UN 'SÍ, QUIERO' ENTRE VIÑEDOS

Laura, la periodista que se casó en una bodega del siglo XIX con el vestido que había soñado de niña y un ramo de peonías inspirado en 'Gossip Girl'


Esta riojana escogió una creación de Jesús Peiró y diseñó ella misma la papelería de su boda, celebrada este verano en un espacio vinícola único


© Laura Espivar
Cristina GonzálezRedactora de FASHION
1 de septiembre de 2026 a las 18:49 CEST

Hay quienes llevan imaginando cómo sería su boda perfecta desde una edad muy temprana, soñando con el vestido que lucirán el día de su 'sí, quiero', y sin embargo, cuando llega la hora de encontrar ese diseño especial, se sorprenden al no tenerlo tan claro como pensaban. Es lo que le ocurrió a la protagonista de nuestra historia, Laura, cuando se sumergió en la búsqueda de su look nupcial: "Iba con una idea muy clara del estilo que me gustaba, pero la elección final no pudo ser más diferente", admite.

La idea de la que partía era un diseño cómodo y sencillo, de tejido fluido y sin volumen. "Pero cuando empecé a probarme modelos, ninguno me convencía. Fue mi madre quien me animó a intentarlo con uno tipo ‘princesa’, con cola y volumen en la falda. Y como siempre, el sexto sentido de las madres acertó. Así que comencé a buscar vestidos con esa silueta que, además, me favorecía muchísimo más y curiosamente es lo que me imaginaba de niña cuando soñaba con mi vestido de novia".

Media Image© Laura Espivar

Un vestido de novia en garza de lino que fue amor a primera vista

Como la búsqueda en Madrid, donde reside Laura, no estaba dando sus frutos, decidió viajar hasta su Logroño natal para intentar dar con el vestido de su boda. "Me agobié bastante porque, además, no paraban de decirme que iba un poco justa de tiempo y que debía elegir cuanto antes", nos cuenta. "Hasta que decidí ir a probarme diseños en Logroño para que pudiera venir mi hermana y ver qué opinaba, ya que no había podido desplazarse hasta la capital. Así, sin esperanzas y de forma totalmente inesperada, me enamoré de este vestido de Jesús Peiró. Me llamó la atención nada más entrar en la tienda pero, como no quería escote palabra de honor, no lo tuve en cuenta. Fue la dependienta quien me recomendó que le diera una oportunidad".

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Nuestra novia asegura que fue un flechazo instantáneo y que tras aquella visita decidió cancelar el resto: lo tenía claro. "Una de las cosas que más me gustaron fue su tejido en garza de lino que tiene un poco de textura y destellos de brillo en el cuerpo, lo que lo aleja de los clásicos vestidos blancos totalmente lisos". Un diseño minimalista, que destaca también por sus drapeados y un talle bajo que afina la cintura de forma muy favorecedora.

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Tanto le gustó su vestido, que no quiso apostar por un segundo look para la fiesta posterior al banquete. "Lo pensé, pero me gustaba tanto el vestido y me daba tanta pena no aprovecharlo al máximo, que decidí no cambiarme. Después del cóctel sí me quité los manguitos, que iban sujetos al cuerpo con botones a presión, transformando el escote Bardot en un palabra de honor, y me recogí la cola antes del baile con unos botones ocultos que me integraron en el diseño".

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Velo para una ceremonia civil y un ramo inspirado en una de sus series favoritas

No suele ser habitual que las novias lleguen veladas cuando se trata de una boda civil, pero como bien dice Laura: "Creo que tienes que vestirte como te apetezca, que para eso es tu día". Y ella tenía muy claro que quería acompañar su vestido con un velo: "Buscaba algo sencillo, que hiciera la función de cola y se enganchara en el recogido del pelo. Era muy sencillo: totalmente liso, montado sobre una peineta y con un remate de pedrería brillante".

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También estaba segura de que serían unas sandalias de tacón ancho las que completasen su look: "Quería un calzado con el que pudiera aguantar al menos hasta el baile y que supiera que iba a reutilizar en futuras ocasiones. De nuevo, fue mi madre quien me recomendó echar unvistazo en Mascaró, y ahí encontré las sandalias Ruth, que me encantaron por su tejido brillante en color champán".

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Y aunque en los últimos meses los colgantes tipo choker se han puesto muy de moda en el universo nupcial, nuestra novia decidió huir de las tendencias y prescindir de joyas en el cuello. En su lugar, apostó por unos pendientes desmontables de Paulet que llamaron la tención entre sus invitadas: "Las rosetas con brillantes son la pieza principal e incorporan dos cadenas de diferentes larguras coronadas por una perla de agua que puedes lleva juntas o por separado. Fue uno de los detalles por los que más me preguntaron el día de la boda. Me los regaló mi madre, así que me sirvieron como ‘algo nuevo’".

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No quiso que su ramo fuese totalmente blanco, aunque eso sí, tenía clarísimo que quería incluir peonías en él. "Como buena fan de Gossip Girl, no podía quitarme de la cabeza el ramo de Blair", confiesa. "Le pasé todas mis ideas a Natalia, de Espacios Verdes Logroño (quienes se encargaron de toda la decoración floral) y añadimos también rosas envejecidas. Lo decoré con una cinta de algodón que me bordó mi hermana con los nombres de mis abuelos, Teodora y Miguel, y un ‘Siempre a mi lado’. Mi abuela falleció en noviembre de 2024 y fue una de mis grandes ausencias en la boda, así que quería que estuviera muy presente. Por eso también añadí al ramo el rosario con el que ella rezaba todas las noches".

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Una bodega centenaria en La Rioja Alavesa y papelería diseñada por la propia novia

Laura y Alejandro se conocieron a través de amigos en común y formalizaron su relación dos años después, justo cuando llegó el Covid y la periodista se encontraba en La Rioja. "Nos tocó estar unos meses separados, y en 2023, nos fuimos a vivir juntos. La idea de casarnos siempre había estado en el aire porque yo llevo soñando con mi boda desde que tengo memoria, pero tampoco teníamos prisa", explica Laura. "En septiembre de 2024, durante un viaje con amigos en Malasia, Alejandro tuvo un accidente de buceo bastante grave. Dijo que le hizo darse cuenta de lo que quería en la vida y de la importancia de vivir el presente y no pensar tanto en el futuro. Así que, seis meses después, me pidió matrimonio".

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No quisieron contar con wedding planner a pesar de organizar la boda a distancia entre Madrid y La Rioja, pero consiguieron que todo saliese a la perfección. "Una de las cosas que nos gustaron de Marqués de Riscal fue precisamente que nos lo ponían muy fácil, pues cuentan con restaurante propio, por lo que no necesitábamos catering, y tienen un acuerdo con la floristería Espacios Verdes que incluye parte de la decoración". Fue en esta bodega de 1858 donde se dieron el sí, quiero.

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"El último mes fue el más intenso, porque se juntó todo: reuniones con los proveedores para terminar de confirmar y cuadrar detalles, gestionar y organizar pagos, clases de baile, decisiones y cambios de última hora, pruebas de vestido… y todo esto mientras trabajas e intentas socializar un mínimo", relata Laura, que como muchas otras novias, también experimentó el estrés antes del gran día. "Además, me compliqué la vida a mí misma y decidí encargarme de toda la papelería de la boda. Me hacía mucha ilusión que tuviera ese toque personal, así que diseñé las minutas del cóctel con una ilustración de la bahía de Santander (donde siempre veraneamos desde que estamos juntos) y las del banquete, con una ilustración de nuestra perrita".

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Explica que su suegra, que es interiorista, le ayudó con parte de la decoración, en la que tampoco hizo falta invertir demasiado debido al privilegiado espacio donde celebraron la boda. "Las vistas del hotel y los viñedos son espectaculares. También contratamos a una artista, Marta de Tintarella, para que hiciera ilustraciones en directo de los invitados y estos se las pudieran llevar de recuerdo".

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Laura recuerda con mucho cariño su boda, destacando lo abrumador y especial que resulta reunir a las personas más importantes de tu vida en un mismo espacio. "De hecho, agradecimos haber celebrado la preboda porque nos dio un extra de tiempo para saludos, presentaciones y compromisos. Gracias a eso pudimos disfrutar mucho más el día de la boda".