En el crecimiento infantil influyen factores genéticos, hormonales y ambientales. Desde que el bebé nace, su talla se va monitorizando en los diferentes controles médicos pautados de rutina y se va registrando en gráficos que muestran los famosos percentiles.
Sin embargo, hay niños que tienen situaciones que les impiden alcanzar la estatura que les correspondería por edad y sexo. Cuando sucede, hay que estudiar cada caso concreto y decidir si es necesario administrar la hormona del crecimiento. La Dra. Amaia Ochotorena, pediatra endocrinólola de Policlínica Gipuzcoa en San Sebastián, nos habla de cuándo está indicada para población infantil.
Recomendamos consultar cuando un niño crece menos de lo habitual para su edad, se aprecia un estancamiento en las curvas de crecimiento o presenta una talla claramente inferior a la familiar
¿Para qué se utiliza la hormona del crecimiento?
“El tratamiento con hormona de crecimiento está indicado en niños que presentan determinados trastornos del crecimiento diagnosticados tras una valoración y un seguimiento clínico”, explica la experta. Suele prescribirse cuando hay un déficit de la hormona por parte de la hipófisis, pero también en otros supuestos, como “algunas enfermedades genéticas como el síndrome de Turner o alteraciones del gen SHOX, la insuficiencia renal crónica o los niños nacidos pequeños para la edad gestacional que no consiguen realizar un crecimiento recuperador de forma espontánea”.
Al margen de las anteriores, la hormona del crecimiento puede administrarse en determinados casos seleccionados, como en niños con talla baja idiopática, es decir, cuando tienen una estatura significativamente inferior a la que les correspondería por edad y por sexo, sin que en ello influya un problema médico.
Tal como destaca la pediatra endocrinóloga, lo importante es detectar a tiempo el problema, "ya que el diagnóstico precoz es clave para optimizar el crecimiento y el desarrollo de cada niño" y además hay que tener en cuenta que "el tratamiento suele ser más eficaz cuanto antes se inicia, siempre que esté correctamente indicado". En este sentido, hay que estar muy atentos a la evolución del crecimiento, y a las señales de retraso puberal o bajo peso mantenido. “Recomendamos consultar cuando un niño crece menos de lo habitual para su edad, se aprecia un estancamiento en las curvas de crecimiento o presenta una talla claramente inferior a la familiar”, indica.
¿Cómo se administra la hormona del crecimiento?
"La forma de administración habitual es mediante inyecciones subcutáneas, clásicamente de forma diaria, antes de acostarse. Actualmente existen presentaciones de acción prolongada de administración semanal, pero su uso depende de cada país e indicaciones concretas, no estando aprobado su uso para todos los pacientes", revela la Dra. Ochotorena. "La dosis a administrar suele depender de la patología a tratar, el peso del niño y se va ajustando según la respuesta observada y los controles analíticos", añade.
Durante el tratamiento se realizan analíticas y radiografías anuales para poder detectar y corregir lo que sea necesario, como ajustar la dosis, y evaluar la maduración ósea. Por ejemplo, si a la vez existen otros déficits hormonales como hipotiroidismo, "se sustituyen también las hormonas deficientes, y en caso de detectar una enfermedad celíaca u otras enfermedades que puedan interferir en el proceso, se recomienda tratar la causa subyacente".
¿Hay niños para los que está contraindicada la hormona del crecimiento? Tal como aclara la experta de Policlínica Gipuzcoa, no puede administrarse cuando hay un proceso tumoral activo, cuando hay una hipersensibilidad al principio activo o a alguno de sus componentes o cuando el niño pasa por una enfermedad aguda grave. "Se debe tener también especial precaución en niños con antecedente de enfermedad tumoral, monitorizar de forma estrecha a pacientes con diabetes mellitus, insuficiencia renal crónica, hipotiroidismo o escoliosis importante", advierte.
¿Cuáles son los beneficios de la hormona del crecimiento?
El tratamiento con la hormona del crecimiento suele prolongarse durante varios años, habitualmente hasta que finaliza el crecimiento, que es cuando se cierran los cartílagos de crecimiento. Mientras dure, hay que monitorizar la talla, el peso, la velocidad de crecimiento y el desarrollo puberal.
Por lo general, es un tratamiento seguro cuando se realiza bajo supervisión médica y en pacientes que cumplen las indicaciones para ello. “Los efectos secundarios graves son poco frecuentes”, afirma la pediatra. Y entre ellos están el dolor de cabeza, la retención del líquidos o molestias musculares y articulares, así como alteraciones del metabolismo de la glucosa en pacientes predispuestos. Hay casos excepcionales en los que pueden darse complicaciones más graves, de ahí, la necesidad de un control médico adecuado.
El objetivo de esta hormona es mejorar la velocidad de crecimiento y ayudar a que el niño alcance la talla final que su genética le permita. Pero ¿cuáles son los resultados obtenidos? “En pacientes con déficit de hormona de crecimiento, la respuesta suele ser muy positiva, especialmente durante el primer año, en el que puede observarse un incremento significativo del ritmo de crecimiento”, señala la Dra. Amaia Ochotorena.
Pero no solo hablamos de una evolución positiva de la talla, sino que la hormona del crecimiento puede tener otras ventajas, como la mejora de la composición corporal, de la densidad ósea, del metabolismo y de la calidad de vida. Son resultados que, no obstante, pueden variar, ya que “dependen de factores como la enfermedad de base, la edad de inicio, la fase puberal y la adherencia al tratamiento”.
Hábitos saludables y estatura del niño
El crecimiento del niño también está fuertemente influido por seguir o no unos hábitos de vida saludables. En este sentido, la especialista insiste en la importancia de "una alimentación rica en nutrientes que aporte la energía suficiente con proteínas de calidad, vitaminas y minerales" Además, "respetar las horas de sueño nocturno y mantener unos horarios regulares propicia la reparación y mantenimiento de los tejidos en los niños y ayuda a la secreción fisiológica de la hormona del crecimiento que se produce durante el sueño".
Por último, enfatiza la importancia de la práctica del ejercicio físico en la infancia, "por sus beneficios tanto a nivel físico como mental. Durante el ejercicio se produce también una liberación natural de la hormona del crecimiento, además de estimular el desarrollo de huesos y músculos, mejorar la composición corporal, la calidad del sueño y contribuir de forma positiva al bienestar emocional y social".







