Sobrevivir a las tendencias, a las décadas y hasta a los cambios culturales, es una tarea intrincada para una prenda de ropa. La chaqueta Barbour es una de ellas. Nacida en 1894 en el norte de Inglaterra como una pieza funcional para cazadores, jinetes y pescadores, esta icónica chaqueta encerada terminó convirtiéndose en un símbolo de la aristocracia británica. Isabel II la llevó durante más de 25 años, Lady Di la transformó en uniforme ‘Sloane Ranger’ en los años ochenta y Kate Middleton la ha convertido en una de las piezas imprescindibles de su armario más campestre. Ahora ha sido Charlene de Mónaco quien ha recuperado este icono histórico durante una visita muy especial al observatorio astronómico del Plateau de Calern, en la Costa Azul francesa, donde participó en la liberación de un halcón kobez rescatado por la asociación Instinct Animal – SOS Faune Sauvage. La princesa acudió junto a su hermano Gareth Wittstock y, fiel a ese lujo silencioso que define cada vez más su estilo, eligió precisamente la chaqueta más vinculada a la realeza británica.
El look más natural de Charlene de Mónaco
Charlene apostó por un estilismo relajado, práctico y sofisticado a partes iguales. La protagonista absoluta era la mítica chaqueta Barbour Classic Beadnell en color verde oliva, uno de los modelos más reconocibles de la firma británica. Su acabado encerado, pensado originalmente para soportar la lluvia y el viento del campo inglés, aportaba ese aire ecuestre y ligeramente aristocrático que lleva décadas asociado a la familia real británica.
La princesa combinó la chaqueta con una camisa blanca clásica y un jersey beige de punto de ochos que suavizaba el conjunto y aportaba textura. Los pantalones vaqueros en un tono azul profundo equilibraban el look con un punto contemporáneo y muy fácil de replicar, mientras que las botas marrones de ante reforzaban ese estilo countryside británico que tanto recuerda a las fotografías más icónicas de Lady Di en Balmoral.
Los accesorios también seguían esa línea discreta y refinada que caracteriza a Charlene en sus apariciones más informales. Lució unas gafas de sol de Prada, pequeños pendientes y un maquillaje luminoso y muy natural. El resultado era impecable: un look funcional, elegante y perfectamente acorde con la ocasión.
La historia de Barbour: de los cazadores británicos a los palacios reales
La historia de Barbour comienza en South Shields, al norte de Inglaterra, cuando el escocés John Barbour fundó la marca en 1894. En sus orígenes, las prendas estaban diseñadas exclusivamente para la vida rural: chaquetas resistentes para la caza, la pesca o la equitación, con bolsillos especiales para cartuchos y un característico acabado encerado que protegía de la humedad y del frío.
Con el paso del tiempo, aquellas chaquetas funcionales terminaron convirtiéndose en un símbolo de clase y tradición británica, al nivel de los Land Rover, las botas Hunter o el tweed Harris. El gran cambio llegó en los años setenta y ochenta gracias a Lady Diana Spencer. Antes incluso de convertirse en princesa de Gales, Diana empezó a aparecer con frecuencia llevando Barbour, normalmente combinada con vaqueros, perlas y botas ecuestres. Aquella estética relajada pero aristocrática definió toda una época.
La marca terminó obteniendo tres Royal Warrants —los certificados oficiales de la casa real británica— y hoy sigue siendo una de las pocas firmas que conservan ese privilegio, renovado además por el rey Carlos III en 2024.
Lady Di, Kate Middleton y el fenómeno royal de la chaqueta encerada
La relación entre Barbour y la familia real británica es una de las más sólidas de la historia de la moda. Isabel II convirtió estas chaquetas en parte habitual de su uniforme campestre en Balmoral y Windsor. El rey Carlos lleva décadas utilizando prácticamente los mismos modelos, fiel también a esa filosofía de sostenibilidad y consumo responsable que defiende públicamente.
Kate Middleton ha heredado esa tradición y ha actualizado la estética Barbour para una nueva generación. La princesa de Gales suele combinar sus modelos encerados con jerséis de punto, botas altas y pantalones ajustados, reforzando esa imagen de elegancia práctica tan vinculada a la monarquía británica.
Charlene de Mónaco parece haber encontrado ahora un punto de conexión con esa estética royal mucho más relajada y funcional. Lejos de los vestidos estructurados y los estilismos más protocolarios, este look demuestra cómo una prenda histórica puede seguir siendo moderna más de un siglo después.
De icono aristocrático a fenómeno de moda contemporánea
Lo más curioso de Barbour es que ha conseguido sobrevivir incluso fuera de la aristocracia británica. En los últimos años, la firma ha colaborado con marcas como Supreme o Ganni, acercando la clásica chaqueta encerada al universo del streetwear y de la moda escandinava más contemporánea.
Además, la marca ha reforzado su apuesta sostenible con iniciativas como Wax for Life, un programa que permite reparar, reencerar y reutilizar las chaquetas durante décadas. De hecho, cuanto más envejecida y desgastada parece una Barbour, más valor adquiere para muchos amantes de la moda. Y Charlene la lleva (de momento) impecable.











