Psicología

Una psicóloga explica cómo tranquilizar a los niños en momentos de incertidumbre, como el que viven Ana Boyer y Fernando Verdasco: "No se trata de no sentir miedo, sino de regularlo"


Miles de turistas y residentes españoles se encuentran atrapados en Oriente Medio, al igual que la pareja y sus tres hijos


Ana Boyer y Fernando Verdasco© anaboyer
4 de marzo de 2026 a las 12:01 CET

Son miles los españoles que se han visto sorprendidos por el fuego cruzado en Oriente Medio. Unos habían acudido como turistas a la zona y otros muchos residen en alguno de estos países, como les ocurre a Ana Boyer y a Fernando Verdasco, que viven junto a sus tres hijos (Miguel, de 6 años, Mateo, de 5, y Martín, de 2) en Doha, donde trasladaron su residencia en 2016. El matrimonio publicó este martes un mensaje tranquilizador en sus redes sociales, asegurando que se encuentran bien y confiando plenamente en el emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani, y en su capacidad para proteger al país y a quienes en él se encuentran.

A pesar de esa seguridad que tanto Catar como Emiratos Árabes Unidos, Baréin y otros países de la región ofrecen a sus ciudadanos y a los turistas, no deja de ser una situación de gran incertidumbre. ¿Cómo no sentir miedo al ver misiles pasar a cierta proximidad o al ser testigo de cómo explotan? ¿Cómo no atemorizarse sabiendo lo que está ocurriendo en Oriente Medio? Si ya puede ser complicado para los adultos gestionar emocionalmente esta circunstancia, ¿cómo puede sentirse un niño que se encuentre allí? Sin duda, no resultará fácil transmitirles calma cuando los propios padres están atemorizados.

Es fundamental que los progenitores sean conscientes de que los niños regulan su miedo a través del estado emocional de sus figuras de apego, tal y como señala Adriana Henríquez Lomba, psicóloga del Hospital Universitario Vithas Las Palmas. “Por eso, los adultos deben intentar gestionar primero su propia activación”, subraya. “No se trata de no sentir miedo, sino de regularlo”.

El contacto físico, las rutinas pequeñas y mantener cierta normalidad dentro de lo posible reducen la ansiedad.

Adriana Henríquez Lomba, psicóloga

La cuestión es cómo hacerlo, cómo regular ese miedo para no transmitírselo a los hijos. “Técnicas básicas como la respiración lenta y profunda, hablar entre adultos antes de hacerlo con los hijos y evitar la sobreexposición constante a noticias o imágenes impactantes ayudan a mantener la estabilidad”, indica Henríquez Lomba. “Recordar que el objetivo principal es ser lugar seguro para los niños puede ayudar a los progenitores a centrarse y adaptar su respuesta emocional”.

Ana Boyer y Fernando Verdasco con sus dos hijos, Miguel y Mateo© anaboyer
Ana Boyer y Fernando Verdasco con sus dos hijos, Miguel y Mateo

Qué decir a los niños que se encuentran en la zona del conflicto

Una vez que los adultos de referencia del niño han logrado regularse a sí mismos y han conseguido no externalizar o no hacer demasiado patente su temor a sus hijos, es importante saber qué decirles. Si los gestos son importantes, las palabras no lo son menos en estos casos, teniendo muy presente que, según la psicóloga, lo más importante es ofrecer seguridad emocional, aunque el entorno sea incierto.

“A los niños se les debe explicar la situación con un lenguaje adaptado a su edad, sin mentir, pero sin dar detalles innecesarios que puedan aumentar su miedo”, asegura. “Frases como Estamos juntos, estamos haciendo todo lo necesario para estar seguros ayudan a reforzar la sensación de protección”.

Esta conversación inicial es imprescindible y, por mucho que se haya logrado tranquilizar a los niños, el temor volverá si ven de cera el peligro: “cuando están viendo misiles o explosiones, es clave validar su emoción”, subraya la especialista de Vithas Las Palmas, que recomienda decirles frases sencillas, pero claramente comprensibles como “es normal que te asuste”, pero procurando siempre transmitirles contención. 

Cuando están viendo misiles o explosiones, es clave validar su emoción.

Adriana Henríquez Lomba, psicóloga

Así, por ejemplo, decirles con seguridad algo como “los adultos estamos pendientes y sabemos qué hacer” puede ayudar enormemente a calmarlos. Adriana Henríquez Lomba propone, además, otra serie de gestos muy eficaces para apoyar a niños y a adolescentes en estas circunstancias: “el contacto físico, las rutinas pequeñas y mantener cierta normalidad dentro de lo posible reducen la ansiedad”.