Gara Arias descifra enseguida lo que le pide el fotógrafo. Y se lo da. Una pose más suave, otra más dramática. Consigue meterse en el papel como un gato que en segundos ha saltado de un tejado a otro. “He hecho teatro toda mi vida y ser modelo es un poco eso, interpretar para llegar a la cámara. Si además llevas un ‘vestidazo’ y unas joyas increíbles, te vienes arriba”, cuenta la modelo canaria con simpatía y unos ojos verdeagua que fácilmente pasarían por dos piedras preciosas.
Esta mañana, ha cambiado por asfalto el parque al que sale a pasear todas las mañanas con su perra Mara -Marita- después de dejar en el colegio a su hijo, Marco (de cinco años, fruto de su relación con Pepe Barroso), una rutina que necesita tanto como el sol de su isla. “Poder respirar, un poco de cielo, de viento, que el ruido que haya sea el de la naturaleza. Eso a mí me sienta increíble”, confiesa sobre su “otro” Madrid.
Han pasado once años desde que su vida diese un giro de película: “Vivíamos en León por el trabajo de mi padre. La madre de una amiga conocía al director de la agencia con la que empecé y le habló de mí. Le enseñó una foto mía y nos llamó. Fuimos a Barcelona a conocerles... Y desde ahí. No sabía dónde me metía. Tenía 17 años”.
“La vida pasa tan rápido que siento que necesitamos parar, aparcar los móviles y centrarnos en lo que hacemos"
¿Qué balance haces?
Lo pienso mucho. ¡Se me ha pasado volando! Empecé siendo una niña muy introvertida, vergonzosa, que desconocía este “mundillo”, y me ha dado seguridad en mí misma y madurez sobre todo, porque, al final, tienes que viajar sola y buscarte la vida. Gracias a mi trabajo tengo todo lo que tengo.
Incluida una bonita historia de amor, porque gracias al trabajo conociste a Pepe...
¡Estábamos en la misma agencia! Mi agente, Joaquín, siempre me decía: “Ay, ¿sabes quién vino por aquí?”. Y yo: “¿Quién?”. Él: “Pepe Barroso”. Y yo: “Ah, ok”. ¡Y es que a mí los modelos no me gustan! Hasta que un día hablamos, fuimos a tomar algo y, desde entonces, ¡han pasado ya cinco años!
“Empecé siendo una niña introvertida, y el trabajo de modelo me ha dado seguridad y, sobre todo, mi madurez"
¿Sabrías decir cuál es vuestro secreto como pareja?
Nos llevamos muy bien y somos muy parecidos. Preferimos ir un fin de semana al campo que de fiesta, escaparnos con el niño a cualquier lado antes que un tardeo. Ambos lo tenemos muy claro: anteponemos la familia a cualquier otro plan. Además, nos dedicamos a lo mismo, así que entendemos perfectamente nuestro trabajo. Cuando él tiene que viajar no hay un “pero” ni un “por qué”, porque después me tendré que ir yo también.
¿Os reconoce Marco cuando os ve, pongamos por caso, protagonizando una campaña?
Juntos todavía no nos ha visto, pero a mí en las marquesinas sí. Se acerca y dice: “¡Mami! ¡Eres tú, mami!”. Le hace gracia. Vamos por la calle y como vea un anuncio, aunque no sea yo, salta: “¡Mami, eres tú”. Y yo: “No, hijo, no”. “¡Que sí!”.(Risas).
“Poder respirar y que el único ruido que haya sea el de la naturaleza me sienta increíble”
¿Te ha “despertado” la maternidad alguna faceta desconocida?
Siempre he sido muy protectora con los míos y ahora lo soy con mi hijo, así que, por ese lado, no. Pero yo era muy de procrastinar, de dejarlo todo para después, vaya (risas). Y ahora con Marco... ¡A las siete arriba! Estoy más enfocada. ¡No hemos vuelto a tener un domingo de sofá!
No se te ve prodigarte demasiado en redes. ¿Hay un intento de mantener a salvo la privacidad?
Subo alguna cosa de trabajo, porque, al final, una red social es una ventana. Y, aun así, reconozco que me cuesta. No mostramos nada más. Igual a otras personas sí les puede interesar, pero a mí personalmente me da igual la vida de los demás. Me está quitando tiempo de la mía. Además, las redes crean “necesidades” innecesarias. Y comparaciones también.
“Un día, Pepe (Barroso) y yo hablamos por teléfono, quedamos para ir a tomar algo y, desde entonces, ¡Han pasado ya cinco años!”
¿'Un mundo 'slow', un mundo mejor' podría ser tu lema?
La vida pasa tan rápido que ni siquiera nos damos cuenta de lo que está ocurriendo. Siento que necesitamos parar, dejar los móviles a un lado y centrarnos en lo que hacemos. Cuando estamos con Marco, aparcamos los teléfonos y tratamos de disfrutar de ese momento con él. Realmente se ralentiza el tiempo.
Hablemos de cuidados. ¿Lo tuyo es pura genética?
Es cierto que en tema corporal soy muy agradecida. Me como mis pizzas, mis perritos, mis arepas... Después de dar a luz a Marco engordé, pero poco a poco he ido recuperando mi peso. Y no soy muy fan del gimnasio. Prefiero el deporte: jugar al fútbol, hacer equitación, una pista de atletismo... Me resulta más fácil que “verme” con unas máquinas. Aunque lo intento de vez en cuando. Es un propósito que tengo.
“Las redes sociales me cuestan y las utilizo solo por trabajo. No mostramos nada más. Personalmente, me da igual la vida d elos demás y me quitan tiempo de la mía”
¿Qué es lo que más echas de menos de tu tierra?
Todo. De hecho acabo de volver ahora de allá. Echo de menos el sol, la calidez, la gente... Llevo unas horas allí y me recargo. Ahí tengo a mis padrinos, mis mejores amigos... Me tira mucho. Me encantaría que Marco viviera como yo me crie, porque siento que fui muy feliz. Es llegar y, venga, vámonos a la playa, quédate en “cholas” o descalzo, ponte a jugar en la playa con unas rocas, llénate de tierra... Quiero que disfrute de esa parte en Canarias. No necesitas grandes cosas para ser feliz, y es lo que me gustaría que viviera.
¿Atesoras una joya que tenga especial valor para ti?
Un anillo de mi abuela, que ya murió. Es de oro con unos diamantes chiquititos, que van uno detrás de otro. Es muy sencillo y me lo tengo que poner encima de otro porque me queda grande, pero es “mi” joya. En mayúsculas.
“Pepe y yo preferimos un fin de semana en el campo que irnos de fiesta”











