Madrid lleva semanas bajo un cielo gris, pesado, casi británico. Las calles húmedas, los bajos de los pantalones empapados, los taxis salpicando agua en cada semáforo y una sensación general de melancolía que se cuela, inevitablemente, en el ánimo. El famoso grey weather ya no es solo una postal londinense: se ha convertido en nuestra realidad cotidiana. Con esta lluvia estamos a un paso de cambiar el metro por góndolas venecianas, de resignarnos a las botas de agua como uniforme y de aceptar que los sombreros encerados, los abrigos impermeables y las gabardinas ya no bastan. Lo único que nos queda —y que realmente marca la diferencia— es un buen paraguas. Y si hay alguien que sabe de lluvia, mal tiempo y elegancia bajo tormenta, esos son los británicos. Desde la familia real hasta la aristocracia, los primeros ministros del Reino Unido, figuras históricas como John F. Kennedy o los iconos televisivos de The Crown y Peaky Blinders, el paraguas no es solo un objeto funcional: es un símbolo de poder, tradición y estilo. Para entender este ritual, hemos hablado con Fox Umbrellas, la legendaria firma fundada en 1868 que ha surtido a la realeza británica y japonesa durante más de un siglo y medio.
El paraguas como símbolo de poder y distinción
En la cultura británica, llevar un buen paraguas equivale a tener comida en la nevera: es una necesidad básica. En el Reino Unido, este nunca ha sido un accesorio banal. Desde el siglo XIX, portar un paraguas bien construido era señal de pertenecer a una cierta clase social. Los caballeros victorianos lo usaban como bastón improvisado, las damas lo combinaban con vestidos de paseo y los políticos lo convertían en parte de su uniforme no oficial. En el imaginario colectivo, el paraguas oscuro con mango de madera se ha convertido en un símbolo del establishment británico: sobrio, funcional, eterno. En fotografías de archivo vemos a Winston Churchill, Margaret Thatcher, David Cameron o Boris Johnson bajo paraguas clásicos, siempre negros o azul marino, sin logos visibles ni extravagancias.
La familia real británica ha construido gran parte de su imagen pública bajo cielos nublados y lluvia persistente. Los actos oficiales rara vez se cancelan por mal tiempo, y el paraguas se convierte en parte del protocolo. Lady Di caminando entre multitudes bajo un paraguas negro de mango de madera; Isabel II protegiéndose con modelos transparentes o clásicos oscuros; el rey Carlos III, William o Harry en carreras de caballos, visitas oficiales o paseos urbanos junto a Kate Middleton, princesa de Gales.
Fox Umbrellas: 158 años bajo la lluvia
Fox Umbrellas nació en 1868, en pleno reinado de la reina Victoria, cuando el paraguas comenzó a consolidarse como un objeto indispensable en la vida urbana. Thomas Fox abrió una tienda en Fore Street, en la ciudad de Londres. El resto es historia… con un toque de leyenda.
“Thomas Fox, de quien se decía que era bastante aficionado al juego, perdió la empresa en una partida de cartas”, cuenta Paul Garrett, actual director general de la firma. “Debía dinero a Samuel Dixon y le entregó la compañía como pago”. Desde entonces, solo tres familias han dirigido la marca. Una continuidad casi monárquica que explica su obsesión por la tradición.
A diferencia de otras casas, Fox apostó desde el principio por la ingeniería y la artesanía: varillas de acero, mecanismos robustos, telas impermeables de alta densidad y mangos de madera noble tallados a mano. Su reputación creció rápidamente y no tardó en convertirse en proveedor de la aristocracia británica y, posteriormente, de la familia real.
"Muy poco ha cambiado en la forma en que fabricamos nuestros paraguas desde 1868 hasta hoy. Supongo que la única diferencia es que ahora las varillas y las puntas están separadas, lo que nos permite utilizar una máquina para coser la tela a las puntas y luego fijarlas al armazón. En el siglo XIX y principios del XX, todas las varillas eran de una sola pieza, incluyendo la punta, por lo que estas tenían que coserse a mano. Los tejidos también han mejorado con los años: originalmente eran de seda y algodón pesado, después nylon y ahora poliéster”, cuenta Paul Garrett.
Fox Umbrellas está dirigida actualmente por su hermano, John Garrett y por el mismo Paul Garrett, siendo una empresa familiar con 16 empleados.
Realeza, aristocracia y presidentes
A lo largo del siglo XX, esta casa se consolidó como sinónimo de calidad absoluta. Sus paraguas han sido utilizados por primeros ministros británicos, diplomáticos, miembros de la realeza europea y figuras políticas internacionales. Incluso John F. Kennedy fue fotografiado con uno de sus paraguas durante sus visitas oficiales, reforzando la idea de que este objeto aparentemente cotidiano era, en realidad, un símbolo silencioso de estatus y refinamiento.
“Hemos suministrado paraguas a la familia real británica y japonesa, y al expresidente de Estados Unidos, J.F. Kennedy. Somos uno de los pocos fabricantes que aún realizan reparaciones en paraguas antiguos para familias tan prestigiosas”, nos confiesa el director.
La aristocracia británica ha confiado en sus modelos sólidos de madera, especialmente los RS6 Hickory (nogal americano) o los RS8 Oak Solid (roble macizo), piezas casi escultóricas que se heredan de igual manera que los bastones o los relojes.
Lady Di, Isabel II y el ritual bajo la lluvia
Diana de Gales, popularmente conocida como Lady Di, fue fotografiada en innumerables ocasiones con paraguas: caminando entre multitudes, en carreras de Ascot, en actos públicos al aire libre. Sus paraguas eran casi siempre clásicos: oscuros, con mango de madera o metal. Funcionales, elegantes, discretos.
Isabel II, en cambio, popularizó los paraguas transparentes efecto cúpula para no ocultar su rostro, aunque nunca abandonó el modelo tradicional oscuro, el preferido de la aristocracia. Carlos III, William, Harry y la princesa de Gales han seguido esa estética. En el Reino Unido, la tradición pesa más que la tendencia. Y el paraguas clásico sigue funcionando.
De Buckingham a Netflix: The Crown y Peaky Blinders
Para quienes conocen más la historia a través de la televisión, Fox Umbrellas es también la marca detrás de los paraguas de The Crown y Peaky Blinders.
“Trabajamos con productoras de cine, televisión y teatro; por ejemplo, el paraguas de John Steed en The Avengers, todos los paraguas de la película La vuelta al mundo en 80 días protagonizada por Jackie Chan y el paraguas especial para Suzanne Shaw en el programa Dancing on Ice. Más recientemente, fabricamos el paraguas para Charlize Theron en Atomic Blonde, el paraguas de Missy en Doctor Who y paraguas para las series The Crown y Peaky Blinders”, detalla Paul Garrett.
Una breve historia del paraguas (mucho antes de Londres)
El paraguas tiene casi 4.000 años. Surgió en Mesopotamia, Egipto y China, cuando el sol era el enemigo, no la lluvia. Los primeros estaban hechos de hojas de palma, papiro o plumas de pavo real, reservados a la élite. En China, alrededor del 1100 a.C., ya existían parasoles impermeabilizados con cera o laca. Los mecanismos de apertura datan de hace más de 2.600 años.
En Europa, el paraguas fue durante siglos símbolo de estatus. En el siglo XVIII, salir con uno era motivo de burla. Jonas Hanway fue el primer inglés en usarlo públicamente en Londres, desafiando las normas sociales.
De parasol aristocrático a accesorio masculino
En Francia, el paraguas se popularizó en el siglo XVIII, aunque señalaba que no tenías carruaje. En Inglaterra, pasó de accesorio femenino a símbolo masculino de elegancia. Durante el siglo XIX, los artesanos comenzaron a trabajar las asas como esculturas de ébano, marfil o madera exótica. Incluso se añadieron alarmas, relojes o compartimentos secretos.
Los primeros paraguas europeos tenían estructura de hueso de ballena. Luego llegaron la madera, el acero, el aluminio y la fibra de vidrio. Fox Umbrellas fue pionera en introducir el nylon tras la Segunda Guerra Mundial. “Fabricábamos paracaídas durante la guerra y descubrimos el nylon. Fuimos los primeros en usarlo para paraguas. Hoy usamos poliéster de alta densidad tratado contra el agua y los rayos UV”. Aunque ya no utilizan seda en su producción, en ocasiones los clientes les envían sus propias telas: desde seda, nylon, algodón, poliéster o mezclas. Aunque la seda era adecuada para su época, al ser un material natural es propenso a pudrirse con el uso prolongado y se deteriora más que las fibras sintéticas.
La firma es famosa también por sus mangos con cabezas de animales: zorros, patos, caballos, leones o dragones. “El mango de zorro es el más popular, pero también vendemos conejo, galgo, bulldog o cobra. Es la forma de añadir un toque divertido a un paraguas clásico.” Estos mangos se han convertido en objetos de culto entre aristócratas, coleccionistas y dandis contemporáneos.
“Los paraguas son una elección muy personal, por lo que vendemos muchos tipos, desde nuestra gama GT de paraguas de tubo hasta nuestra gama RS de paraguas macizos. Por ejemplo, la familia real británica ha sido fotografiada con los modelos RS6 Hickory Solid y RS8 Oak Solid. Charlize Theron en Atomic Blonde utilizó nuestro RS2 Bark Chestnut Solid y Patrick McNee (en The Avengers) usó un GT9 Whangee. El personaje Florian De Groot en la serie de Netflix The Gentlemen llevaba nuestro GT7 con estampado marrón tipo cocodrilo”
Hoy, Fox Umbrellas sigue fabricando a mano en Croydon, Inglaterra. “Nuestros clientes valoran la tradición y la artesanía. No solo nos compran ricos o famosos; la mayoría son personas normales que valoran la calidad". Muchos paraguas Fox vuelven a la fábrica con más de 100 años para ser restaurados y pasan de generación en generación.
Hay algo curioso y es que fabrican todos los paraguas bajo pedido y a mano, no tienen stock de modelos ya fabricados. Muchos de estos regresan para mantenimiento o para cambiar la cubierta después de 100 años, pasando de generación en generación dentro de las familias. Algo muy común en cualquier ámbito de la vida real y aristocrática.
Anécdotas bajo la lluvia
Paul Garrett nos ha contando algunas anécdotas que son dignas de mención y parecen sacadas de una novela victoriana: “Un cliente estuvo a punto de ser atracado en una estación de tren en el Reino Unido a altas horas de la noche y se defendió de los atacantes con su paraguas. El que llevaba era de estilo Knob, como nuestros modelos RS10 Blackthorn o RS11 Hazel; básicamente es un bastón de madera con la raíz del árbol formando un extremo abultado en el mango. Le dio la vuelta al paraguas y lo utilizó como si fuera un bate de béisbol. Rompió el paraguas, pero detuvo el atraco, ahuyentó a los atacantes y salió ileso. Sustituyó el paraguas por el mismo modelo y nos dio las gracias, relatándonos esta historia”.
“Otro cliente nos visita aproximadamente una vez al año; va a las carreras de caballos y siempre lleva un paraguas, ya que es habitual que llueva. Cada año se divierte demasiado y acaba perdiéndolo. Viene a la fábrica para elegir un nuevo bastón de madera con el que fabricar el nuevo. Últimamente ha tenido más suerte desde que le sugerimos grabar su número de teléfono en el mango”.
La lluvia como estilo de vida (y consejo británico para Madrid)
En Reino Unido, el paraguas no es un accesorio. Es supervivencia. Paul Garrett lo resume con humor británico: “¡Compra un paraguas de Fox Umbrella! Y, en serio, siempre merece la pena consultar la previsión meteorológica antes de salir; si se espera lluvia, no pasa nada por llevar un buen paraguas, ya sea uno plegable para el bolso o un paraguas macizo elegante para caminar”.
Un clásico que funciona
La casa real británica valora la tradición, la artesanía y la lealtad. El paraguas clásico oscuro con mango de madera sigue siendo la elección del poder, la aristocracia y la elegancia sin esfuerzo. En tiempos de tendencias caóticas, hay algo profundamente tranquilizador en un objeto que no ha cambiado en 158 años. Como si el mundo pudiera desmoronarse, pero el paraguas seguiría abriéndose con el mismo gesto.
Cielo gris, estilo brillante
Madrid puede seguir lluvioso. Podemos seguir con los pantalones mojados y el ánimo algo gris. Pero quizá haya algo británico en adoptar el ritual del paraguas: caminar erguido, abrirlo con calma, seguir adelante. Porque, como dirían nuestros vecinos del norte, el mal tiempo no existe: solo un mal paraguas.
Y en eso, la realeza británica tiene razón desde hace más de un siglo.
































