Educación

Giulia Nicoli, experta en método de estudio: "En Primaria no se trata tanto de estudiar como de aprender a aprender"


No se trata de obsesionarnos con que hagan los deberes, sino de que adquieran la rutina y sepan organizarse ellos solos. La experta indica cómo enseñar a los hijos a conseguirlo.


Giulia Nicoli, experta en método de estudio y educadora y guía de familias en Genius Kids© Giulia Nicoli
9 de abril de 2026 a las 7:33 CEST

Cada vez más familias son conscientes de la poca eficacia de hacer que su hijo repita la lección como un papagallo, expresión que a menudo escuchaban en su infancia quienes hoy son padres. Es necesario que el niño entienda lo que está aprendiendo, pero además hay técnicas de estudio que ayudan a hacer mucho más eficaz el tiempo frente al libro o los apuntes. Sin embargo, hay algo mucho más importante aún que todo eso, y es sentar unas correctas bases de estudio. Esto es lo que los escolares deben hacer en casa, tal y como indica Giulia Nicoli, experta en método de estudio y educadora y guía de familias en Genius Kids (@genius_kids_espana). ¿Cómo hacerlo? ¿Cómo sentar esas bases? La experta da las pautas para lograrlo y expone, una vez asentado el hábito de estudio, cuáles son las técnicas más eficaces tanto en Primaria como en la ESO y en Bachillerato.

¿Cómo enseñar a estudiar a un niño de Primaria? 

En Primaria no se trata tanto de "estudiar" como de aprender a aprender, y esto es algo que muchos  niños no adquieren de forma natural si no se les enseña. Por eso, más que centrarse en que hagan los  deberes, es importante enseñarles cómo empezar, cómo organizarse y cómo entender lo que hacen. Es clave acompañarles al principio, guiándoles con preguntas como: "¿Qué tienes que hacer primero?" o "¿Qué parte es más fácil?".

Poco a poco, ese acompañamiento debe transformarse en autonomía. Además, es fundamental que el estudio sea activo: que expliquen en voz alta, dibujen o relacionen ideas, en lugar de limitarse a leer. Cuando esto no se trabaja desde pequeños, es habitual  que en cursos más avanzados aparezcan bloqueos, frustración o dependencia constante del adulto.  Acompañar bien al principio y saber cuándo soltar, marca una diferencia enorme en su seguridad y en su forma de enfrentarse al estudio. 

Cada niño tiene una forma distinta de aprender y, cuando no se respeta, aparecen las dificultades.

Giulia Nicoli, experta en método de estudio

¿Cuáles son las técnicas de estudio más eficaces en  Primaria? 

Las técnicas más eficaces son las que hacen que el niño participe activamente en su aprendizaje. Sin embargo, muchos niños estudian leyendo y releyendo, lo que da sensación de estudio pero no genera aprendizaje real. Cuando empiezan a explicarlo con sus palabras, a dibujar o a hacerse preguntas, no solo entienden mejor, sino que ganan confianza. El objetivo no es memorizar sin sentido, sino comprender y conectar ideas.

Existen varias técnicas como los mapas mentales o la lectura rápida, que son un medio perfecto, pero la clave siempre es personalizar el método con cada  niño. Cuanto más activo es el aprendizaje, más duradero es. Este cambio de enfoque es uno de los  puntos donde más se nota la diferencia entre un niño que “cumple” y uno que realmente avanza. 

¿Qué hacer para que se organice solo a la hora de estudiar? 

La organización no aparece de la nada: se entrena. Muchos niños no es que no quieran organizarse, es que nadie les ha enseñado cómo hacerlo. Es recomendable empezar con una estructura clara: decidir juntos qué tareas hacer, en qué orden y en cuánto tiempo. Por ejemplo, dividir los deberes en bloques cortos con objetivos concretos. Gracias a este trabajo empiezan a sentirse más seguros y menos bloqueados. Con el tiempo, ese acompañamiento se puede retirar, pero es importante hacerlo bien al principio. Es ahí donde se construye la autonomía real. 

Niña hace los deberes feliz© Getty Images

¿Cómo motivar al niño si le cuesta mantener la atención o se  niega a estudiar? 

Muchas familias buscan una especie de "varita mágica" para que sus hijos se motiven de repente.  Pero esa solución rápida no existe… y, como muchos padres ya han comprobado, los castigos o la presión tampoco suelen funcionar a largo plazo. La motivación no se impone, se construye. Muchas  veces, la falta de motivación esconde bloqueo, inseguridad o sensación de no saber por dónde  empezar. Muchos niños dicen "no quiero" cuando en realidad están pensando "no puedo". Reducir  la tarea, empezar por lo más fácil y marcar objetivos pequeños suele ser más eficaz que insistir o presionar. También es importante validar cómo se siente el niño. Frases como "sé que esto te cuesta, vamos paso a paso" generan mucha más disposición que el clásico "tienes que hacerlo".  Entender qué hay detrás de esa resistencia es clave, porque insistir sin comprender suele generar más rechazo y desgaste en casa. 

¿Cómo adaptarse a las necesidades individuales de cada  niño? 

Cada niño tiene una forma distinta de aprender y, cuando no se respeta, aparecen las dificultades. Hay niños que necesitan ver, otros hacer, otros repetir… y aplicar el mismo método para todos suele ser uno de los grandes errores. Si le cuestan las matemáticas, necesitará más práctica guiada y visual. Si tiene dificultades en comprensión lectora, será clave trabajar la lectura rápida, las palabras claves, el diseño metafórico y hacer preguntas sobre el texto.

Si le cuesta memorizar, funcionan muy bien los mapas mentales, los repasos programados o las asociaciones visuales. Cuando se ajusta la forma de estudiar a cómo aprende ese niño en concreto, no solo mejora el rendimiento, sino también su seguridad. Y esto es algo que muchas familias descubren cuando empiezan a trabajar con un enfoque más personalizado. La clave está en observar cómo aprende mejor y adaptar la estrategia, no exigir un único método para todos.

Las técnicas más eficaces son las que hacen que el niño participe activamente en su aprendizaje.

Giulia Nicoli, experta en método de estudio

En caso de dislexia, TDAH u otras dificultades de  aprendizaje, ¿cómo ayudarle? 

En estos casos es fundamental cambiar el enfoque: no necesitan más esfuerzo, necesitan otra forma  de aprender. Adaptar tiempos (quizás más cortos), dividir tareas, usar apoyos visuales o estructurar mejor el estudio puede marcar un antes y un después. Pero, sobre todo, necesitan sentir que pueden porque muchas veces el mayor impacto no es académico, sino emocional. La autoestima académica es clave en su evolución. Con las herramientas adecuadas, estos niños pueden avanzar mucho más de lo que suele esperarse. 

Niño feliz en clase© Getty Images

¿Cómo deberían estudiar los adolescentes en Secundaria o Bachillerato? 

En Secundaria el problema no suele ser la cantidad de estudio, sino la falta de estrategia. Muchos adolescentes dedican horas, pero sin un método claro, lo que genera frustración y resultados irregulares. Es muy importante preparar bien las sesiones de estudio, para que sean cortas, activas y productivas. Los adolescentes tienen muchas distracciones, pero con un método de estudio correcto y personalizado pueden conseguir estudiar menos tiempo y mejorar sus resultados. Cuando aprenden a estudiar de forma activa, a organizarse y a repasar correctamente, el cambio suele ser muy notable en poco tiempo.

Es en esta etapa cuando más se nota quién tiene un sistema… y quién no. Cuando no se adquiere un buen método en Primaria o Secundaria, el problema se arrastra hasta Bachillerato, donde todo se intensifica: más materia, menos tiempo, más exigencia y, con ello, más estrés y ansiedad. Muchos chicos acaban dejando el deporte o actividades que les gustan por la  presión del estudio, entrando en una dinámica de agotamiento constante. Y esto no termina ahí.

Ese desgaste se traslada a la universidad: estudiantes que llegan quemados, con inseguridad, e incluso tomando decisiones académicas alejadas de lo que realmente les gustaría, porque han dejado de confiar en sus propias capacidades. Por eso, aprender a estudiar bien a tiempo no solo mejora las notas, sino que protege algo mucho más importante: su bienestar y su futuro. 

¿Qué errores cometen más comúnmente los padres al  ayudar a sus hijos? 

El error más común es ayudar demasiado… o hacerlo sin una estrategia. Explicar todo, corregir constantemente, adelantarse a sus dificultades o presionar con frases como "concéntrate" suele generar más dependencia y bloqueo. También es habitual centrarse solo en las notas, cuando el verdadero problema suele estar en cómo estudian. Otro error muy frecuente es intentar que los hijos estudien exactamente como lo hacían sus padres, imponiendo el mismo "método". Pero el contexto  ha cambiado, las exigencias son diferentes y, sobre todo, cada niño aprende de una manera distinta.

Lo que funcionó para un adulto no necesariamente funciona para su hijo. El papel del adulto no es ser profesor, sino acompañar, guiar y fomentar la autonomía. Cuando las familias entienden esto, cambia completamente la dinámica en casa… y también los resultados.