La sobreinfección bacteriana, también conocida con los sinónimos de infección secundaria o superinfección, es un situación clínica que se presenta en ocasiones en los niños durante el curso de una enfermedad o de otro proceso infeccioso previo.
Se define como una nueva infección, casi siempre por bacterias, que aparece en el curso de un proceso también infeccioso, pero producido por un microorganismo distinto, generalmente por un virus. Es decir, y como ejemplo, el paciente que estaba afectado por un resfriado común con mucosidad, tos y congestión nasal, comienza súbitamente con fiebre elevada, escalofríos, dolor torácico y dificultad respiratoria, síntomas que harían sospechar una sobreinfección bacteriana del aparato respiratorio, que aumenta la gravedad y que modificaría el diagnóstico inicial y, por supuesto, el tratamiento.
Se entiende que la primera infección abonó el terreno y facilitó la aparición de la segunda, la cual se produjo por microorganismos ya existentes previamente en el organismo del paciente o por alteraciones en la inmunidad y disminución en la capacidad de defensa del organismo invadido, que en otras condiciones no se habría producido.
La sobreinfección bacteriana en el niño puede presentarse en cualquier órgano, aparato o sistema de su anatomía.
Sobreinfección bacteriana en el niño
La sobreinfección bacteriana en el niño puede presentarse en cualquier órgano, aparato o sistema de su anatomía, pero suele ser más frecuente en el aparato respiratorio, tanto en las vías altas superiores como la faringe, la laringe, los oídos o los senos frontales y paranasales o en los bronquios o en los pulmones, dando lugar a faringitis, otitis, sinusitis, bronquitis y neumonías bacterianas.
Las bacterias que con más frecuencia producen estas infecciones son el Streptococo Neumoniae, la Klebsiella Neumoniae, el Estafilococo Aureus y el Enterococo fecalis. A estas bacterias se las denomina como “oportunistas” y suelen en ocasiones hacerse más resistentes a los tratamientos habituales.
Neumonía bacteriana por sobreinfección
La neumonía bacteriana es una infección producida por bacterias y localizada en el tejido pulmonar. Los síntomas clínicos de este tipo de neumonía suelen aparecer de forma súbita durante el curso de un proceso respiratorio de origen vírico de pronóstico leve y se caracterizan por escalofríos, fiebre elevada, tos, dolor torácico y/o abdominal y disnea o dificultad para respirar. En ocasiones puede complicarse con un derrame pleural.
El diagnóstico se realiza a través de una radiografía de tórax y otras pruebas de imagen y el tratamiento se debe iniciar lo antes posible con los antibióticos adecuados, seleccionados tras cultivos del moco y de las secreciones respiratorias, debiendo durar este, al menos, de diez a quince días. La neumonía bacteriana es una infección grave por la importancia del órgano al que afecta y, en muchas ocasiones, precisa de ingreso hospitalario para su correcto tratamiento y resolución.
Factores que influyen en su aparición:
- La edad es un factor importante, pues esta neumonía es más frecuente por debajo de los dos años de edad.
- La existencia de enfermedades o patologías previas que afecten al aparato cardio-respiratorio, como asma, fibrosis quística, bronquiectasias, malformaciones cardiacas o insuficiencia cardiaca.
- Baja inmunidad. Sistema inmunitario debilitado.
- Infecciones respiratorias repetidas, debido a otros microorganismos, recientes o presentes.
- Hospitalización prolongada y procedimientos médicos en UVI.
¿Se puede evitar la neumonía como complicación de un proceso respiratorio leve?
La mejor forma de evitar la aparición de una neumonía como complicación de un proceso respiratorio previo es la prevención. Esta se realiza a través de una vacuna conjugada antineumocócica (Prevenar), que se encuentra en el calendario de vacunaciones infantiles y que se puede aplicar independientemente a niños y a adultos a cualquier edad.
Además, la aplicación de medidas de higiene previas (ambiente, mascarilla,..) evitar ambientes de posibles contagios, ejercicio físico, vida al aire libre y manejo correcto y tratamiento adecuados de los procesos respiratorios banales y/o leves, manteniendo un buen estado de hidratación y un nivel alto de inmunidad en el niño, son acciones que ayudan a evitar la aparición de una neumonía.





