Hay quien cuenta los días para sus vacaciones pensando en el destino, las fotos y las maletas. Y hay quien, en cambio, siente cierto alivio cuando descubre que este año no habrá aeropuertos, cambios de rutina ni itinerarios. Lo que a unos puede sorprenderles, es completamente normal para otros. De hecho, cada vez son más las personas que reconocen que viajar simplemente no les entusiasma.
Durante años, el discurso dominante ha asociado el viaje con crecimiento personal, curiosidad y una vida bien aprovechada. Pero la psicología redefine esa idea y recuerda algo esencial: no hay una única forma válida de disfrutar del tiempo libre.
Cómo son las personas que adoran viajar
Para entender qué hay detrás de esta preferencia —o ausencia de ella— hablamos con Leticia Martín Enjuto, psicóloga general sanitaria y directora del Centro de Psicología Leticia Martín Enjuto. La experta ayuda a poner orden en un debate mucho más complejo de lo que parece: "Las investigaciones sobre personalidad muestran que las personas más aficionadas a viajar suelen puntuar alto en el rasgo denominado 'apertura a la experiencia', uno de los cinco grandes factores de personalidad. Se trata de personas que disfrutan de la novedad, la exploración, los cambios y el contacto con culturas, ideas o contextos diferentes. Para ellos, la incertidumbre asociada a un viaje suele vivirse como algo estimulante y enriquecedor", señala.
La especialista explica que este perfil no es el único posible entre quienes disfrutan viajando, y que la diversidad de formas de relacionarse con el movimiento es mucho mayor de lo que solemos pensar: "También es frecuente que quienes disfrutan especialmente de los viajes presenten niveles relativamente altos de extraversión o búsqueda de sensaciones. Estas características favorecen el interés por conocer gente nueva, improvisar planes y vivir experiencias intensas. Sin embargo, no todas las personas viajeras comparten el mismo perfil, ya que muchas personas introvertidas también encuentran en los viajes espacios de introspección, aprendizaje o desconexión", explica.
Cómo son las personas a las que no les gusta viajar
Pero si no te apetece viajar, tampoco hay nada extraño en ello. La realidad que observa la experta es mucho más cotidiana y menos estereotipada: "Quienes muestran poco interés por viajar no necesariamente carecen de curiosidad. A menudo presentan una mayor preferencia por la estabilidad, la rutina y los entornos familiares. Algunas personas experimentan un mayor bienestar cuando pueden anticipar lo que va a ocurrir y conservar hábitos cotidianos que les proporcionan seguridad emocional. Esta necesidad de estabilidad es tan legítima como la búsqueda de novedad", cuenta.
A esto se suman factores que van mucho más allá de la personalidad y que ayudan a entender por qué no todas las personas desean desplazarse: "Además, las experiencias vitales, la historia familiar, las condiciones económicas o incluso experiencias previas desagradables pueden influir en el deseo de viajar. Por ello, reducir esta preferencia a una cuestión de personalidad sería simplificar excesivamente un comportamiento complejo. No existe una forma 'correcta' de disfrutar del tiempo libre", detalla.
En este punto, la psicóloga desmonta uno de los clichés más repetidos: que no viajar implica menos ambición o menos espíritu aventurero. Según ella, "socialmente tendemos a asociar el viaje con crecimiento personal, éxito y apertura mental, pero esta relación no siempre es real. La ambición puede manifestarse en ámbitos muy distintos. Ya sea en los profesionales, académicos, artísticos, familiares o personales. Hay personas extraordinariamente motivadas y comprometidas con sus objetivos que, sencillamente, no encuentran placer en desplazarse o cambiar de entorno", manifiesta.
Y lo mismo ocurre con la idea de aventura, que suele estar demasiado ligada a kilómetros recorridos: "No depende exclusivamente de la distancia recorrida, sino de la disposición a explorar, aprender o asumir retos. Algunas personas encuentran desafíos apasionantes en su trabajo, en proyectos creativos, en el deporte o en actividades intelectuales, sin necesidad de salir de su ciudad", añade.
Bajo este punto de vista, la experta insiste en que comparar estilos de vida no tiene mucho sentido cuando las necesidades psicológicas son tan distintas: "De hecho, mi práctica clínica diaria me insta a señalar que las necesidades psicológicas son diferentes en cada individuo. Mientras algunas personas obtienen energía y satisfacción a través de la novedad constante, otras la encuentran profundizando en intereses ya conocidos, cultivando relaciones estables o desarrollando proyectos a largo plazo. Ninguna de estas opciones es superior a la otra", sugiere.
Eso sí, Leticia Martín Enjuto matiza algo importante: "Debemos distinguir entre una preferencia genuina y una evitación motivada por problemas emocionales significativos, como una ansiedad intensa o fobias específicas. Si la decisión de no viajar responde simplemente a gustos personales y no genera malestar, no existe motivo para considerarla problemática", aclara.
Alternativas a viajar que provocan sensaciones similares
Entonces, si no es viajando, ¿dónde se encuentra el bienestar? La respuesta es más amplia (y cotidiana) de lo que solemos imaginar. Según la experta, "podemos experimentar sensaciones muy similares de bienestar, entusiasmo o plenitud a través de otras actividades. La psicología positiva ha demostrado que la satisfacción personal surge cuando realizamos actividades alineadas con nuestros valores, intereses y fortalezas, independientemente de cuáles sean", explica, enumerando algunas de ellas: "Algunas personas encuentran una profunda sensación de descubrimiento y crecimiento en actividades culturales como la lectura, el cine, la música o el aprendizaje de nuevas habilidades. Estudiar idiomas, realizar cursos, cocinar recetas internacionales o participar en actividades artísticas puede proporcionar una sensación de exploración muy parecida a la que otros experimentan viajando", cuenta.
Incluso va más allá y destaca que esa ambición puede encontrarse en proyectos personales que exigen concentración y generan ese estado tan deseado de inmersión: "Otras personas obtienen placer a través de proyectos personales que requieren dedicación y permiten experimentar estados de concentración intensa, conocidos en psicología como 'experiencias de flujo'. La jardinería, la escritura, la investigación, la fotografía, el deporte o el bricolaje pueden generar sentimientos de satisfacción, reto y realización comparables a los asociados a un viaje", detalla.
Y, al final, recuerda algo que suele olvidarse en la cultura del movimiento constante: el bienestar también puede ser quietud. En este sentido, concluye: "Para muchas personas el mayor bienestar procede del vínculo con los demás y del disfrute de su entorno cotidiano. Compartir tiempo con familiares y amigos, cuidar de mascotas, crear rutinas significativas o disfrutar de la tranquilidad del hogar son fuentes de felicidad plenamente válidas. Uno de mis lemas bajo el que trabajo es que la clave no está en acumular destinos, sino en encontrar aquellas experiencias que aportan sentido y bienestar a cada persona", concluye.










