El Palacio Real de Oslo amanece hoy como el gran centro de atención de la dinastía Glücksburg. Tras el fallecimiento del rey Harald V el pasado 28 de agosto, la residencia oficial de la familia real concentra desde primera hora todas las miradas en una jornada decisiva: a las 12:00 horas comenzarán los actos del funeral de Estado. A lo largo de la tarde de ayer fueron llegando a la capital noruega reyes, reinas, herederos, jefes de Estado y mandatarios internacionales para despedir al soberano noruego y acompañar el inicio del nuevo reinado de los reyes Haakon y Mette-Marit, que recibieron a los asistentes al funeral con un banquete privado.
Una recepción de carácter privado
Tras la llegada masiva de los miembros de las dinastías reinantes de Europa, tanto Haakon VIII como Mette-Marit ejercieron anfitriones de excepción con la celebración de un banquete privado que tuvo lugar la pasada noche en el Palacio Real de Oslo. Un gesto con el que consolidan las bases de su reinado, pues quienes han sido príncipes herederos del país durante un profundo tramo temporal ejercerán ante sus homólogos por primera vez como miembros reinantes de su propio país.
Un momento en el que, para Haakon y Mette-Marit, se acabaron las reverencias. Por primera vez han asistido a una velada marcada por la igualdad, en la que la diferencia estará marcada únicamente por los príncipes y princesas que asistan, como es el caso de la princesa Victoria de Suecia, quien tendrá que hacer una reverencia a los nuevos reyes de Noruega. Un gesto que hasta ahora ellos debían realizar hacia el resto de monarcas, aunque eso ya ha cambiado. Un momento que no solo refleja el adiós hacia quien ha reinado durante treinta y cinco años, sino también el comienzo de una nueva etapa dinástica.
Una cita que no aparecía en las agendas de ninguno de los asistentes, ni tampoco en el programa distribuido por la Casa Real de Noruega, convirtiéndose esta cena en uno de los mayores enclaves del país. Tras su llegada al Aeropuerto Internacional de Oslo, la mayor parte de los miembros de la realeza que ha llegado al país se ha desplazado hasta el Gran Hotel de la capital nórdica, donde miembros como Felipe VI y doña Letizia, así como la reina Sofía, han hecho una parada para conocer la habitación en la que se hospedarán, e incluso para poder prepararse antes de dirigirse hacia el Palacio Real de Oslo. Ha sido en este mismo hotel donde han protagonizado su entrada Nicolás y Alexia de Grecia, así como el Gran Duque de Luxemburgo, incluyéndose el príncipe Akishino y Kiko, herederos al trono de Japón.
También se ha podido ver a los reyes de Jordania, Abdallá y Rania, así como a la reina Mary de Dinamarca y el príncipe heredero, Christian de Dinamarca, de regreso al barco real.
Un momento de incalculable valor histórico que trasciende la estricta agenda oficial y el protocolo regio. Entre los majestuosos salones del Palacio Real y los distinguidos pasillos del Gran Hotel, la realeza mundial se ha reunido para dar adiós a uno de los monárcas más queridos de nuestros tiempos. Esta cita privada no solo simboliza el dolor compartido y el homenaje sincero a la figura imborrable de Harald V, iniciando a su vez la era del reinado de Haakon VIII y Mette-Marit. De esta forma, la capital nórdica se reafirma como el epicentro absoluto de un hecho que trascenderá a los propios cimientos de la historia.













