Adara Molinero ha subido un vídeo en el que da una lección muy importante a su hijo, Martín, de 7 años: cómo manejar el enfado. “Ya sabes que es muy importante conocer todas nuestras emociones” -le dice- “el enfado es una emoción más, como la tristeza, como la rabia”. La influencer es consciente de la necesidad de hablar con los niños acerca de cómo gestionar esta emoción; en este sentido, la psicóloga Sonia Martínez, directora de los centros Crece Bien, nos indica en Hola.com que la necesidad radica en que el enfado forma parte de la vida emocional de cualquier niño, igual que la alegría, la tristeza o el miedo y podemos y debemos educarles en cada una de ellas. “El problema no es que un niño se enfade; el problema aparece cuando no sabe qué hacer con ese enfado”.
Martínez comenta que muchas veces los adultos queremos que los niños no se enfaden, algo que no solo no es realista, sino que tampoco es saludable para el niño o la niña. "Lo importante es enseñarles a reconocerlo", diciéndoles frases como "esto que sientes es enfado". Añade que es preciso enseñarles a entender por qué aparece y, sobre todo, a expresarlo y manejarlo sin hacerse daño a sí mismos ni hacer daño a los demás.
Por eso Molinero ha decidido tomar la iniciativa al respecto: "te quiero explicar cómo funciona", anuncia a Martín. Este gesto es aplaudido desde la psicología, pues "cuando enseñamos a un niño cómo funciona su enfado, le damos una herramienta para toda la vida", tal y como señala Sonia Martínez. "Le ayudamos a pasar de exploto y además no sé qué me pasa a sé que estoy enfadado, necesito calmarme y luego buscar una solución".
Cuando enseñamos a un niño cómo funciona su enfado, le damos una herramienta para toda la vida.
Cómo enseñar a los niños a gestionar los enfados
"Es importante sacar el enfado porque si no nos hace mucho daño aquí en el pechito", asegura Adara Molinero a su hijo. Sonia Martínez matiza esta afirmación, recalcando antes el máximo respeto a cómo una madre habla a su hijo "porque ella le conoce y quiere más que nadie": aclara que el enfado no hace daño en el pecho en un sentido literal, pero sí es verdad que, "cuando una emoción intensa no se expresa o no se regula, el cuerpo la nota y, en muchas ocasiones, lo expresa o somatiza".
La psicóloga indica que muchos niños sienten presión en el pecho, calor, tensión en las manos, ganas de gritar, dolor de tripa o un nudo en la garganta. "Por eso es importante no enseñarles a tragarse el enfado", subraya. "Pero tampoco se trata de 'sacarlo' de cualquier manera. La clave no es expulsar el enfado como si fuese algo malo, sino aprender a manejarlo". Así, recomienda decirles algo como: "El enfado te está avisando de que algo no te ha gustado o te ha parecido injusto. Vamos a escucharlo, pero sin dejar que nos controle". Martínez considera muy importante esa idea: "el enfado tiene información, pero no puede conducir el coche".
Adara Molinero lo expresa del siguiente modo a su hijo: "Cuando nos enfadamos, sentimos mucho calor aquí, y es como una montaña rusa: cada vez nos vamos enfadando más y más y más. Pero quiero que sepas que el enfado va a llegar un momento en el que va bajar de la montaña rusa y cada vez nos vamos a sentir menos y menos enfadados hasta que se nos pase".
1. ‘Sacar el enfado’, clave para gestionarlo de manera adecuada
Para la directora de los centros Crece Bien, un paso imprescindible para ayudar a los niños a 'sacar' su enfado es ponerle nombre. El motivo es que un niño pequeño no siempre sabe decir "estoy frustrado porque no ha salido como quería"; a veces solo grita, llora o empuja. En este punto, invita al adulto 'traducir' la conducta del pequeño: "Creo que estás muy enfadado porque querías seguir jugando".
Molinero, por su parte, para sacar ese enfado, propone a su hijo gritar a la almohada, dibujar muy fuerte en un folio o dar un golpe a la cama. "Aquí hay que ser cuidadosos", advierte la psicóloga. "La intención puede ser buena: evitar que el niño pegue a otra persona o se haga daño. Pero sí es cierto que, si enseñamos que cuando me enfado 'tengo que gritar o pegar', aunque sea a una almohada, podemos estar habituando a la cabeza a una vía un poco explosiva de gestión emocional".
Martínez puntualiza que no es que esté prohibido o mal que un niño descargue físicamente en algún momento. "Hay niños que, cuando están muy activados, necesitan mover el cuerpo: saltar, correr, empujar una pared, apretar un cojín… Pero eso debe ser un paso intermedio, y quizá no la estrategia principal". Para ella, lo importante es que después venga la parte educativa: "Ya has soltado un poco la energía. Ahora vamos a respirar y a ver qué ha pasado".
Y hace hincapié en que, "si solo hay descarga, pero no hay comprensión, no estamos enseñando regulación emocional; estamos enseñando desahogo". Y añade: "desahogarse no siempre regula. A veces incluso activa más".
2. La importancia de validar la emoción (y de saber cómo hacerlo)
Los psicólogos recomiendan validar las emociones del niño, pero en un momento de explosión de rabia o enfado, es mejor hacerlo con pocas palabras y un mensaje corto. "Validar no significa permitir cualquier conducta", afirma la psicóloga. "Significa reconocer lo que siente el niño sin justificar lo que hace".
Teniendo en cuenta que para un padre o una madre puede no ser sencillo validar una emoción como el enfado sin justificar una mala conducta asociada a ese enfado, Martínez propone decir al niño algo como "entiendo que estás muy enfadado" y, justo después, poner el límite: "pero no puedes pegar".
Si enseñamos que cuando me enfado 'tengo que gritar o pegar', aunque sea a una almohada, podemos estar habituando a la cabeza a una vía un poco explosiva de gestión emocional
Esa combinación es clave, nos asegura: "valido la emoción, limito la conducta". Nos cuenta que, a veces, los padres temen que validar implique dar la razón al niño. "No es eso. Validar no es decir "tienes razón en gritar"; validar es decir "veo que esto te ha enfadado mucho". Posteriormente, cuando el pequeño esté más tranquilo, podemos profundizar, explica. "Pero en plena explosión necesitamos mensajes breves, presencia adulta y límites claros".
"Hablar del enfado con los niños es una gran oportunidad. No para que dejen de enfadarse, sino para que aprendan a conocerse mejor", según pone de manifiesto Sonia Martínez. "Un niño que aprende a decir 'estoy enfadado' en vez de pegar, gritar o romper, está desarrollando inteligencia emocional. Y eso no se consigue en un día. Se entrena muchas veces, con paciencia, límites y mucho acompañamiento adulto".






