A la mayoría de los niños les encantan las golosinas, las chocolatinas, los helados… y todo aquello que tenga el sabor más dulce posible. Desafortunadamente, como bien sabemos, las cantidades ingentes de azúcar que esos productos suelen llevar no son en absoluto saludables para los más pequeños. Conjugar el deseo de los hijos con el conocimiento de los padres al respecto no suele ser fácil: llantos, enfados, rabietas…
Muchos niños, además, tienen ansiedad por las chuches. ¿Cómo gestionar esta situación? ¿Prohibiendo, sin más, todo tipo de dulces? Lo aclara Isabel Portillo, enfermera y docente del Curso de Auxiliar de Pediatría de CEAC, que da pautas muy claras y eficaces para evitar que nuestros hijos coman chucherías en exceso.
Lo importante es inculcar hábitos saludables desde pequeños y fomentar un clima relajado respecto a la comida.
¿Por qué algunos niños tienen, en mayor o menor medida, ansiedad por los dulces?
En primer lugar, podríamos encontrar la razón en que los niños están programados para tener un gusto dulce porque este satisface una necesidad biológica que los empuja hacia fuentes de energía.
Aquí encontramos una parte evolutiva, ya que los niños nacen con una preferencia innata por lo dulce para asegurar que acepten la leche materna y busquen alimentos energéticos para crecer.
Hemos de tener en cuenta que en la infancia estamos en continuo crecimiento y, por lo tanto, se gasta muchísima energía. El azúcar es un combustible de rápida absorción, por lo que su cerebro y músculos lo "piden" para mantener el ritmo de crecimiento.
En este contexto, muchos progenitores utilizan el azúcar como premio y este mensaje enseña al niño que el dulce es algo "especial" y deseable, aumentando su valor emocional y la ansiedad por obtenerlo.
De todos modos, esto varia de unos niños a otros, donde se encuentran factores implicados como la genética, la sensibilidad al sabor, los hábitos alimenticios en casa y el cómo los padres gestionen la exposición a estos alimentos desde los primeros años.
¿Es adecuado negarles que coman chuches para evitar esa ansiedad o lo que se consigue es el efecto contrario y generar aún más?
Las chuches suelen tener sabores dulces o refrescantes que resultan reconfortantes para muchas personas. El sabor agradable distrae la mente y reduce temporalmente los síntomas de ansiedad, pero esta no es la solución, ya que esta energía rápida puede alterar los picos de insulina y de cortisol tanto en niños como en mayores, aparte que proporcionan calorías vacías.
Lo ideal es no prohibirlas, pero sí darlas con precaución, ya que hacerlo en exceso es un problema, sobre todo, para los más pequeños.
Algunos nutricionistas afirman que ese grado de restricción en la infancia puede ocasionar un consumo mayor en la adolescencia, incluso en la vida adulta. La solución no está en prohibir, sino una buena educación alimentaria, aportando alimentos saludables a la dieta.
Los niños nacen con una preferencia innata por lo dulce para asegurar que acepten la leche materna y busquen alimentos energéticos para crecer.
¿Cómo evitar esa ansiedad?
Tanto en niños como en adultos el exceso de azúcar puede llevar a tener problemas graves en la edad adulta (obesidad, diabetes, problemas cardiovasculares…). Lo más efectivo es estabilizar los niveles de azúcar en sangre mediante una dieta rica en proteínas y fibra, evitar tener dulces en casa y mantener hidratados a los niños.
No hay que prohibir a los niños este azúcar, ya que biológicamente pueden necesitarlo, pero los padres sí deben ofrecer opciones más saludables. Por ejemplo, tienen la alternativa de reemplazar las chuches por frutas y realizar ejercicio físico para liberar endorfinas porque que ayuda a reducir los antojos.
¿Podría ser una causa incipiente o remota de que el niño o la niña desarrolle un TCA en el futuro?
La verdad es que los factores de riesgo pueden ser de tipo individual, grupal y social. La combinación de estos puede provocar el desarrollo de la enfermedad y contribuir a su mantenimiento, pero sobre todo está la genética. Y esta afecta más al sexo femenino.
Digamos que hay factores de mayor riesgo en la infancia que pueden dar lugar a TCA en la adolescencia como esa predisposición genética que comento.
Según distintos estudios, el riesgo de padecer un trastorno alimenticio es mayor si existe un antecedente de un familiar con TCA. También influyen factores como la autoestima, especialmente en la etapa adolescente. Esto, insisto, afecta principalmente al sexo femenino, ya que de cada 10 casos de TCA, 9 son mujeres y 1 es un hombre, por lo que empíricamente ser mujer implica mayor riesgo de padecer un TCA.
También se considera la obesidad en la infancia y en la adolescencia como un factor de riesgo para desarrollar un TCA. Con esta perspectiva, lo importante es inculcar hábitos saludables desde pequeños y fomentar un clima relajado respecto a la comida para conseguir adultos plenos, felices y sanos en el futuro.






