El mes de marzo se convertirá, por su especial significado, en un hito para la vida de Mary de Dinamarca. El próximo día 14, los Reyes daneses partirán hacia Australia en el marco de una visita de Estado, siendo este el viaje más personal de la Reina, quien reforzará –por primera vez– los vínculos con su país de origen.
La primera visita como Reina
Nadie habría imaginado que quien hoy ostenta las joyas más emblemáticas de la Corte Real de Dinamarca alcanzaría el trono de la mano de quien es hoy su esposo, Federico X. Mary, nacida en Tasmania, Australia, viajará ahora al país que la vio nacer con un título distinto al que tuvo en su origen. Será la primera vez que visite su tierra natal como reina de Dinamarca, marcando un nuevo eje de conexiones y una oportunidad para deslumbrar en el lugar donde están sus raíces.
Un vínculo especial une a la reina con su país y, como toda visita de Estado, incluirá una cena de gala en la que Mary podrá volver a lucir su estilo característico, acompañado de impresionantes piezas que guardan la historia más íntima de la Familia Real. No obstante, habrá un aspecto que marcará esta visita y el estilismo de la reina, debido a las estrictas normas de la monarquía danesa. A diferencia de la monarquía española, donde no existen reglas severas sobre el uso de las joyas al ser de colección privada, en Dinamarca la situación es muy particular debido a la existencia de las denominadas "joyas prohibidas".
Entre esas piezas destaca el aderezo de esmeraldas, una de las más soberbias y representativas de las reinas danesas, cuyo origen se remonta a 1840, con motivo de las bodas de plata de los reyes Cristian VIII y Carolina Amalia. Joyas que, al pertenecer al Estado, deben permanecer siempre en el país, lo que imposibilita que la reina las traslade al extranjero.
No obstante, la Reina podrá revelar su estilismo a través de otras joyas, dado que la prohibición se limita exclusivamente a aquellas que pertenecen al Estado. Esto le permite recurrir a piezas del fideicomiso real o a joyas de carácter personal. Por ello, la Reina tendrá la oportunidad de portar algunas de las piezas más emblemáticas y que recorren la historia a través de sus diamantes, pudiendo así estrenarlas en un homenaje a su tierra natal, utilizando alguna pieza que hasta ahora no había encontrado la ocasión adecuada para mostrar.
No obstante, hasta el momento hemos podido ver a la reina Mary lucir algunas piezas de valor simbólico y gran belleza, como su reciente visita a los países bálticos, donde recuperó –como si de un gesto romántico se tratase– la tiara con la que un día pronunció el ‘sí, quiero’ al entonces príncipe Federico.
También hemos podido verla deslumbrar en diferentes ocasiones con una singular pieza que, por similitud, conecta a la Casa Real de Dinamarca con la Princesa de Gales. Se trata de la tiara formada a través de 18 perlas en forma de pera, exclusiva de las reinas danesas y que Margarita II heredó de su madre. Una pieza que, al pertenecer al joyero de Margarita II puede viajar al extranjero. Es por ello que la reina Mary la lució durante su visita, ya como reina de Dinamarca, a Noruega. Gestos que evidencian la versatilidad de la Reina y que, con toda probabilidad, volverán a subrayarse en Australia.
Australia, origen de una historia de amor
El viaje –que durará del 14 al 19 de marzo–, se convertirá en una fecha más que señalada en el calendario de Mary. Y es que, en realidad, no se traslada a un país en el marco de una agenda institucional: regresa a sus orígenes. La ahora reina, nacida en Australia, vivió una realidad muy distinta a la que hoy la define. Nació en Tasmania el 5 de febrero de 1972 y, aunque el destino tejió para ella una vida de cuento, su historia se fue construyendo paso a paso hasta llevarla a vivir en Texas, después de que su padre encontrara trabajo en el centro espacial de la NASA, en Houston.
Años más tarde, una entonces joven Mary regresó al que siempre consideró su hogar. Volvió a Australia, donde todo parecía haber permanecido intacto: sus pertenencias, su casa e incluso su grupo de amigos. Sin embargo, la muerte de su madre cuando aún era una niña marcó profundamente su historia más personal. Fue su traslado a Sídney lo que, en realidad, terminó convirtiéndose en el punto de encuentro con su destino. Durante la celebración de los Juegos Olímpicos celebrados en la ciudad, aquella joven se enamoró del entonces heredero al trono de Dinamarca. Una historia que se consolidó en 2004, cuando, vestida de novia —y luciendo la tiara mencionada anteriormente—, selló un amor que hoy perdura.
Por ese mismo motivo, Australia es el origen de su historia y del amor que hoy une a los reyes de Dinamarca.



















