psicologia

Sara Navarrete, psicóloga: "Ser narcisista, en una dosis saludable, no significa ser mala persona, sino que forma parte de una autoestima sana"


El narcisismo no siempre consiste en quererse a uno mismo demasiado, sino que hay personas que necesitan constantemente que los demás les valoren


Mujer joven rubia tocándose el pelo© Getty Images
1 de septiembre de 2026 a las 20:01 CEST

Cuando hablamos de una persona narcisista o calificamos su comportamiento de narcisismo, solemos asociarlo a una característica negativa de la personalidad. Sin embargo, la psicóloga Sara Navarrete, al ser preguntada sobre este rasgo, comienza advirtiéndonos de que tener cierto grado de narcisismo puede ser hasta beneficioso. "Lo primero que conviene aclarar es que tener rasgos narcisistas no es lo mismo que padecer un trastorno narcisista de la personalidad. De hecho, todos podemos tener cierto grado de narcisismo. Necesitamos sentirnos valiosos, recibir reconocimiento o cuidar nuestra imagen. En una dosis saludable, incluso forma parte de una autoestima sana", indica.

Y es que la palabra "narcisista" se ha colado en nuestro vocabulario cotidiano. La utilizamos para hablar de esa pareja que necesita tener siempre la razón, del jefe que reclama reconocimiento por todo, del familiar que parece incapaz de admitir un error o de esa persona que convierte cualquier conversación en algo que gira alrededor de ella. Sin embargo, no todo comportamiento egoísta, arrogante o difícil convierte a alguien en narcisista. Y, mucho menos, significa que padezca un trastorno de personalidad.

La clave, por tanto, está en saber cuándo ese amor propio y esa necesidad de reconocimiento dejan de ser saludables y comienzan a condicionar la forma de relacionarnos con los demás.

Mujer abrazándose a sí misma© Getty Images

¿Qué significa realmente ser narcisista?

Lo primero es diferenciar los rasgos narcisistas del trastorno narcisista de la personalidad. Como recuerda Navarrete, no son equivalentes. Podemos buscar aprobación, disfrutar de los elogios o sentirnos orgullosos de nuestros logros sin que exista ningún problema psicológico.

La dificultad aparece "cuando esos rasgos se vuelven rígidos y dominan la manera de relacionarse con los demás". En estos casos puede existir una necesidad excesiva de admiración y validación, una visión exagerada de la propia importancia y dificultades para reconocer de forma genuina las necesidades y emociones ajenas.

Además, el narcisismo no siempre responde al estereotipo de la persona arrogante, segura de sí misma y convencida de estar por encima de los demás. Existe un perfil grandioso, dominante y más visible, pero también otro más vulnerable, caracterizado por una enorme sensibilidad ante la crítica y por sentirse fácilmente herido, incomprendido o insuficientemente reconocido.

De ahí una de las claves que aporta la psicóloga: el narcisismo no siempre significa quererse demasiado. "Muchas veces consiste en necesitar constantemente que los demás sostengan el valor que uno no consigue mantener internamente".

chica retrato© Getty Images

Ser narcisista no significa siempre ser una mala persona

Por otra parte "narcisista" se ha convertido también en una etiqueta que aplicamos rápidamente a personas que nos han hecho daño. "Creo que es importante decirlo porque estamos utilizando la palabra "narcisista" con demasiada facilidad, casi como sinónimo de manipulador, maltratador o mala persona".

Pero Sara Navarrete advierte de que conviene evitar esta simplificación. "La psicología no debería utilizarse para repartir carnés de buenos y malos".

Una persona puede mostrar rasgos narcisistas y ser, al mismo tiempo, cariñosa con sus hijos, responsable en el trabajo, generosa o capaz de ayudar a los demás. En cambio, cuando se siente cuestionada, ignorada, rechazada o poco valorada puede manifestar esos rasgos que tanto nos incomodan o que nos resultan tóxicos. 

Por ejemplo, comportamientos como descalificar al otro, culpabilizarlo, adoptar sistemáticamente el papel de víctima, competir, reaccionar con hostilidad ante las críticas o tratar de recuperar el control de la situación.

Mujer sentada en una reunión © Getty Images

Las señales que pueden indicar un patrón narcisista

Pero, ¿cómo distinguimos a una persona narcisista que puede hacernos daño? Una de las mayores dificultades es que muchos de los comportamientos asociados al narcisismo podemos tenerlos cualquiera de nosotros en algún momento. Todos podemos ser egoístas, reaccionar mal ante una crítica o necesitar que reconozcan nuestro esfuerzo.

Por eso, no debemos fijarnos en un episodio aislado, sino en un patrón que se mantiene en el tiempo y se reproduce en diferentes situaciones y relaciones.

Entre las señales más habituales, Navarrete señala una necesidad intensa de admiración, la sensación de merecer un trato especial, la tendencia a exagerar los propios logros, la dificultad para reconocer errores, la escasa tolerancia a las críticas o los problemas para ponerse verdaderamente en el lugar del otro.

También puede resultar revelador observar qué sucede cuando la imagen que esa persona tiene de sí misma se tambalea. Una crítica aparentemente pequeña puede vivirse como una amenaza y desencadenar desprecio, ataques, retirada del afecto o culpabilización.

En las relaciones de pareja puede aparecer además una dinámica especialmente desconcertante: una intensa idealización inicial, con mensajes como "nunca había conocido a nadie como tú", que posteriormente da paso a la devaluación cuando el otro empieza a poner límites o deja de responder a las expectativas: "Has cambiado", "eres demasiado sensible" o "todo te molesta".

Aun así, la psicóloga insiste en que ninguno de estos comportamientos permite por sí solo diagnosticar a nadie. Lo que marca la diferencia es la rigidez, intensidad y repetición del patrón.

Mujer dando las gracias © Getty Images

¿El narcisista nace o se hace?

Llegamos a la "pregunta del millón" y la respuesta es que no existe una única causa. Como ocurre con otros rasgos de personalidad, intervienen tanto factores biológicos como ambientales. "No existe 'el gen del narcisismo' ni podemos mirar el cerebro de un bebé y saber que será narcisista", señala Navarrete.

La personalidad va construyéndose a través de la interacción entre temperamento, aprendizaje, vínculos tempranos, experiencias familiares y sociales y la forma en la que desarrollamos nuestra autoestima.

Y pueden existir caminos aparentemente contrarios. Un niño puede crecer escuchando continuamente que es especial o mejor que los demás. Otro, en cambio, puede aprender que para recibir amor y reconocimiento tiene que cumplir determinadas expectativas, destacar o esconder su vulnerabilidad. En ambos casos, explica la experta, puede terminar desarrollándose una autoestima demasiado dependiente de la mirada externa.

Aunque existen investigaciones que han observado diferencias relacionadas con determinados rasgos narcisistas en circuitos cerebrales implicados en la empatía, las emociones o la autorreferencia, Navarrete pide prudencia. "No existe un 'cerebro narcisista' que permita diagnosticar a una persona mediante una resonancia". La biología puede predisponer, pero no determina inevitablemente cómo será alguien.

Pareja joven feliz en la playa© Getty Images

Cómo relacionarte con una persona narcisista sin perderte tú

El problema se vuelve especialmente complejo cuando esa persona es nuestra pareja, nuestro padre, una hermana o nuestro jefe y, por tanto, no podemos o no queremos alejarnos completamente.

En estos casos, Navarrete recomienda empezar por abandonar una expectativa que puede mantenernos atrapados durante años: pensar que, si conseguimos explicarnos suficientemente bien, finalmente la otra persona comprenderá lo que está haciendo y cambiará.

Por otro lado, una de las herramientas fundamentales son los límites. Pero deben ser concretos. "Quiero que dejes de tratarme así" no establece realmente qué ocurrirá si el comportamiento continúa. En cambio, "si empiezas a insultarme, termino la conversación y hablaremos en otro momento" sí lo hace. "El límite habla de lo que yo voy a hacer, no de conseguir controlar lo que hará la otra persona", explica.

También conviene evitar las interminables batallas por demostrar quién tiene razón. Algunas conversaciones pueden convertirse en un laberinto en el que empezamos explicando algo que nos ha dolido y acabamos pidiendo perdón nosotros por haberlo mencionado.

Pareja discutiendo en la calle© Getty Images

Con familiares puede ser necesario ajustar expectativas y modificar la distancia emocional. Con una pareja, resulta fundamental observar si existe capacidad real para reconocer el daño, asumir responsabilidades y cambiar comportamientos. Y ante un jefe con importantes rasgos narcisistas, puede ayudar establecer acuerdos concretos, dejar constancia de ciertas decisiones y evitar que su aprobación se convierta en la medida de nuestro valor profesional.

Eso sí, existe una línea que no debemos normalizar. Si aparecen humillaciones constantes, aislamiento, control, amenazas, miedo o maltrato psicológico, la prioridad ya no es aprender a manejar mejor a una persona con rasgos narcisistas, sino buscar apoyo y protección.

Y quizá ahí esté la reflexión más importante. Navarrete explica que muchas personas pasan años intentando averiguar cómo conseguir que el otro cambie cuando la pregunta que puede transformar realmente su situación es diferente: "¿Qué necesito cambiar yo para que la forma de relacionarse de esta persona deje de determinar mi bienestar?"

Porque no siempre podremos modificar la manera de comportarse de los demás. Pero sí podemos decidir, como concluye la psicóloga, "hasta dónde permitimos que ese comportamiento entre en nuestra vida".