Tras caer en desgracia por el caso Epstein y ser apartado de todo lo relacionado con la Corona inglesa, Andrés Mountbatten-Windsor (65 años) vive ya lo más alejado posible del objetivo de las cámaras. Lo hacía desde esta semana cuando abandonaba Royal Lodge, el que ha sido su hogar durante más de dos décadas. Ahora, el que fuera príncipe se ha mudado a un refugio que está completamente blindado, tanto para la prensa como para los curiosos que quieran acercarse. Es esta una propiedad de la familia real británica donde su madre, la recordada Isabel II, pasaba algunas temporadas y tenía un estricta norma relacionada con sus adorados corgis a la hora de la comida.
El sitio en cuestión recibe el nombre de Wood Farm, ubicado en un rincón apartado de la extensa finca real de Sandringham, y allí la recordada monarca exigía que sus fieles compañeros estuvieran lo más cerca de ella posible cuando esta almorzaba. Así se lo hacía saber al personal de servicio, tal y como reveló el que fuera chef de la realeza, Darren McGrady, en su libro biográfico. "El comedor estaba justo al lado de la cocina, y allí nos traían a sus mascotas", relató en sus memorias. Cuenta además que, mientras preparaba el menú, "yo esquivaba a los perros mientras ellos saltaban buscando alimentos".
Explica McGrady que no le quedaba más remedio que lidiar con esta situación, la cual no era nada fácil ya que hablamos del que era un numeroso grupo de perros. Además, la Reina lo tenía completamente controlado, puesto que ambos espacios estaban conectados por una puerta que siempre permanecía abierta. "No los podíamos llevar a otro lado, porque su majestad los oía aullar en la habitación contigua y se enteraba de cualquier cosa que pasara", señaló. Precisamente, Andrés y Sarah Ferguson se quedaron con dos de esos corgis, llamados Muick y Sandy, tras la muerte de la soberana en septiembre de 2012. En este momento, según recoge HELLO!, los animales siguen con ellos y así seguirá siendo allá donde vayan.
El nuevo hogar del que fuera duque de York, donde estará solo de forma temporal, fue construido al estilo clásico de Norfolk con ladrillos de color marrón rojizo. Se compone de cinco habitaciones en su interior, mientras que cuenta con jardines, un establo y un patio en el exterior. Es este un enclave donde su padre, el difunto Felipe de Edimburgo, pasó algunos de su últimos años tras retirarse de la vida pública. Un remanso de paz en plena naturaleza donde este podía dedicar las horas a algunas de sus aficiones, como eran la pintura o la lectura. Incluso, Wood Farm tampoco les es ajeno o extraño a las princesas Beatriz y Eugenia, las hijas de Andrés, quienes solían estar allí durante su juventud en épocas como las Navidades.
En cualquier caso, el hermano menor de Carlos III no debería cogerle el gusto o acostumbrarse demasiado a dicha vivienda, ya que no tardará mucho en ir al que será su domicilio definitivo: Marsh Farm. Una construcción que se encontraba vacía y que en estos momentos está siendo remodelada, reforzando principalmente sus medidas de seguridad. Lo es con las vallas de madera de dos metros que está poniendo y un sistema de circuito cerrado de cámaras de vigilancia, ampliándose además la zona de exclusión aérea alrededor de Sandringham para incluir esta casa.












