómica más memorable de Conques se disfruta en Moulin de Cambelong–Emilie et Thomas (moulindecambelong.com), que ofrece alta cocina francesa en un entorno encantador, junto al río. Para sabores tradicionales, Le Comptoir de Germain (lecomptoirdegermain.com) es un bistró de ambiente acogedor. Las patatas —aligot y truffade— y los quesos de Auvernia son las especialidades locales, que se degustan acompañadas de vinos de la región de Gaillac.
DÓNDE DORMIR
Para sentir Conques, es recomendable pasar la noche e inolvidable es el hotel Le Comptoir de Germain (lecomptoirdegermain.com), un acogedor chambre d’hotes, como llaman los franceses a los alojamientos con encanto. Otra buena elección es la casa de campo Le Manoir des Pélies (lespelies.com), ideal para quienes buscan tranquilidad. Auberge St Jacques (aubergestjacques.fr) ocupa un edificio centenario con habitaciones rústicas y muy tranquilas. Y a pocos minutos del centro medieval se encuentra Ma cabane en Aveyron (macabaneenaveyron.ellohaweb.com), con cabañas a orillas de un lago rodeado de bosque en el corazón de Aveyron.
CONSEJOS PRÁCTICOS
- Visita Conques temprano para disfrutar de la luz perfecta en sus calles empedradas, o por la noche, para ver el espectáculo de luz sobre la fachada de la abadía.
- No subestimes la inclinación de las calles; usa calzado cómodo y prepárate para pequeñas subidas.
- Puedes combinar la visita al pueblo con una ruta escénica por el valle del Lot. Una de las más recomendables es la que atraviesa la espectacular garganta del río y conduce hasta Entraygues-sur-Truyère, donde confluyen dos ríos. Desde allí, la carretera continúa hacia Estaing, un encantador pueblo dominado por su castillo —hoy habitado por una comunidad religiosa—, y sigue hasta Espalion, que presume de uno de los mejores mercados de la región. Por último, la ruta alcanza Saint-Côme-d’Olt, un precioso pueblo fortificado de calles medievales.














