Vive en Washington con su marido y sus hijos desde hace tres años, acaba de cumplir medio siglo (6 de febrero) y abre década con una reveladora entrevista en la que habla de su vida, de su familia y sus compromisos, pensando en el futuro que les llevará de vuelta a casa, a Dinamarca, en 2027. Llevan siete años en el extranjero (primero residieron en París) y valoran vivir en Estados Unidos, pero están deseando "reencontrarse con sus seres queridos". Las últimas imágenes en familia, junto a los Reyes Federico y Mary y Margarita II, se tomaron en la gala de año nuevo… Y el próximo viaje, ya con buen tiempo, será para celebrar oficialmente su cumpleaños en Copenhague.
Su Alteza Real, acaba de cumplir 50 años. ¿Cómo ve esta etapa de su vida?
Con serenidad y gratitud. Cumplir 50 años invita de forma natural a reflexionar sobre lo que verdaderamente importa en la vida. He tenido la suerte de vivir experiencias enriquecedoras, de viajar, de conocer a personas extraordinarias y de trabajar por causas que me son muy queridas. Hoy me conozco mejor, sé qué merece la pena perseguir y qué puedo dejar atrás. Siento más libertad, más confianza y más valentía en mis decisiones, y he alcanzado una verdadera serenidad. Lo que más sentido da a mi vida sigue siendo mi familia, mis hijos, mi labor por mi país y los vínculos profundos con quienes me aportan alegría.
¿Cómo celebró este cumpleaños?
De manera sencilla y entrañable, rodeada de mi familia y de algunos amigos íntimos. Más que las grandes celebraciones, lo que cuenta para mí son los momentos compartidos y la sinceridad de las relaciones. No obstante, de aquí al verano se organizarán algunos actos oficiales en Dinamarca.
"Veo crecer a mis hijos —Henrik (16 años) y Athena (14)— con mucho orgullo y una pizca de nostalgia… Es a la vez una inmensa felicidad y un recordatorio de lo rápido que pasa el tiempo"
¿Cómo transcurre su vida en Washington?
Nos hemos adaptado con facilidad a Washington, porque es una ciudad muy internacional, llena de expatriados como nosotros. Podemos disfrutar de cierta discreción y vivir de forma más anónima, algo muy valioso para nuestros hijos. Les gusta mucho su colegio y mi esposo está muy implicado en su función de agregado militar en la industria de defensa en la embajada. A mí me encanta pasear por la ciudad, descubrir barrios, su arquitectura y su historia y sentir su energía cosmopolita. Por supuesto, nuestro vínculo con Dinamarca y con Europa sigue siendo profundo y estamos deseando reencontrarnos con nuestros seres queridos y nuestros compromisos. Continúo estrechamente implicada e informada sobre el trabajo de mis organizaciones y patronazgos, así como sobre las causas que apoyo, ya sea la lucha contra el desperdicio alimentario u otras iniciativas humanitarias y sociales. También hablo casi a diario con mi jefe de gabinete para hacer el seguimiento de estos asuntos, asegurando su buen desarrollo.
Copenhague, París, Washington… ¿Se siente más danesa, francesa o estadounidense?
Me siento, ante todo, profundamente europea. Dinamarca y Francia forman parte de mi identidad y de mi historia familiar y permanecerán siempre en el corazón de lo que soy. Estados Unidos representa una experiencia vital enriquecedora y valiosa, pero mis raíces siguen siendo europeas. Vivir en Washington nos aporta libertad y discreción, algo muy apreciable para nuestra familia, pero no altera en nada mi identidad: esté aquí o en Dinamarca, soy la misma persona.
¿Cómo ve crecer a sus dos hijos?
Con mucho orgullo y una pizca de nostalgia. Verlos crecer tan deprisa, volverse autónomos y curiosos, es a la vez una inmensa felicidad y un recordatorio de lo rápido que pasa el tiempo. Henrik (16 años) y Athena (14) son independientes y muy espabilados, pero también es emocionante ver cómo encuentran su lugar en el mundo. Mi papel, junto al de mi esposo, es acompañarlos, apoyarlos y transmitirles nuestros valores familiares y nuestro sentido del respeto y de la apertura al mundo.
"Hoy sé qué merece la pena perseguir y qué puedo dejar atrás. Siento más libertad, más confianza y más valentía en mis decisiones, y he alcanzado una verdadera serenidad"
Se la ve a menudo con los dos hijos mayores de su marido, Nicolás y Félix. ¿Cómo vive su papel de madre en una familia reconstituida?
Es un papel que se construye escuchando, con respeto y benevolencia. Cada hijo, cada relación, es único y merece atención y apoyo. Procuramos que nuestra familia sea un espacio cálido y seguro para todos, donde cada uno se sienta reconocido y querido.
¿Cómo y dónde se ve dentro de diez años?
Me veo siempre comprometida y activa, en particular en las causas que me son más cercanas. Lo esencial es dar sentido a lo que hacemos y mantener vínculos auténticos con quienes nos rodean.
Si tuviera una varita mágica, ¿qué haría con ella?
Me gustaría apaciguar los conflictos, reducir las desigualdades y ofrecer a cada niño la posibilidad de crecer en un entorno seguro, con buena educación y amor. Ese sería, sin duda, mi primer deseo.
¿Le asusta el paso del tiempo?
No. El paso del tiempo aporta profundidad y una mejor comprensión de uno mismo y de los demás. Es cierto que a veces parece acelerarse y resulta difícil ver crecer a los hijos o envejecer a los padres, pero cada edad tiene su riqueza y deja sus enseñanzas.
¿Cuáles son sus proyectos para el año que viene?
Deseo acompañar a mis hijos en sus distintas etapas vitales y mantener un equilibrio entre mi vida familiar y mis responsabilidades oficiales, al tiempo que apoyo a mi esposo y a nuestra familia en la representación y promoción del Reino de Dinamarca. Para mí, son proyectos esenciales. Y, por supuesto, disfrutar plenamente de cada instante en familia, compartir risas con mi marido y nuestros hijos y saborear los momentos de espontaneidad y alegría que hacen tan valioso nuestro día a día.








