Cuando Carlota Casiraghi leyó El Crack-Up de F. Scott Fitzgerald, surgió en ella una idea, la de ahondar en la fragilidad y la caída del ser humano. Esa colección de ensayos que el escritor estadounidense escribió cuando tenía su misma edad (39 años) y en una de las peores épocas de su vida (tras una vida de éxito y glamour, se encontró con el vacío y la desesperanza), no tuvo un gran éxito en su época, pero prendió en ella el impulso de coger la pluma y lanzar su primer y esperado libro en solitario, La fêlure, (La grieta, en castellano). Una obra, ha insistido, que no habla de resiliencia.
"Mucha gente piensa que vamos a arreglarlo todo, que vamos a dar ejemplos de personas que lo han superado todo (...)", confesaba en el pódcast de Frédéric Beigbeder. "La grieta es más bien un punto de silencio. Es un lugar dentro de nosotros que no se comprende fácilmente. Es una cierta forma de ser frágil, y puede expresarse de diferentes maneras". Por eso, muchos de los autores de su libro están "sumidos en la desesperación".
La literatura siempre fue su refugio y la filosofía, el lugar al que acudía en busca de respuestas. Una pasión que toma de su madre, Carolina de Mónaco, "una gran lectora de novelas y poesía", que le transmitió su pasión por las letras. Antes que ella, estudió Filosofía en la Universidad de La Sorbona, en París, y, como recordaba hace tiempo, siendo apenas una niña ya "cogía libros de la biblioteca de mis padres sin entender nada desde la primera a la última línea".
Ahora, es Carlota la 'princesa filósofa' del Principado, y, con su obra, se ha mostrado como nunca antes lo había hecho. Había dado alguna que otra pincelada en sus conocidos encuentros literarios, Rendez-vous littéraires rue Cambon, de la mano de Chanel, pero durante la promoción de su libro, se ha sincerado como no lo había hecho hasta ahora.
Ha reflexionado sobre la maternidad -"Existe esa idea de que el amor de una madre tiene que serlo todo"-, sobre esa "gran brecha entre lo que la gente podía percibir de mí y lo que experimentaba en mi interior"-, y de esa "armadura" que terminó por construirse ante el mundo.
Hace unos días, la hija de Carolina de Mónaco presentaba su obra en el espacio Station Ausone, de la librería Mollat -una de las librerías independientes más importantes de Francia- en Burdeos, donde, confesaba que, "a veces, crear un personaje es una forma de sobrellevar la situación".
Regresaba a la ciudad francesa donde, hace una década, competía como avezada amazona. Ahora, lo hace como la filósofa y escritora que marca su propio rumbo.






