La actriz española y cantante Najwa Nimri afirma que no te das cuenta de que lo importante es estar bien rodeada a los 20 y sí a los 50. ¿Es que acaso damos más valor a la amistad, la familia y la pareja a medida que envejecemos? Lo cierto es que la amistad va muy ligada a nuestro grado de consciencia. Así nos lo explica Lourdes Ramón, experta en psicología integrativa, responsable del departamento de Orientación de Palasiet Wellness Clinic & Thalasso, cuando le preguntamos sobre las razones de esta declaración.
"Es una cuestión de evolución personal, de trayectoria de vida… de aprendizaje y de toma de conciencia…", dice la experta. "No es solo cuestión de la edad, sino de grado de conciencia y experiencia corporal-emocional acumulada", agrega. Nos cuenta que a los 20 el sistema está más orientado a la exploración, diferenciación e identidad. "A nivel biológico, hay más dopamina, más impulso hacia lo nuevo, más búsqueda externa. El foco está la búsqueda de identidad ("quién soy en el mundo…"), hay más peso en lo externo; validación, pertenencia, imagen… En cambio a medida que avanzamos en el ciclo vital, especialmente a partir de lo 40 o 50, nuestra biología cambia, el sistema nervioso busca más seguridad, coherencia y regulación. Aparece una necesidad más profunda de vínculos nutritivos y auténticos".
Los 50 según la psicología
Desde la psicología transpersonal, como nos dice Lourdes, este cambio de etapa suele coincidir con un tránsito del ego (hacer, lograr, demostrar) al ser (sentido, coherencia, autenticidad). Damos más valor al entorno, familia, pareja, amistades… porque, según la experta, "nos volvemos más conscientes de qué vínculos nos regulan, nos expanden o nos contraen…". Para la psicóloga, en este punto de la vida "somos capaces de poner límites así como de elegir los espacios donde realmente podamos ser auténticas".
Excepciones y la "soledad elegida"
Aunque en general a partir de los 50 haya una tendencia a dar más importancia a las amistades, hay a quienes socializar nunca les parece necesario. Para Lourdes es interesante distinguir entre la "soledad elegida" y el "aislamiento evitativo".
"Si una persona tiende a la introversión, no necesita convertirse en alguien extrovertido, pero sí tener algunos vínculos seguros y nutritivos, ya que los vínculos seguros regulan el sistema nervioso (corregulación)", recomienda nuestra experta. "La soledad bien entendida es un portal a la autenticidad, pero como decíamos anteriormente, el crecimiento también ocurre en el encuentro con el otro", recuerda. Por eso, aputarse a un programa antiestrés como el de Palasiet para pasar tiempo contigo misma y relajarte con terapias especializadas, hidroterapia y técnicas de mindfulness, te puede ayudar a restaurar tu paz interior y alcanzar un estado de serenidad profunda; pero siempre hay que saber volver y conectar con la comunidad.
La importancia de un entorno que te valora
La psicóloga explica que cuando una persona no se siente segura, vista y valorada en su entorno puede desarrollar baja autoestima, dependencia emocional y dificultad para poner límites, lo que la lleva a buscar validación externa y a normalizar vínculos poco saludables. Sin embargo, subraya que la sensibilidad no es una debilidad, sino una fuente de potencial: atravesar contextos difíciles puede favorecer el desarrollo de la introspección, la empatía y la autenticidad.
Desde una mirada integrativa, cuestiona las etiquetas de "personalidad débil" o "fuerte" y plantea que la verdadera fortaleza reside en conectar con la propia vulnerabilidad, tener criterio propio y elegir relaciones que nutran sin perder la identidad. En este sentido, las amistades actúan como espejos y reguladores emocionales, y a medida que aumenta la conciencia personal, se pasa de elegir desde las heridas a hacerlo desde la coherencia, transformando lo que parecía fragilidad en una sólida fortaleza interna.






