Que una boda guste a sus invitados implica, casi sin excepción, que represente a los novios. Que, nada más arrancar la ceremonia, probar el primer canapé o sonar la primera canción, se piense y se sienta aquello de "es muy ellos". Con ese objetivo en la mente, Helena y Bernat idearon toda su celebración y en especial la decoración, orquestada en torno a dos elementos que les identifican: la piedra de marés, típica de Muro, pueblo mallorquín en el que nació él; y el tulipán blanco y abierto, la flor favorita de ella. En combinación, piedra y flor conformaron un ecosistema decorativo precioso en una boda frente al mar con la que la pareja inauguró una nueva etapa y la que siempre será su primavera más especial.
Helena y Bernat, ambos de Mallorca, se conocieron en 2020, poco antes de que a él le destinaran a Huesca por trabajo. "Exprimimos el verano al máximo y luego empezamos a tener la relación a distancia, que nunca fue un impedimento para nosotros. ¡Al contrario", bromea Helena ante de recordar cómo le pidió matrimonio. "Fue el regalo de mis 30. Me lo pidió el fin de semana de mi cumpleaños en Formentor. No habíamos hablado nunca de casarnos y menos en ese momento, ya que teníamos otros proyectos abiertos. Para mí fue una sorpresa, ¡no esperaba nada! Él no sabía cómo podría reaccionar, pero me hizo mucha ilusión", explica la novia sobre la pedida.
Se casaron un 21 de marzo en Playa de Muro, en la zona norte de Mallorca. "Lo organizamos todo nosotros mismos, ya que queríamos algo muy sencillo. Nos casó una amiga de la familia. Fue una ceremonia muy natural y cercana, donde la espontaneidad estuvo muy presente", recuerda Helena. Ella eligió a Cortana para que firmara su vestido de novia. "Además de ser una marca mallorquina, toda su inspiración está muy ligada a la isla. Es algo que me encanta, ya que me siento muy conectada a Mallorca. Sentí que sus diseños reflejaban muy bien mi manera de ser y cómo quería sentirme el día de la boda: muy natural y con un estilo atemporal", confiesa Helena sobre su look nupcial.
"Me sacaron varios vestidos muy diferentes entre ellos, pero al final me quedé con el primero que me probé. Creo que es importante dejarse llevara y confiar en las sensaciones: muchas veces no eres tú quien elige el vestido, sino el vestido el que te elige a ti", sostiene la novia, sobre el momento de decidir el estilismo. "Decidí que llevaría los mitones de tul de seda el mismo día que fui a recoger el vestido... ¡Tres días antes de la boda!", confiesa la novia. Además, lució unos pendientes prestados por su madrina, zapatos de Mascaró -"al final, todo el look se quedó en las Baleares", bromea- y un anillo regalado y realizado por Blanca, su mejor amiga.
Es imposible entender la boda de Helena y Bernat sin hablar de Blanca, que, además de ese anillo tan especial, se encargó de ilustrar toda la papelería y un panel presente en la celebración. "Es mi mejor amiga de la infancia y creó todos los elementos ilustrados a mano que dieron unidad a toda la decoración: los sobres, el menú.... También nuestro regalo de boda a los invitados: sobres personalizados, todos diferentes, pintados por ella misma. Además, pintó sobre un lienzo de tres metros y medio unas flores inspiradas en el tulipán blanco que parecían estar en movimiento. Es una auténtica maravilla, una obra de arte", reconoce Helena.
El tulipán blanco hilvana, a través de dibujos, toda la papelería, pero además estuvo presente en las flores que presidían la mesa, elegidas por los novios junto al equipo de Es Serral Flors & Events. También el marés que tanto encaja con Bernat, que encontró su lugar en la decoración a través de bloques decorativos a modo de soporte creados por él mismo.
La implicación de los novios y la delicadeza con la que Blanca plasmó su relación con sus ilustraciones originó una boda a la altura de lo que los novios esperaban: muy suya, muy íntima, muy acogedora. "Tener a toda la gente que queremos reunida en el mismo lugar es una sensación indescriptible", reconoce Helena sobre ese día tan especial.











