Hay mañanas de primavera en las que todo parece perfecto: el sol entra por la ventana, la temperatura es suave y el aire invita a salir. Sin embargo, para millones de personas, ese mismo momento viene acompañado de estornudos en cadena, ojos llorosos y una sensación constante de picor en la garganta. Lo que para muchos es la mejor época del año, para otros se convierte en una auténtica prueba de resistencia.
Detrás de esta escena cotidiana está la alergia estacional, un fenómeno que cada año afecta a más personas. Para entender qué ocurre realmente en nuestro organismo —y por qué algunos días son peores que otros—, hablamos con Mar Santamaria, responsable de atención farmacéutica de PromoFarma by DocMorris, quien ayuda a descifrar los mecanismos de esta reacción tan común.
¿Qué factores hacen que la alergia empeore en primavera?
“El factor principal es la polinización”, explica Mar Santamaria. Durante la primavera, muchas plantas (por ejemplo, las gramíneas o árboles como el olivo o el plátano de sombra) liberan cantidades muy elevadas de polen para reproducirse.
Pero no solo depende de las plantas; el clima es clave: los días soleados y con viento facilitan la dispersión del polen, mientras que los cambios bruscos de temperatura propios de la estación pueden irritar aún más las vías respiratorias. “Si a esto le sumamos la contaminación ambiental en las ciudades, que es irritante para las vías respiratorias, el cocktail está servido: se prolonga la permanencia del polen en al aire y este es potencialmente más irritante”, añade la especialista en farmacia.
¿Cómo se desencadena una reacción alérgica?
“El proceso comienza cuando el alérgeno entra en contacto con nuestras mucosas (nasal, ocular o bronquial)”, señala la experta. Allí, las células de defensa del sistema inmunitario que 'montan guardia' permanente se encargan de detectar y neutralizar partículas extrañas como virus o bacterias.
En una persona alérgica, el sistema inmunitario comete un error de juicio: identifica al polen, que es una sustancia inofensiva, como una amenaza seria. Para que esto ocurra, debe haber existido una sensibilización previa (es decir, el cuerpo ya ha registrado ese polen y ha fabricado anticuerpos específicos (IgE) contra él. “Al producirse un nuevo contacto, se desencadena una "batalla campal" donde se libera histamina y otras sustancias proinflamatorias”, explica la boticaria. Es esta respuesta exagerada la que provoca la inflamación, el picor y el lagrimeo que tanto nos molestan.
¿Por qué algunos días los síntomas se intensifican más que otros?
“Se debe principalmente a la carga polínica ambiental”, afirma Mar Santamaria. A mayor concentración de polen en el aire, mayor es el estímulo para nuestro sistema inmune y más severa la reacción. Los niveles de polen fluctúan según la meteorología: la lluvia, por ejemplo, 'limpia' la atmósfera y nos da un respiro, mientras que el viento seco dispara los síntomas.
Es importante diferenciar esto de las alergias perennes, que no dependen de la estación. Un error común es confundir el polen con el polvo; en realidad, la alergia al polvo suele ser a los ácaros (microorganismos que viven en el polvo doméstico y cuyos restos y excrementos son los que inhalamos). “Al estar presentes en interiores todo el año, sus síntomas son constantes, aunque pueden agravarse en épocas de humedad o cuando encendemos la calefacción”, matiza la especialista.
¿Puede llegar a ser grave una alergia primaveral o normalmente es leve?
“Por lo general, la rinitis o conjuntivitis primaveral se considera una patología leve, pero no debemos infravalorarla, ya que afecta a la calidad de vida (afecta al sueño, al rendimiento laboral y al estado de ánimo)”, advierte la experta.
En la mayoría de los casos, disponemos de fármacos muy seguros y eficaces, como antihistamínicos o corticoides tópicos, además de las vacunas (inmunoterapia), que son el único tratamiento que actúa directamente sobre la causa de la alergia, “reeducando” al sistema inmune para que deje de reaccionar de forma tan intensa ante el estímulo del alérgeno.
“Es raro que una alergia al polen derive en una anafilaxia (una reacción alérgica generalizada y sistémica que puede comprometer la vida al afectar a la respiración y la presión arterial), algo más asociado a algunas alergias alimenticias o picaduras de insectos”, concluye la boticaria. No obstante, una alergia primaveral mal controlada puede derivar en asma alérgico, que sí es una complicación seria que requiere seguimiento.
Los 7 errores que cometemos y que empeoran la alergia en primavera
La farmacéutica, por último, nos explica cuáles son aquellos gestos cotidianos que deberíamos revisar porque empeoran la alergia en primavera:
- Salir en horas de mayor polen: la concentración de polen es más alta por la mañana y al atardecer, lo que intensifica los síntomas; es mejor optar por salir por la noche o después de la lluvia.
- No cambiarse de ropa al llegar a casa: el polen se queda adherido a la ropa, piel y cabello, prolongando la exposición incluso en interiores.
- Frotarse los ojos: este gesto aumenta la liberación de histamina y empeora el picor y la inflamación; conviene usar suero o compresas frías.
- Ventilar sin control: abrir las ventanas en momentos inadecuados permite la entrada de polen en casa; lo ideal es hacerlo temprano o por la noche y durante poco tiempo.
- Tender la ropa al aire libre: el polen se fija en los tejidos húmedos y luego entra en contacto con el cuerpo; mejor secar en interior o en horas de baja concentración.
- Descuidar la higiene nasal: no limpiar las vías respiratorias favorece la acumulación de alérgenos; los lavados con suero ayudan a reducirlos.
- Usar mal sprays o medicamentos: un uso inadecuado puede provocar efecto rebote o menor eficacia; es importante seguir las indicaciones de un profesional.
Teniendo en cuenta estos factores, podemos cambiar nuestros hábitos y así evitar que esta "batalla campal" sea menor en primavera, según nos ha explicado la farmacéutica Mara Santamaria.









