Hay décadas que nos marcan sin importar el tiempo que pase: mientras la generación X no termina de superar los 80, a los millennials les ocurre algo similar con los 90. Pero el sentimiento de nostalgia, sin embargo, parece intensificarse cuando hablamos de los 2000. Es esta última la que parece obsesionar especialmente a la generación Z, incluso a aquellos que apenas la recuerdan.
El cambio de milenio dejó sucesos inolvidables en la cultura pop. ¿Un rápido repaso? Se estrenaron películas de culto como Chicas malas o Una rubia muy legal, pero también las sagas de Harry Potter o El señor de los anillos. Era la época en la que Carrie Bradshaw y sus amigas continuaban rompiendo tabúes en televisión. La de cambiar el Mp3 por un iPod e intercambiar politonos por el bluetooth de nuestro Motorola. Pero también ocurrió algo tras el verano de 2006 que nos dejó fascinadas: el estreno de Hannah Montana.
Aquella jovencísima Miley Cyrus de 14 años nos hacía soñar con su doble vida en la ficción: una adolescente normal y corriente de Malibú durante el día, pero también estrella de la música pop por la noche, dos identidades que separaba aquella icónica peluca rubia con la que hacía su transformación. Se convirtió en la serie más vista de la famosa de Disney Channel y encumbró a la cantante a la fama internacional.
Ahora Miley regresa a aquel proyecto dos décadas después con un especial que este 24 de marzo se ha estrenado en Disney+, un programa grabado en el plató de la serie en la que podemos ver una íntima entrevista con su protagonista, quien además reinterpreta de nuevo las canciones de Hannah Montana y en el que también aparece su familia —mención especial a Billy Ray Cyrus, su padre dentro y fuera de la pantalla—, con quien la artista se reencuentra tras años de distanciamiento.
Homenaje a la moda dosmilera
Para el estreno mundial de este programa, Miley Cyrus posó en Los Ángeles con un vestido joya que si bien pertenece a una colección actual —la de Primavera/Verano 2024 de Rabanne—, nos hace trasladarnos al pasado por su estética dosmilera con brillos, cadenas y la camiseta personalizada de Hannah Montana que ha incorporado.
Un claro ejemplo de cómo, aunque hayan pasado 20 años, nos resulta imposible superar la estética que marcó aquella década y que a día de hoy sigue influyendo en los diseñadores actuales. Los 2000 dejaron una huella imborrable: el minimalismo de los 90 dio paso a una explosión de colores, de brillo, de prendas tan atrevidas como los pantalones de tiro ultrabajo o combinaciones como el vestido con pantalón.
Estilísticamente, las alfombras rojas destacaban por su exceso, por la logomanía y las transparencias que con tanto desparpajo defendieron figuras como Jennifer Lopez, con su Versace verde. Elementos que en 2026 vuelven a formar parte de ese maximalismo que parece despertar de un largo letargo.
Por qué no podemos superar los 2000
No queremos hacerlo, pero tampoco resulta una tarea sencilla proponérselo cuando se trata de una de las décadas más reproducidas por parte de los diseñadores. Y es que en un mundo en el que las tendencias de moda duran lo mismo que un vídeo de Tiktok, hay una que prevalece desde hace tiempo: la estética Y2K, basada precisamente en esa época. La generación Z ha encontrado en este estilo una forma de conectarse con un pasado que no vivieron, pero que resulta estimulante y creativo. Algo que también se refleja en la pasarela, pues es a menudo inspiración para firmas como Rabanne, Prada o Versace.
"Se dice que las tendencias van en ciclos de 20 o 30 años o, al menos, eso era lo que la antigua regla dictaba. Se suponía que era el tiempo necesario para que una nueva generación fuese capaz de mirar épocas pasadas con nuevos ojos", explicaba a FASHION Iván Denia, Programme Leader Fashion Styling & Communication en el IED Madrid. "Quizás la pandemia también tuvo que ver con la idealización de períodos muy cercanos en el tiempo, especialmente entre el público más joven. Salieron con una explosión de emociones y con ganas de vivir lo no vivido aún con más fuerza”.
Auge de los diseños vintage y el resurgir de firmas
Una teoría que podría explicar el renacer de una marca tan icónica de los 2000 como Juicy Couture: en 2020 logró aumentar sus ingresos hasta los 14,9 millones de dólares en el tercer trimestre del año, coincidiendo con la pandemia. La marca estadounidense, cuyo producto estrella es el chándal de terciopelo que Kim Kardashian o Paris Hilton popularizaron entonces (y que hasta Zara versionó el otoño pasado), ha aprovechado la nostalgia como trampolín y ahora remonta tras años de pérdidas.
Y algo similar ocurre con UGG: cuando pensábamos que aquellas botas con forro polar habían quedado en el pasado —recordemos que hasta Kate Middleton las llevó en 2007 con vaqueros—, la marca batió récords en 2023 al incrementar sus ventas totales en casi un 56%, como apuntaban desde Modern Retail.
Celebrities de la generación Z han desempeñado un papel fundamental en la revitalización del estilo Y2K al lucir diseños vintage auténticos de los años 2000, impulsando así el resurgir de diseñadores emblemáticos de la época, como Roberto Cavalli, Jean-Paul Gaultier o Tom Ford. La obsesión por las creaciones vintage de Olivia Rodrigo, Zendaya o Bella Hadid, nos ha regalado preciosos homenajes, vistiendo piezas de archivo que vuelven a recordarnos por qué somos incapaces de olvidarnos de aquella década.















