David González, interiorista, sobre la decoración que veremos en 2027: "No es necesario llenar la casa, el secreto está en elegir menos y sentir más"


David González, interiorista y cofundador del estudio Alberto Torres, lo resume en una frase: «No se trata de cuánto cuestan las cosas, sino de cuánto cuentan». Estas son sus diez claves de este nuevo lujo cálido, personal y con memoria que definirá la casa en 2027.


El interiorista David Gonzalez posando delante de una cocina © Amador Toril
2 de septiembre de 2026 a las 15:13 CEST

Ese jarrón algo roto de tu abuela, la butaca que rescataste de un mercadillo, la cerámica que trajiste de un viaje que no consigues olvidar: nada de eso parecía combinar a priori y, sin embargo, ahí sigue, en tu salón, contando quién eres. Ese gesto —el de guardar lo que nos emociona, aunque no encaje del todo— tiene ya nombre propio: lujo encontrado (found luxury), una de las tendencias de decoración para 2027, según la prensa internacional del sector.

Llega, además, en el momento justo. Después de años defendiendo el lujo silencioso —materiales nobles, líneas limpias, nada superfluo—, muchas casas se han quedado con la sensación de que les falta algo. Para entender en qué consiste esta tendencia y cómo trasladarla a la nuestra, hemos hablado con David González, interiorista y cofundador del estudio Alberto Torres, que lo tiene claro: «El lujo encontrado representa una evolución muy natural en la forma de entender nuestras casas. Este nuevo lujo deja de ser algo que simplemente se compra para convertirse en algo que se descubre, se conserva y se construye con el tiempo». Estas son las diez claves para conseguirlo en la tuya.

Vajilla antigua expuesta en una mesa con jarrón con ramas© Mercantic

Una decoración tranquila y con alma

El lujo encontrado no entiende de prisas. No es una vivienda que se remata en un fin de semana ni una decoración que se estrena de golpe: necesita su tiempo, al mismo ritmo que la vida de quien la habita. "Una casa con alma no debería terminarse en una tarde ni responder a la necesidad de estrenarlo todo al mismo tiempo. Tiene que evolucionar con quienes la habitan", señala David González.

Un día encontramos una vajilla tan bonita como esta, en Mercantic; otro, heredamos un mueble familiar o volvemos de un viaje con una cerámica que nos recuerda a ese lugar. Poco a poco, el interior va acumulando capas de nuestra propia vida, y ahí está, según el interiorista, la diferencia real: "Las historias necesitan tiempo, y las casas también".

Comedor vintage con mesa redonda de cristal ahumado, sillas metálicas y negras, lámpara de techo© Mercantic

El regreso de lo vintage y la decoración de la abuela

Si hay un protagonista indiscutible del lujo encontrado, es lo vintage. Y no como una moda pasajera: esas piezas que durante años relacionamos con la decoración de la casa de la abuela guardan algo que ningún objeto nuevo puede replicar, tal y como muestra esta propuesta de Mercantic. "Las piezas vintage y esos objetos que durante años hemos relacionado con la casa de la abuela contienen algo imposible de reproducir: memoria", explica David González.

No se trata de incorporarlas porque lo antiguo esté de moda, sino de reconocer su valor emocional, estético y artesanal: un aparador heredado puede convivir con una lámpara contemporánea, y una alfombra antigua, con una mesa de diseño actual. Ese diálogo entre épocas, insiste el interiorista, "aporta profundidad y evita que la casa parezca un decorado recién estrenado".

Rincón salón con zócalo alto de madera oscura, butacas de cuero verde, alfombra, cuadros© House Doctor

Pocos objetos, pero con una historia detrás

La cuestión, entonces, no es qué combina con qué, sino qué nos transmite cada pieza y elemento. Libros, fotografías, cerámicas, textiles, pequeñas esculturas, muebles heredados o piezas encontradas en un viaje: cualquier objeto vale si detrás hay una historia que contar cuando alguien pregunta por él. "Yo no me preguntaría tanto si un objeto combina como si significa algo para nosotros", apunta González, que anima a mirar más allá de la estética a la hora de elegir.

Y añade la clave de todo el estilo: "No es necesario llenar la casa: el secreto está en elegir menos y sentir más, dejando que cada pieza tenga espacio para expresarse", como ocurre en esta propuesta de House Doctor. 

Comedor con mesa redonda, armario azul, sillas tapizadas con motivos geométricos, lámpara de techo© Amador Toril

Un alma ecléctica con un hilo conductor

¿Tiene el lujo encontrado, casi por definición, alma ecléctica? Para David González, la respuesta es que no podría ser de otra manera: "Nosotros mismos somos eclécticos: una mezcla de recuerdos, personas, viajes, lugares, épocas y experiencias. Por eso no tiene sentido que nuestras casas deban pertenecer estrictamente a un único estilo".

Ahora bien —y aquí está el matiz que separa una casa con carácter de una simple acumulación de objetos— hace falta un hilo conductor, como el que posee este proyecto de su estudio. Puede ser el color, los materiales o incluso una afición compartida: lo importante es que permita que piezas muy distintas dialoguen entre sí sin que el salón acabe pareciendo un mercadillo desordenado.

Salón con sofá beige, alfombra redonda de fibras vegetales, vigas de madera en el techo de color blanco, cuadro en la pared© Noble Creaciones

La artesanía, un esencial de carácter único

En un mundo en el que podemos encontrar el mismo objeto en cualquier rincón del planeta, lo artesanal se ha convertido, casi paradójicamente, en una de las formas más contemporáneas de lujo. "La artesanía es fundamental porque introduce la huella humana. Una pieza realizada a mano contiene pequeñas irregularidades, tiempo, oficio y la sensibilidad de quien la ha creado", defiende el cofundador del estudio Alberto Torres.

Su valor, matiza el interiorista, no está solo en el acabado: "también en el proceso y la historia que lleva consigo". Así, una pieza como este sofá de Noble Creaciones tapizado a medida cuenta, sin necesidad de explicarlo, algo que ningún objeto producido en serie podrá contar jamás.

Butacas de cuero y paredes de color visón © Bruguer

Materiales que ganan con el paso del tiempo

Si algo define al lujo encontrado son los materiales que, lejos de resistirse al paso del tiempo, se vuelven más interesantes gracias a él, como ocurre con las piezas de cuero de esta propuesta de Bruguer. "Materiales naturales y capaces de envejecer bien, como la madera, la piedra natural, el barro, la cerámica, el lino, la lana, el cuero o los metales que desarrollan una pátina", enumera David González.

Son superficies vivas, no acabados estáticos, y ahí reside su encanto: "Una mesa de madera con una pequeña marca puede contar mucho más sobre una casa que una superficie destinada a permanecer eternamente perfecta", resume el interiorista, dejando claro que un pequeño deterioro no es un defecto que disimular, sino un valor que mostrar.

Dormitorio con armario con las puertas empapeladas, lámpara de techo, ropa de cama de cuadros rojos y blancos, cabecero de lamas de madera, maniquís en un rincón © Amador Toril

Espacios cálidos, serenos y personales

Al aplicar estos principios, según David González, se logran "espacios cálidos, serenos y profundamente personales, en los que se percibe que la decoración se ha construido poco a poco". Son casas que no dependen de una tendencia concreta para transmitir autenticidad y bienestar, sino de una forma de vivir.

Y, sobre todo, son interiores vivos: capaces de admitir nuevas piezas, nuevos recuerdos y nuevos cambios sin perder, por el camino, su identidad, tal y como ocurre en este dormitorio diseñado por el estudio Alberto Torres.

Cocina antigua con casillero, armario despensa, mesa de cocina de madera, cuadros y objetos © Devol

Adiós a la perfección: hola a la autenticidad

Aunque suene a contradicción hablar de imperfección en un artículo sobre lujo, el objetivo del lujo encontrado no es la perfección, sino la autenticidad, como la que derrocha esta cocina de Devol. "Una casa está viva porque cambia, envejece y se transforma con nosotros. No debería darnos miedo que se note que vivimos en ella", defiende David González.

Las pequeñas imperfecciones, las mezclas y los objetos con marcas de uso no restan valor a una casa: le dan carácter y la hacen sentir más familiar. Y, como no depende de una estética cerrada ni de una tendencia concreta, este estilo tiene una ventaja añadida: se adapta a nuestra personalidad mucho mejor.

Salón con sofá beige, mesa de centro de madera, jarrón de fibras vegetales en el suelo, cojines, alfombra © Broste Copenhagen

El verdadero lujo no se mide en dinero

A pesar de la palabra "lujo", David González es tajante: no tiene por qué ser caro. "Una pieza extraordinaria de arte puede convivir con un objeto encontrado en un mercadillo y quizá sea este último, aunque haya costado muy poco, el que posea mayor valor para nosotros", explica.

El precio, insiste, deja de ser la medida principal para dar paso a algo mucho más interesante: el significado. "No se trata de cuánto cuestan las cosas, sino de cuánto cuentan", resume en la frase que mejor define todo este movimiento, como demuestra esta propuesta de Broste Copenhagen, que imprime calidez y un toque de estilo personal sin necesidad de grandes desembolsos.

Despacho con molduras en la pared, escritorio antiguo, silla tapizada, mesa auxiliar y jarrón© Amador Toril

Lujo silencioso y lujo encontrado: aliados deco

El lujo encontrado no sustituye al lujo silencioso que tanto hemos defendido los últimos años. Conviven, y además se complementan a la perfección, como en esta propuesta del estudio Alberto Torres. "El lujo silencioso nos ha devuelto el gusto por la calidad, los buenos materiales, la serenidad y todo aquello que no necesita exhibir su precio. El lujo encontrado incorpora una dimensión más emocional, vivida y personal", argumenta el interiorista.

Uno construye el escenario; el otro, cuenta la historia. Y, si lo pensamos bien, ¿no es exactamente eso lo que buscamos en nuestra propia casa? Al final, quizás el lujo encontrado no sea más que la versión decorativa de algo que ya sabíamos: que una casa no se termina, se vive. Y que las mejores historias de nuestro salón no las cuenta el precio de las cosas, sino las vivencias.