Serena Williams ha vuelto. La reina del tenis ha regresado a una gran pista y ha demostrado que su historia con este deporte todavía no ha terminado. Su regreso a la competición ha despertado una enorme expectación, pero también ha puesto el foco en todo el trabajo que hay detrás de una de las mejores deportistas de todos los tiempos.
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Y es que, para sentirse preparada para competir de nuevo, la estadounidense no solo ha tenido que entrenar. También ha revisado su alimentación ha adaptado su forma de ejercitarse y ha incorporado un tratamiento con un medicamento de la familia de los GLP-1 para perder peso. Una decisión de la que ha hablado con absoluta naturalidad y que, según asegura, llegó después de intentar prácticamente todo.
Recurrió a un fármaco parecido a Ozempic porque no podía adelgazar
Tras el nacimiento de su segunda hija, Serena explica que hubo un momento en el que su cuerpo dejó de responder como antes. A pesar de entrenar con intensidad y mantenerse activa, no conseguía alcanzar un peso con el que se sintiera bien. "Literalmente probé de todo", confesó en una entrevista. Corrió, caminó, montó en bicicleta, subió escaleras y siguió entrenando como había hecho durante toda su carrera. Sin embargo, siempre llegaba al mismo punto en la báscula y de ahí no conseguía bajar.
En su caso, la preocupación iba mucho más allá de la imagen. Ese peso extra aumentaba la carga sobre unas rodillas castigadas después de décadas de competición y también le preocupaba el riesgo de desarrollar diabetes, una enfermedad presente en su familia. Fue entonces cuando decidió probar un agonista del receptor GLP-1. Según ha contado,perdió alrededor de 14 kilos y, sobre todo, volvió a sentirse cómoda con su cuerpo. Eso sí, insiste en que el tratamiento nunca sustituyó al esfuerzo. "Nunca he tomado atajos. Sé lo que cuesta llegar a lo más alto", afirmó, dejando claro que estos medicamentos pueden ser una ayuda cuando existe una indicación médica y siempre bajo supervisión profesional.
Uno de los hábitos que más sorprende es que Serena no desayuna todos los días. Si se levanta sin hambre, simplemente espera. Muchas veces incluso entrena antes de hacer la primera comida. Y es que ha aprendido a escuchar al cuerpo en lugar de comer únicamente porque lo marca el reloj, ha explicado en diversos medios.
Una filosofía que comparte la doctora Monique Tello, directora del programa de bienestar de la Escuela de Medicina de Harvard. La especialista recuerda que no existe ninguna obligación de desayunar nada más levantarse. "Si no tienes hambre, no pasa nada por comer más tarde", explica. Lo importante no es la hora, sino que esa primera comida sea equilibrada y aporte proteínas, fibra y grasas saludables para mantener estables los niveles de glucosa y favorecer la saciedad.
Verduras, proteínas y una alimentación mayoritariamente vegetal
La alimentación, de hecho, ocupa un lugar importante en su rutina. Durante años siguió una dieta prácticamente vegana para acompañar a su hermana Venus, aunque con el tiempo ha ido incorporando algunos alimentos de origen animal, como los huevos.
Hoy su alimentación sigue teniendo una clara base vegetal. En su mesa no suelen faltar verduras, legumbres y otras fuentes de proteínas vegetales. Entre sus platos favoritos ha mencionado en varias ocasiones las hamburguesas de alubias acompañadas de verduras de temporada.
Para Vanesa León, nutricionista colaboradora de El Granero, este patrón alimentario tiene importantes ventajas. Explica que las legumbres, la soja, el tofu, el tempeh, los frutos secos o las semillas aportan proteínas de calidad, además de fibra, vitaminas, minerales y compuestos antioxidantes que ayudan a cuidar tanto la microbiota como la salud cardiovascular.
Como buena deportista, Serena también modifica lo que come en función del ejercicio que va a realizar. Durante los torneos aumenta la cantidad de hidratos de carbono, especialmente arroz y pasta, para llegar a los partidos con las reservas de energía completas. En cambio, cuando no compite reduce su consumo porque ya no necesita ese aporte extra.
Esta es precisamente una de las estrategias nutricionales más eficaces en deportistas de élite. Antes de un esfuerzo intenso, aumentar los hidratos ayuda a rellenar las reservas de glucógeno, el combustible que utilizan los músculos durante el ejercicio. Fuera de esos periodos de mayor exigencia no siempre es necesario mantener la misma cantidad, ya que la alimentación también debe adaptarse al gasto energético.
De ello también ha hablado el tenista Luciano Darderi, nº16 del ranking ATP, que ha explicado recientemente cuáles son sus hábitos alimentarios durante los periodos de competición. "La alimentación tiene un papel fundamental. Me ayuda a tener energía durante los entrenamientos y los partidos, y a recuperarme más rápido. Para desayunar suelo tomar aguacate y pan tostado, acompañados de huevos revueltos y jamón: es una comida equilibrada que me aporta todo lo que necesito para empezar el día”, explica.
Entre los alimentos que nunca faltan en ese desayuno está el aguacate, un ingrediente que Serena Williams ha confesado no consumir. Sin embargo, nos cuentan desde la Organización Mundial del Aguacate (WAO), además de aportar textura y sabor, destaca por su interesante perfil nutricional. Gracias a su contenido en fibra y grasas saludables, contribuye a aumentar la sensación de saciedad, algo especialmente útil antes de un entrenamiento o un partido. A ello se suma que es fuente de grasas monoinsaturadas, vitaminas, minerales como el potasio y compuestos antioxidantes, nutrientes que pueden ayudar a cubrir las necesidades de las personas físicamente activas, favorecer la recuperación y apoyar la respuesta natural del organismo tras el ejercicio.
"Nosotros recomendamos combinar cardio y fuerza para trabajar todo el cuerpo. De esta manera no solo se mejora la composición corporal, sino que también se gana masa muscular y se mantiene un peso saludable", explica Carmelo Pelegrín, de ImpulsaFit.
En su rutina alterna carreras, caminatas, bicicleta elíptica y sesiones de musculación. También ha incorporado Pilates, entrenamiento funcional e incluso disciplinas como el pole dance o el aro aéreo, con las que mejora la coordinación y fortalece todo el cuerpo.
Los años de competición también le han enseñado a escuchar sus articulaciones. Sigue disfrutando corriendo, pero ahora recurre con más frecuencia a la bicicleta elíptica para reducir el impacto sobre las rodillas y poder seguir entrenando sin renunciar al ejercicio.
Si algo demuestra la trayectoria de Serena Williams es que no existen soluciones mágicas. Ni un entrenamiento concreto, ni una dieta determinada, ni un medicamento explican por sí solos su transformación.
Su historia recuerda que cuidar la salud es el resultado de muchas decisiones mantenidas en el tiempo: entrenar con regularidad, adaptar la alimentación a cada etapa, escuchar las señales del cuerpo y, cuando es necesario, aceptar la ayuda de la medicina.