La presencia de Marius Borg en el funeral de Estado del rey Harald V de Noruega ha tenido un impacto evidente. No solo por ocupar el lugar que le corresponde como miembro de la familia real y como hijo de la reina Mette‑Marit, sino porque coincidió con un movimiento relevante en su situación judicial: un día después, el Tribunal de Apelación anunció que el proceso sería revisado íntegramente. La sentencia de cuatro años dictada en junio por el Tribunal del Distrito de Oslo, por dos delitos de violación y maltrato en relaciones cercanas, queda así pendiente de un nuevo proceso en segunda instancia que durará cuatro semanas. Otro aspecto que ha llamado la atención de su reciente aparición, es un cambio físico notable.
Cuando fue detenido por primera vez, en agosto de 2024, Marius reconoció públicamente que atravesaba problemas relacionados con la salud mental, así como con el consumo de alcohol y cocaína. Durante el juicio también admitió un cargo vinculado al traslado de marihuana. En la fase actual, uno de los requisitos del Servicio Penitenciario Noruego para conceder la prisión domiciliaria preventiva es que la persona no presente adicciones activas, algo que se verifica mediante controles médicos. No puede afirmarse que exista relación directa entre estos elementos y su apariencia reciente. Sin embargo, su imagen en el funeral de Estado era más saludable que en etapas anteriores, un cambio que ha alimentado comentarios sobre su situación judicial: una prisión preventiva que algunos ven como privilegiada.
Desde los 4 años Marius Borg vive en la fica de Skaugum
Su custodia se desarrolla en Skaugum, la residencia que históricamente han ocupado los herederos de la monarquía noruega y que fue comprada a tal efecto por el rey Olaf en Asker, en un entorno natural, frente a un fiordo, pero cerca de la capital donde se desarrolla la actividad institucional. Este entorno puede ser considerado un privilegio, pero para él no es más que el regreso o la continuidad de lo que ha sido su vida desde los cuatro años, cuando su madre se casó con el príncipe heredero de Noruega. Espacios amplios, privacidad, rodeados de bosque, con piscina, barbacoa, zona recreativa y otros recursos propios de una residencia de ese nivel. En otras palabras, la comodidad no es un efecto de la medida judicial, sino una constante biográfica.
De hecho, Se og Hør ya subrayó en agosto que la impresión de "privilegio" procede de esa coincidencia entre su vida previa y el escenario donde cumple la vigilancia telemática, que no ha hecho más que otorgarle la prisión domiciliaria en el que ha sido su domicilio fijo desde los cuatro años, quitando alguna excepción, como un tiempo que estuvo compartiendo casa con una de sus parejas. El citado medio describió cómo Marius pasa estos días entre la piscina, reuniones en el jardín y una supervisión policial que llegó a incluir una barbacoa en el exterior de la finca, algo que no está prohibido, igual que recibir visitas. Por otro lado, están las limitaciones, como la de salir del perímetro marcado o el del consumo de drogas, cuestión de la que se habló en su vista para la aprobación de una medida que viene motivada para evitar el riesgo de reicidencia o, dicho de otro modo, que se acerque a alguna de las víctimas sobre las que tiene una orden de alejamiento, algo que ya sucedió en el pasado y que motivó la cuarta de sus detenciones, la que llevó a prisión dias antes de que comenzara su juicio de siete semanas.
En este contexto, y sin perder de vista el duelo que aún marca a la familia por las muertes del rey Harald y la princesa Astrid, el inicio del reinado de Haakon y Mette‑Marit se presenta como un tiempo nuevo, acompañado de señales positivas para quienes forman parte de su entorno más cercano. Marius llega a esta etapa en mejores condiciones personales para afrontar un segundo juicio; las encuestas respaldan al nuevo monarca; Mette‑Marit avanza en su recuperación tras el trasplante de pulmón; e Ingrid Alexandra está siendo recibida con una acogida excepcional en su papel de nueva princesa heredera. El único elemento que puede enturbiar este horizonte inmediato es, precisamente, la repetición del proceso judicial: ahora Marius es hijo de la reina, lo que inevitablemente incrementará su exposición pública.








