Se ha convertido en una tradición. Cuando llega febrero, el Rey suele reservarse un hueco en su agenda, a mitad de mes, para hacer un pequeño viaje a la nieve. Suelen ser escapadas cortas, casi "relámpago" junto a sus amigos más cercanos, pero este año, además, se presentó la oportunidad perfecta para regresar a una de sus estaciones favoritas. El domingo, 1 de marzo, debía asistir a la cena inaugural del Mobile World Congress en Barcelona —que celebraba su 20 edición—, así que una cita ineludible en la Ciudad Condal le permitía hacer antes una pequeña parada en un lugar muy especial para él, Baqueira Beret —que está a casi trescientos kilómetros de distancia—.
Baqueira Beret, el lugar donde comenzó su pasión por el esquí
Don Felipe disfrutó de estos tres días "en solitario", sin la Reina Letizia, que no acostumbra a acompañarle en estas escapadas —la última vez que la vimos en Baqueira fue hace más de dos décadas— ni tampoco sus hijas. La princesa Leonor afronta la recta final de su formación en la Academia del Aire de San Javier, mientras que la infanta Sofía continúa con sus estudios universitarios de Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales en Lisboa.
Don Felipe llevó la misma equipación que el año anterior (es el monarca que más rentabiliza su armario) y practicó este deporte de invierno, aprovechando una cita institucional en Cataluña
Las pistas de esta estación —con sus más de 170 kilómetros— son sus favoritas y las que mejor conoce. Allí aprendió a esquiar, una pasión que tomó de sus padres, los Reyes Juan Carlos y Sofía, quienes pusieron de moda el Pirineo catalán como punto de encuentro invernal, a finales de los sesenta. Atesora grandes recuerdos de su juventud —fue escenario de sus "vacaciones blancas"— y, desde 1984, la familia se hospedaba en La Pleta, un chalet de tres pisos y 200 metros cuadrados, ubicado en en Naut Aran, que se les cedía cada vez que visitaban el Valle de Arán.
Para el Rey, se ha convertido en una tradición y suele hacer un pequeño hueco en su agenda para regresar al Valle de Arán, donde aprendió a esquiar
El Rey ha ido regresando casi cada año, y aunque ha habido excepciones —puesto que también ha practicado el deporte blanco en Formigal (Huesca)—, ha vuelto, una vez más, a su destino predilecto y llevando la misma equipación —un anorak y pantalón en color gris y negro, con detalles en rojo, de la marca japonesa Descente—, que el año anterior —es el monarca que más rentabiliza su armario—. Don Felipe se deslizó por las pistas, como un aficionado más, demostrando su destreza en la nieve, apenas unos días después de que recibiera, junto a doña Letizia, al equipo olímpico que participó en los Juegos de Milán-Cortina en la Zarzuela. Una recepción en la que, además, les regalaron unos esquís.
En estos viajes, también suele aprovechar para disfrutar de la gastronomía, y, como atestigua una de las imágenes que acompañan estas líneas, se le vio muy cerca del restaurante conocido Cinco Jotas, un refugio gastronómico a 1.800 metros, y con vistas al valle de Arán, con mucho sabor mediterráneo -el jamón y los productos de bellota 100% ibéricos son su seña de identidad-.








