como-ser-mas-felices-1

Día Mundial de la Felicidad

Estrategias que no fallan para ser más felices

Uno de los mayores deseos del ser humano es ser más feliz. Y la mayoría solemos pensar en el dinero como fuente inagotable de felicidad. Sin embargo, hay otras estrategias que sí nos pueden acercar a un estado de bienestar más permanente. El psicólogo Rafael Santandreu nos da sus claves.

por Nuria Safont

La sociedad en la que vivimos tiende a ‘terribilizar’ y esto nos aleja de la felicidad. Es decir, nosotros mismos, en general, nos amargamos la vida. Sentimos que si no conseguimos lo que nos proponemos en el momento en el que lo deseamos, algo falla. Damos por sentado que escalar puestos en nuestra carrera laboral, ganar mucho dinero y, por supuesto, gozar de buena salud y parecer más jóvenes es sinónimo de triunfo. Si engordamos, es terrible. Pero si adelgazamos más de lo normal, también. Nos proponemos ser más felices pero, a la mínima, hay algo que nos lo impide. Hagámonos esta pregunta: ¿de verdad estamos tan mal? Según afirma el psicólogo y divulgador Rafael Santandreu, “nada es tan terrible”. Y tan convencido está de ello que su último libro se titula precisamente así. Pero, ¿por qué estamos poniéndonos constantemente en el peor de los casos?

Lee: ¿Ser felices depende de nosotros o de nuestros genes?

Claves para poder ser felices

"Terribilizar es una enfermedad de nuestro tiempo. Se debe a que tenemos un mal sistema de valores y no tenemos muy claro qué es importante y qué no lo es", opina Santandreu. Por eso nos da algunos consejos que nos pueden ayudar a sentirnos mejor: 

Realmente, ¿lo necesitas? Antes de desear algo y de adquirirlo (sea un bien material o inmaterial) analiza si realmente lo necesitas. En realidad, necesitamos menos de lo que tenemos. Incluso hay estudios que aseguran que más dinero del que nos permite cubrir nuestras necesidades básicas no da la felicidad.  “La  continua sensación de que nos falta algo es lo que nos produce este permanente sensación de infelicidad", señala. 

Antes de quejarte, piensa en positivo. La queja nos sale sola. Y nos quejamos de todo: de los políticos, de la sanidad, del trabajo… Sin embargo, los expertos aseguran que nunca nos había ido tan bien. “Nunca habíamos gozado de tanto acceso a los alimentos, a los viajes, a la educación como ahora… pero la queja, el lamento y la alarma son ya un hábito. Sólo con alegría, espíritu constructivo y racionalidad podremos mejorar realmente las cosas (si es que así lo deseamos)”, afirma.

La felicidad está en tu interior. Aunque cueste creerlo, no hay nada que nos aporte mayor felicidad que ser felices por dentro y encarar con una sonrisa las adversidades. “A efectos de felicidad, da igual estar en la playa que en la oficina: hasta que no nos demos cuenta que son nuestras evaluaciones (nuestra mente) las que nos hacen felices o infelices, no podremos cambiar”, apunta el psicólogo.

Lee: Dieta de la felicidad 

La enfermedad puede ser un aprendizaje. A nadie le gusta enfermar. Sin embargo, tenemos ejemplos de personas que han sufrido y que han sido felices. Por tanto, si ellos pueden, nosotros también y, para eso, hay que tratar de ver la enfermedad con más alegría y tomarla como un aprendizaje. “Aprendiendo el diálogo interno de algunos modelos de fortaleza como son Michael J. Fox (con Parkinson); Jessica Long (nadadora y modelo sin piernas); Daniel Álvarez (sordociego directivo de la ONCE) o el recientemente fallecido físico británico Stephen Hawking (enfermo de ELA) podemos enfrentarnos a la enfermedad con más alegría”, aconseja Santandreu.

Más Platón y menos Prozac. Así se titulaba uno de los libros de autoayuda más vendidos. Y es que, hoy en día se tiende a abusar de los medicamentos para el estrés o la ansiedad -o la terribilitis- e, incluso, se toman sin prescripción médica o sin ser realmente necesarios. Los psicofármacos se deberían reservar para casos realmente necesarios -no de terribilitis-, controlando su uso al menor tiempo posible y acompañándolo de psicoterapia para cambiar el patrón de conducta mediante, por ejemplo, la psicología cognitivo-conductual. "Si no lo hacemos así, estamos conduciendo al paciente a la no superación real de su problema: a la dependencia crónica del fármaco y a que esté siempre entrando y saliendo de su debilidad emocional", señala Santandreu.

VER GALERÍA

Fallar es aprender. Para el experto, tener orgullo de fallar puede hacernos avanzar hacia un camino con más gratificaciones. “Nuestra sociedad idolatra el concepto de eficacia hasta el punto de volvernos temerosos de fallar. Eso nos colapsa y llena de estrés. Sólo cambiando de forma radical nuestro sistema de valores, nos liberaremos del estrés, empezaremos a disfrutar y paradójicamente rendir como nunca”.

Las adversidades son oportunidades para cambiar. Un despido, un abandono… pueden ser una espoleta de transformación hacia una vida mucho más feliz. Porque esas situaciones nos golpean y abren la mente. El experto aconseja además una vida más espiritual para alcanzar el bienestar. Por ejemplo, mediante la práctica de la meditación, cultivar la bondad y la ayuda generosa al prójimo, la aceptación incondicional de los demás, la creencia en la naturaleza, Dios, filosofía, etc. 

Lee: Cómo alcanzar la felicidad en el trabajo

Si quieres que te siga, aplica las 3 P’s

Y tan importante es modificar nuestra manera de pensar para poder alcanzar la verdadera serenidad o felicidad, como cambiar nuestra forma de dirigirnos a los otros. Por ejemplo, debemos hacernos esta pregunta: ¿sirve de algo gritar, perder los estribos o castigar cuando queremos influir en nuestra pareja, compañeros de trabajo o nuestros hijos? Probablemente no. Rafael Santandreu apuesta por un método mucho más eficaz: aplicar las 3 P’s.

Consiste en utilizar la persuasión, pedagogía y persistencia. La primera consiste en utilizar argumentos para convencer a la otra persona de que un cambio puede ser un gran paso. Debemos practicar la pedagogía para enseñar a cambiar. Y la persistencia no es otra cosa que repetir un acto para que realmente se convierta en un hábito. “Si quieres que tu hijo sea ordenado, no le amenaces ni castigues, sino aplica este método: primero convéncele con argumentos que él pueda entender que ser ordenado le reportará mayores beneficios. La pedagogía se aplica predicando con el ejemplo, enseñando a ordenar, es decir, utilizando un método. La persistencia consiste en ensayar y practicar para que no se olvide”, concluye el experto.

Lee: 13 frases célebres que te harán alcanzar la felicidad

Activa las alertas de ¡HOLA! y entérate de todo antes que nadie