El príncipe Harry y Meghan Markle ya estan de vuelta en Estados Unidos, pero poco a poco se van desvelando detalles del viaje más hermético y complicado que los Sussex hicieron al Reino Unido en compañía de sus hijos, los príncipes británicos Archie y Lilibet. Hasta ahora se sabía que la familia habían estado en la zona portuguesa de Melides y luego habían hecho un pequeño recorrido por Inglaterra, al menos de Gloucestershire, donde está la finca privada de los reyes Carlos y Camilla, hasta Northamptonshire, donde está la residencia ancestral de los Spencer. Sin embargo, ahora se suma un nuevo destino: un paraíso escocés que te nada tiene que envidiar con el Castillo de Balmoral, donde el príncipe Harry pasó sus veranos de la infancia y un lugar que todavía no conocen sus hijos.
Tanera Mor: la isla privada de un multimillonario que abrió sus puertas a Harry y Meghan
Ha sido el medio Daily Mail, que pertenece a la editorial que recientemente se enfrentó con éxito en el Alto Tribunal de Londres con el príncipe Harry, el que ha desvelado el paso de la pareja por Tanera Mor, la mayor de las islas Summer, un archipiélago remoto situado frente a Ullapool, en las Highlands escocesas. Aunque históricamente tuvo una pequeña población dedicada a la pesca y a la agricultura, hoy es una isla privada propiedad del multimillonario Ian Wace, cofundador del fondo Marshall Wace.
Al parecer, Harry y Meghan viajaron con Archie (7) y Lilibet (5) a lo que se puede considerar una isla de millonarios, porque pertenece a uno y solo la disfrutan él, sus invitados y su círculo filantrópico. La isla fue comprada por 1,7 millones de libras esterlinas (unos dos millones de euros) en 2017 por Wace y desde entones, la isla ha sido transformada plantando 100.000 árboles, restaurando una docena de propiedades y construyendo tres millas de carreteras. Pero quizás el aspecto que más le habría atraído a Harry, según el citado medio británico, es que, hasta el año pasado, más de la mitad de los 1.000 huéspedes que Tanera Mor ha acogido pertenecen a la Fundación Taigh Mor, una organización benéfica que se esfuerza por mejorar el bienestar de quienes prestan servicio en las fuerzas armadas o en los servicios de emergencia. Un interés que está directamente conectado con el de Harry y sus Juegos Invictus, lo que hace que ambos sean amigos desde hace tiempo.
Hay que decir que Tanera Mor no es un retiro al uso ni un refugio donde desconectar sin más. Es una isla privada en la que los huéspedes -incluidos los Sussex- pueden participar en actividades vinculadas a la autosuficiencia o al trabajo comunitario: restaurar casas tradicionales, recolectar algas en la costa, pescar caballa para el consumo local, colaborar en cocinas y jardines y hasta participar en apicultura, un actividad que Meghan también practica en California, tal y como mostró en su programa de Netflix. Es un entorno natural transformado con inversión millonaria, donde la experiencia consiste en convivir, trabajar y contribuir al mantenimiento de la isla, un verdadero paraíso también para los niños.
A pesar de su salida de la familia real y de todas las fronteras -geográficas, institucionales y emocionales- que han atravesado desde entonces, Harry y Meghan siguen teniendo buenos amigos en el Reino Unido. Su estancia en Tanera Mor lo demuestra con claridad: hay personas de su antiguo círculo que continúan abriéndoles sus puertas, ofreciéndoles refugio y acompañándolos en momentos significativos. El viaje confirma que, más allá de la narrativa de ruptura total, los Sussex mantienen vínculos sólidos con figuras influyentes de su vida británica. Según el citado medio, la entonces esposa de Wace, la exmodelo Saffron Aldridge, entabló una estrecha relación con Meghan después de que la actriz estadounidense se mudara a Gran Bretaña para vivir con Harry. Wace y Saffron se separaron en 2023 y desde entonces se han divorciado, pero siguen siendo amigos.
La comparación con Balmoral y el peso simbólico de las residencias reales
De forma casi inmediata, y como parte de la tendencia a interpretar cada movimiento de la pareja en clave crítica, el foco mediático se desplazó hacia un detalle: los niños no han estado en el Castillo de Balmoral, en Aberdeenshire. La residencia favorita de Isabel II, el lugar donde falleció y donde Harry pasó buena parte de su infancia, incluido el día en que le comunicaron la muerte de Diana de Gales, se ha convertido en argumento recurrente para cuestionar sus decisiones. Pero la comparación es incompleta. Balmoral es una residencia real, con todo lo que ello implica, y conviene recordar que a Harry y Meghan se les había denegado alojarse en Buckingham Palace apenas unos días antes de este viaje. Aunque es cierto que Balmoral es una propiedad privada de la familia real, mientras que Buckingham pertenece al Estado, ambos espacios comparten una enorme carga simbólica: son puro terreno Windsor y pura Corona británica.
En ese contexto, Tanera Mor aparece como una alternativa lógica: un enclave remoto, seguro y discreto, donde la familia puede moverse sin restricciones y sin la carga institucional que acompaña a cualquier estancia en propiedades reales. Allí, los Sussex encontraron un espacio que combina privacidad, naturaleza y libertad de decisión. No hay que olvidar que parte de la complejidad de este viaje residió en la negativa del Ministerio del Interior a proporcionar protección policial a los Sussex en suelo británico, lo que obligó a replantear por completo su itinerario y sus opciones de alojamiento.









