La vorágine en la que está envuelto Andrés Mountbatten-Windsor ha cobrado este martes nuevos tintes dramáticos, que desde luego van un paso más allá de lo que es tener una pésima imagen para el pueblo británico o haber dañado seriamente con sus actos el buen nombre de la corona. Esta vez, los hechos ocurridos son de una mayor gravedad y ponen en riesgo su propia integridad física, después de que un grupo de manifestantes haya asaltado su nueva casa en Sandringham (Norfolk) y profirieran insultos contra él.
Afortunadamente, la sangre no ha llegado al rio y no hay que lamentar daños personales, pero el peligro está ahí latente y el caos en torno a su figura ha subido un peldaño más. Se trata de una situación altamente preocupante para el hermano del rey Carlos III, después de que estas personas burlaran la seguridad tras encaramarse a las vallas que delimitan la finca. De hecho, esa escena ha sido captada por los reporteros gráficos que suelen estar apostados a las puertas de la propiedad, fotografiando el momento en el que cuatro individuos intentaban colarse en los terrenos.
Antes de que eso ocurriera, el expríncipe de 66 años había sido visto llegando a su vivienda de Marsh Farm mientras conducía su vehículo de la marca Range Rover, por lo que se entiende que ha sido testigo directo de esas furibundas protestas contra él. Por suerte, su equipo de guardaespaldas actuó con rapidez al darse cuenta de lo que se estaba viviendo allí, calmando los ánimos como han podido y haciendo que estos sujetos volvieran a sus automóviles y se marcharan del lugar sin que la cosa fuera a más. En cualquier caso, el susto queda ahí y muy probablemente, a partir de ahora, reforzarán la vigilancia para evitar episodios similares.
Lo curioso es que el hijo mediano de la recordada Isabel II no se aloja actualmente en este sitio, ya que está en obras, pero sí que lo frecuenta a menudo para supervisar cómo van las reformas que se han puesto en marcha. En su lugar, se ha instalado temporalmente en una residencia muy cercana, Wood Farm, hasta su mudanza definitiva. Todo ello después de ser desahuciado en enero del imponente Royal Lodge, el palacio con treinta habitaciones donde este ha pasado buena parte de su vida (más de dos décadas).
Al que está considerado como oveja negra de la familia real inglesa solo le queda mantener ya un perfil bajo y alejado de cualquier ruido, tras haber perdido todos sus títulos y ser apartado de cualquier acto institucional por su relación con el caso Epstein. A esto se le añade el arresto policial que sufrió el pasado 19 de febrero, cuando fue detenido por sospecha de mala conducta en cargo público, uno de los delitos más graves en Reino Unido.
En uno de los correos desclasificados sobre el fallecido magnate y pederasta estadounidense, se reveló cómo el exduque de York le habría pasado a este información económica confidencial del Gobierno, durante el tiempo que fue enviado especial para el comercio internacional. Serían datos relativos a la relación de Gran Bretaña con Hong Kong o Singapur durante 2010. Con anterioridad, Andrés fue acusado de agredir sexualmente en el marco de esta trama a Virginia Giuffre cuando ella era menor de edad.
Su exmujer, Sarah Ferguson (66 años), también apareció posteriormente en esos comprometidos mails del empresario norteamericano y, desde hace un tiempo, se ha alejado por completo de los focos. En cuanto a sus hijas, las princesas Beatriz (37) y Eugenia (36), se han visto salpicadas por este caso y ya empiezan a notar que su figura dentro de la institución monárquica no es precisamente bienvenida.










