Begoña Ana Suárez, psicóloga, sobre el verano con niños pequeños: "Las vacaciones no consisten en eliminar todas las rutinas"


Durante los meses sin colegio, se relajan los horarios y las costumbres, pero es conveniente mantener cierta estructura


familia feliz comiendo sandía en verano© Getty Images
5 de agosto de 2026 a las 7:34 CEST

El verano suele ser sinónimo de improvisación, horarios menos estrictos y cierto 'caos' que forma parte del propio descanso. Sin embargo, no todos los niños responden igual a la falta de normas. Mientras que para algunos romper con el reloj resulta liberador, para otros la ausencia total de rutinas genera desorientación y malestar. 

Tal y como nos cuenta Begoña Ana Suárez, jefa de servicio de Psicología del Hospital Blua Sanitas Valdebebas, mantener una estructura mínima durante los meses estivales no arruina las vacaciones. Al contrario, puede ser el punto de apoyo que permite a muchos pequeños autorregularse y disfrutar de un descanso real. 

Begoña Ana Suárez, jefe de servicio de Psicología del Hospital Blua Sanitas Valdebebas© Cedida
Begoña Ana Suárez, jefe de servicio de Psicología del Hospital Blua Sanitas Valdebebas

¿Cómo afecta un cambio tan drástico de horarios a la salud mental y al sistema nervioso?

El organismo funciona con un reloj interno que regula el sueño, el apetito, la atención y el estado de ánimo. Cuando los horarios cambian de golpe, este reloj pierde parte de sus referencias y pueden aparecer cansancio, irritabilidad o dificultad para concentrarse. En los niños suele notarse más porque todavía dependen mucho de las rutinas externas para regularse.

Sin embargo, no todos los sistemas nerviosos responden igual a estos cambios, de hecho, algunas personas se adaptan rápidamente a la espontaneidad, mientras que otras necesitan conservar ciertos puntos de referencia para sentirse seguras y disfrutar realmente del descanso.

¿Por qué el desorden absoluto genera frustración en lugar de descanso?

Descansar no siempre significa eliminar toda organización. Cuando nadie sabe a qué hora se come, qué plan se hará o cuándo podrán parar, aumenta la incertidumbre y cada decisión exige una nueva negociación. Si además se duerme peor, tanto los niños como los adultos tienen menos paciencia y toleran peor los imprevistos, por lo que el supuesto descanso acaba desgastando.

Para algunas personas la clave no estaría en planificar cada minuto, sino en mantener una estructura mínima que permita a su sistema nervioso anticipar qué va a ocurrir.

Si se duerme peor, tanto los niños como los adultos tienen menos paciencia y toleran peor los imprevistos, por lo que el supuesto descanso acaba desgastando

Begoña Ana Suárez, psicóloga

¿Qué hábitos conviene mantener durante las vacaciones?

Los principales puntos de apoyo deberían ser unos horarios de sueño relativamente estables y unas comidas situadas en franjas reconocibles. No tienen que ser idénticos a los del curso, pero conviene evitar que cambien varias horas cada día. También ayuda acordar de antemano cuándo se utilizarán las pantallas, sobre todo para que no desplacen el descanso nocturno.

Es importante que cada familia puede encontrar su propio equilibrio entre flexibilidad y estructura, porque descansar no significa exactamente lo mismo para todas las personas.

¿Por qué el caos afecta más al comportamiento infantil?

El cerebro infantil todavía está desarrollando las capacidades que permiten frenar impulsos, tolerar la espera y gestionar emociones intensas. Por eso, los niños utilizan las rutinas como señales externas que les indican qué viene después y qué se espera de ellos. Cuando esas referencias desaparecen, necesitan hacer un esfuerzo de autorregulación para el que aún no cuentan con los mismos recursos que un adulto.

Algunas personas, niños y adultos, con un funcionamiento neurodivergente, como puede ocurrir en el TDAH, el autismo o las Altas Capacidades, este esfuerzo es todavía mayor. Suelen depender más de la previsibilidad para organizarse y regularse emocionalmente. Por eso, los cambios constantes pueden generar un mayor nivel de sobrecarga o agotamiento, aunque desde fuera pueda parecer simplemente que "llevan peor las vacaciones".

Niños en un campamento de verano en tienda de campaña© Getty Images/Image Source

¿Cómo ayuda anticipar el día o utilizar rutinas visuales?

Explicar por la mañana qué ocurrirá durante el día reduce la incertidumbre y evita responder constantemente a las mismas preguntas. En niños pequeños, un dibujo con secuencias sencillas, como por ejemplo desayuno, playa, descanso y juego, permite comprender el plan sin depender tanto del lenguaje. También conviene incluir algún espacio flexible para que la rutina oriente sin convertirse en una agenda rígida.

¿Las vacaciones afectan igual a todas las personas? 

No. La neurodiversidad nos recuerda que no existe una única manera de descansar ni de adaptarse a los cambios.

Para algunas personas, la improvisación y la ausencia de horarios resultan liberadoras. Para otras, especialmente si presentan un perfil neurodivergente, la desaparición de las referencias habituales puede aumentar la sensación de desorganización, la fatiga mental o la irritabilidad.

No significa que necesiten unas vacaciones rígidas, sino que su sistema nervioso suele beneficiarse de mantener algunos puntos estables durante el día: conocer aproximadamente el plan, conservar ciertos horarios o disponer de pequeños momentos previsibles.

En muchas ocasiones no es la actividad la que genera malestar, sino la incertidumbre constante.

. La adaptación será más sencilla si, durante los últimos días, se adelantan progresivamente la hora de acostarse y la de levantarse

Begoña Ana Suárez, psicóloga

¿Cómo afecta dormir poco varios días seguidos a niños y padres?

La falta de sueño acumulada disminuye la capacidad del niño para controlar impulsos y responder con calma ante una frustración. Es posible que se muestre más irritable, hiperactivo o sensible, aunque aparentemente tenga mucha energía. Los padres también reaccionan peor cuando están cansados, por lo que aumentan las discusiones y se crea un círculo en el que el agotamiento de unos alimenta el malestar de los otros.

Cuando existen perfiles especialmente sensibles a la falta de descanso, como ocurre en muchos niños neurodivergentes, los efectos pueden intensificarse y aparecer con mayor rapidez.

¿Cómo facilita la estructura mínima la vuelta al colegio?

Mantener ciertos horarios evita que el reloj biológico se desplace tanto que volver a madrugar resulte casi equivalente a sufrir un pequeño desfase horario. La adaptación será más sencilla si, durante los últimos días, se adelantan progresivamente la hora de acostarse y la de levantarse. El niño recupera así el ritmo escolar sin pasar de una rutina completamente nocturna a otra muy temprana de un día para otro.

Esta transición suele resultar especialmente beneficiosa para aquellos niños que necesitan mayor previsibilidad para adaptarse a los cambios, reduciendo el estrés asociado al inicio del curso, pero eso ya será otro capítulo…

Las vacaciones no consisten en eliminar todas las rutinas, sino en conservar aquellas que ayudan a cada sistema nervioso a descansar. La flexibilidad también puede organizarse, porque descansar no significa lo mismo para todos.