Carmen Iza, experta en fitness: "Si te sientes mal cuando no entrenas, tienes una relación poco sana con el deporte"


La entrendadora explica qué comportamientos deberían encender las alarmas de una posible adicción y cómo garantizar el bienestar


Mujer en ropa deportiva junto al mar © alo
Patricia de la TorreColaboradora de Belleza
13 de agosto de 2026 a las 17:30 CEST

Entrenar seis o siete días por semana no significa necesariamente tener una adicción al ejercicio. La frecuencia, por sí sola, dice bastante menos de nuestra relación con el deporte que la motivación que nos lleva a ponernos las zapatillas. ¿Entrenamos porque queremos movernos y nos hace sentir bien o porque saltarnos una sesión nos genera culpa? ¿Somos capaces de reducir la intensidad cuando estamos agotados? ¿O sentimos que un entrenamiento solo ha valido la pena cuando el reloj confirma que hemos quemado suficientes calorías?

Para Carmen Iza, trainer de B3B Woman Studio, la respuesta a estas preguntas marcan la frontera. Este centro de entrenamiento para mujeres trabaja con un método que combina disciplinas como bike, box y barre. Y después de observar durante años cómo entrenan sus alumnas, Carmen identifica patrones que pueden pasar inadvertidos porque socialmente tendemos a interpretar cualquier dosis extra de ejercicio como disciplina, fuerza de voluntad o compromiso. 

"Empieza a convertirse en una relación poco sana cuando una persona está muy cansada, ha vuelto de viaje, no ha dormido bien y, aun así, siente la obligación de entrenar porque se siente mal si no lo hace.", explica. El problema, insiste, no está necesariamente en entrenar mucho. Está en no sentirse capaz de parar.

Mujer realizando un ejercicio de Pilates con resistencia sobre una máquina reformer© @ffitcoco
No todos los días de entrenamiento tienen que implicar máxima intensidad. Alternar fuerza y cardio con movilidad, Pilates o sesiones más suaves ayuda a integrar la recuperación en la rutina deportiva

La señal que cambia todo: entrenar por culpa

Hay una palabra que Carmen escucha especialmente y que le hace prestar atención: compensar. "Es que ayer hice esto", "es que el fin de semana voy a lo otro", "tengo que venir porque si no me siento mal". Expresiones aparentemente cotidianas que pueden revelar que el entrenamiento ha empezado a funcionar como una especie de penitencia. "Es importante encontrar un equilibrio entre el disfrute, el descanso y el deporte, sin convertir ese equilibrio en una medición constante ni en una fuente de presión", señala. 

La investigación también distingue entre realizar mucho ejercicio y desarrollar una conducta problemática. Un estudio liderado por investigadores de la Universidad Miguel Hernández de Elche y el Instituto de Investigación Sanitaria y Biomédica de Alicante, difundido en 2026, analizó a más de mil jóvenes y señaló factores como el perfeccionismo, determinadas motivaciones relacionadas con adelgazar o ganar musculatura y la práctica deportiva compulsiva entre los elementos asociados a un mayor riesgo de adicción al ejercicio.

Es decir, contar entrenamientos no basta para determinar que existe un problema. Hay que observar qué ocurre cuando esa persona no puede entrenar. "Hay personas que entrenan de forma muy automática, casi por cumplir, sin estar realmente presentes ni prestar atención a sus sensaciones. Ahí es cuando la relación con el ejercicio puede dejar de ser saludable" nos explica. 

La entrenadora cuenta que incluso observa alumnas que hacen una clase mientras continúan mentalmente conectadas al trabajo: pendientes del móvil, de una videollamada o de la reunión que comienza inmediatamente después. "Entiendo que hay veces que hay que hacer encaje de bolillos para entrenar en el día a día", reconoce. El problema aparece cuando deja de ser algo puntual. "Al final no están presentes entrenando, no están en su musculatura, no están en sus sensaciones". Convertir el deporte en otro check de una agenda imposible puede desdibujar precisamente aquello que pretendíamos conseguir con él: bienestar.

Mujer con conjunto deportivo rosa y ropa de entrenamiento tras una sesión de ejercicio© @goicoechea
El ejercicio deja de ser bienestar cuando descansar genera culpa o ansiedad. Para Carmen, trainer de B3B Woman Studio, mantenerse activa no significa tener que entrenar al máximo todos los días

El error de medir un entrenamiento por las calorías

Otro comportamiento frecuente aparece en la muñeca. Termina la sesión y, casi automáticamente, llega la consulta al reloj inteligente. ¿Cuántas calorías he quemado? Para Carmen, hacer depender el valor de un entrenamiento de esa cifra es un error. "Medir siempre con el reloj las calorías y que el entrenamiento tenga validez o no según la cantidad de calorías que han quemado tampoco tiene sentido".

También lo percibe en la ejecución de los ejercicios. Cuando marca un determinado tempo y alguien intenta realizar el movimiento mucho más rápido, la intención puede ser "hacer más" en el mismo tiempo. "Más rápido no es mejor ni vas a tener un resultado mejor", advierte. Frente a la velocidad, reivindica la técnica, la calidad y la consciencia corporal.

Entonces, ¿hay que descansar obligatoriamente varios días por semana? No existe una respuesta universal basada simplemente en contar jornadas. "Sí es posible entrenar todos los días de forma saludable", sostiene Carmen. La diferencia está en qué entendemos por entrenar. No todas las sesiones necesitan convertirse en una prueba máxima de fuerza, cardio o HIIT. "Puede haber un entreno que sea más de movilidad, otro de estiramiento, otro de cardio y otro de fuerza. No todos tienen que ser exactamente iguales porque entonces sí que no sería saludable ni efectivo". Después de una jornada intensa de fuerza, por ejemplo, el día siguiente puede dedicarse a movilidad, flexibilidad, yoga, natación o simplemente a caminar.

Mujer realizando un entrenamiento de fuerza con barra y discos en el gimnasio© @crysdyaz
Carmen insiste en escuchar al cuerpo y respetar la recuperación cuando existe cansancio

El descanso es entrenamiento

Para las personas especialmente activas, Carmen propone alternar las sesiones exigentes con jornadas de menor intensidad o descansos activos que permitan seguir moviéndose mientras el organismo se recupera. Descansar también forma parte del entrenamiento. "Es totalmente necesario para dar el 100% al día siguiente. Es necesario descansar", asegura.

Carmen pone un ejemplo habitual. Una persona entrena a las nueve de la noche, termina tarde, vuelve a casa, se ducha, cena y, pocas horas después, está de nuevo en el estudio para una clase a primera hora de la mañana. Si ocurre excepcionalmente, puede responder a las dificultades de cuadrar agendas. 

Cuando se repite mientras esa misma persona asegura estar agotada, dormir mal y no tener tiempo para prácticamente nada, la entrenadora considera necesario revisar prioridades. "Si una persona siente que no tiene tiempo para descansar, ver a sus amigas o disfrutar de otras parcelas de su vida, quizá sea más beneficioso reducir la frecuencia de entrenamiento. A veces, entrenar tres o cuatro días con calidad puede ser mejor que hacerlo siete sin permitir una recuperación adecuada", propone.

Mujer realizando un ejercicio de movilidad en B3B Woman Studio© @b3bwomanstudio
La experta en fitness defiende alternar fuerza y cardio con movilidad, flexibilidad o descanso activo: "No todo tiene que ser HIIT, cardio o fuerza a tope"

La trampa de querer dar siempre el 100%

Existe, además, una presión que trasciende el gimnasio. Carmen la relaciona con esa sensación contemporánea de tener que rendir al máximo simultáneamente en el trabajo, las relaciones, la vida social, el autocuidado y el deporte. "Vivimos con mucha presión por rendir al máximo en todas las áreas de la vida, pero no es necesario dar el 100% todos los días para estar haciendo las cosas bien". En el entrenamiento ocurre lo mismo. Habrá jornadas en las que el cuerpo permita trabajar fuerza o cardio con una intensidad alta y otras en las que lo que necesita sean unos minutos de movilidad después de pasar doce horas delante del ordenador. 

"Hay que saber un poco y ser consciente. Estar presente para mí es la clave en la clase". Esa consciencia implica dejar de interpretar todos los entrenamientos bajo la lógica del máximo rendimiento. Una sesión suave no es una sesión desperdiciada. Caminar no es "no hacer nada". Y un día sin gimnasio no destruye automáticamente el trabajo acumulado.

¿Qué hacer entonces cuando llega el día de descanso y aparece la culpa? Carmen cambiaría primero la explicación que nos damos a nosotros mismos. "Le explicaría cómo funciona el cuerpo y por qué el descanso es una parte fundamental del progreso. Entender que la recuperación también mejora el rendimiento puede ayudar a reducir la culpa asociada a no entrenar". Eso sí, que ese paseo no se convierta, otra vez, en una estrategia para compensar calorías o cumplir una cuota de actividad. "Hay que ver siempre el deporte como algo beneficioso y positivo para el cuerpo, pero no como algo que me haga sentir mal. Ahí ya estamos rozando una relación insana con el deporte", sentencia.