"Llevo alisándome el pelo desde los 14 años y a los 36 he descubierto mis rizos": el cambio que según la psicología refleja una mejor autoestima


La psicóloga Leticia Martín Enjuto explica qué puede significar volver al pelo natural después de años intentando cambiarlo


maria pedraza pelo rizado© mariapedraza_
Patricia de la TorreColaboradora de Belleza
1 de septiembre de 2026 a las 19:34 CEST

Llevo alisándome el pelo desde los 14 años. Y tengo 36. Haced las cuentas porque yo prefiero no hacerlas. Durante más de dos décadas mi pelo ha pasado por planchas, secadores y todo tipo de estrategias destinadas a conseguir una cosa bastante concreta: que no pareciera rizado. Lo he hecho durante tanto tiempo que ahora, cuando lo llevo natural, hay personas de mi entorno que me miran sorprendidas y me dicen algo que todavía me hace gracia: "No sabía que tenías el pelo rizado". 

Pues sí. Lo tengo. Bastante, además. Y llegar hasta aquí no ha sido simplemente guardar la plancha en un cajón. Me ha costado acostumbrarme a verme, entender qué corte necesita mi pelo, aprender a cuidarlo y, sobre todo, dejar de intentar que cada rizo esté exactamente donde yo había decidido que tenía que estar. 

julie hocke© juliehocke

Alejandro Presas, estilista de Montibello, o Alberto Cerdán han sido algunos de los peluqueros que me han ayudado a encontrar cortes y peinados pensados para mi rizo, y también me han enseñado las claves para peinarme en casa. Ahora me siento cómoda. Me gusta. Y no voy a vender la historia de que aceptar mis rizos me cambió la vida porque sería demasiado bonito para ser verdad. Pero sí siento que ha acompañado una nueva etapa después de una época complicada. Me ha ayudado a quererme un poco más y a reconocerme de otra manera. Y, curiosamente, desde que he dejado de preocuparme tanto por si a los demás les gusta mi pelo, no paran de decirme que les encanta.

Así que había una pregunta bastante evidente que hacer: ¿qué significa, desde la psicología, dejar de luchar contra una característica física que llevamos media vida intentando cambiar?

maria pedraza pelo rizado© mariapedraza_

Llevar el pelo natural puede decir más de nosotros de lo que pensamos

"Puede ser un reflejo de un cambio en la relación que esa persona tiene consigo misma y con su propia imagen", explica Leticia Martín Enjuto, Psicóloga General Sanitaria y directora del Centro de Psicología Leticia Martín Enjuto. Y aquí reconozco que me vi bastante reflejada.

La psicóloga puntualiza que dejar de alisarnos o teñirnos no significa necesariamente que antes odiáramos nuestro cabello. En mi caso, por ejemplo, nunca recuerdo haber pensado conscientemente "odio mis rizos". Era algo mucho más automático. Me veía mejor con el pelo liso, sabía manejarlo liso y durante años esa fue sencillamente mi imagen. Hasta el punto de que casi había olvidado cómo era realmente mi pelo.

"Decidir llevarlo tal y como es puede significar que ha dejado de sentir que necesita transformarlo para sentirse segura", señala Martín Enjuto. Y añade que llevar el pelo natural también puede convertirse en una decisión de autenticidad. Algo tan sencillo como pensar: "Esto soy yo y me gusta verme así".

NEW YORK, NEW YORK - JULY 14: Zendaya attends "The Odyssey" New York Premiere at AMC Lincoln Square Theater on July 14, 2026 in New York City© Getty Images
Zendaya lleva años demostrando que rizos, ondas y texturas naturales también tienen sitio en las alfombras rojas más sofisticadas

El pelo natural, la autoestima y esa manía de intentar corregirnos

"El pelo tiene un componente muy importante en nuestra identidad", explica Martín Enjuto. Es visible, modificable y tiene una enorme capacidad para alterar cómo nos vemos. Cuando no nos sentimos cómodas con él, esa sensación puede terminar contaminando la percepción general que tenemos de nuestra imagen. "A veces no cambia nuestro pelo, cambia la manera en la que lo miramos", reflexiona.

Mi pelo, desde luego, no se ha despertado diferente a los 36 años. Los rizos estaban ahí cuando tenía 14, 20 y 30. Lo que ha cambiado es que ahora no siento la necesidad inmediata de eliminarlos. He tenido que aprender a cuidarlos y encontrar profesionales que entendieran que un pelo rizado no puede cortarse pensando únicamente en cómo quedará después de pasarle una plancha. Pero también he tenido que acostumbrarme a mi propia imagen. Y esto último ha sido lo más curioso de todo.

Mujer con melena rubia rizada y textura natural, camiseta blanca y falda larga en una calle de París.© @freepeopleeu
Dejar que el rizo haga lo que quiera sin perseguir un acabado perfecto también puede ser una forma de reconciliarnos con nuestro pelo y empezar a disfrutar de su textura natural

Llevar el pelo natural también tiene que ver con los cánones de belleza

Ninguna se levanta un día con 14 años y desarrolla sus gustos estéticos dentro de una burbuja. Durante muchísimo tiempo hemos recibido mensajes bastante claros sobre qué pelo era elegante, arreglado, femenino o profesional y cuál necesitaba ser controlado. "La presión social tiene mucho más peso del que a veces somos conscientes", explica Martín Enjuto. 

Desde pequeñas vemos determinados tipos de cabello elevados a la categoría de ideal mientras otros aparecen como algo que hay que "domesticar, alisar o modificar". Y de tanto verlo podemos acabar creyendo que esa preferencia es exclusivamente nuestra. Eso tampoco significa que haya que demonizar las planchas. Mañana puedo querer llevar el pelo completamente liso y seguir sintiéndome exactamente igual de bien conmigo misma. Para la psicóloga, no es lo mismo pensar "me apetece verme así" que sentir "necesito verme así para sentirme bien conmigo misma".

HOLLYWOOD, CALIFORNIA - MARCH 15: Odessa A'zion attends the 98th Oscars at Dolby Theatre on March 15, 2026 in Hollywood, California© Getty Images
Los rizos también reclaman su sitio en la alfombra roja

Volver al pelo natural a los 36 no significa que de repente me quiera muchísimo

Llevar el pelo natural no te convierte automáticamente en una mujer segura, empoderada y reconciliada con todos sus complejos. Ojalá fuese tan fácil. "Sería demasiado simplista interpretarlo siempre de esa manera", advierte Martín Enjuto. Podemos dejar de alisarnos porque nos hemos reconciliado con nuestra imagen, sí, pero también porque estamos hartas de perder tiempo, porque hemos cambiado de gustos o porque simplemente nos resulta más cómodo. Lo importante es qué sucede alrededor de esa decisión. Si viene acompañada de menos autocrítica, menos ganas de esconder una característica física y más tranquilidad ante la mirada de los demás, entonces sí puede formar parte de algo mayor. 

"La clave no está en llevar el pelo natural, sino en poder mirarnos y pensar: puedo llevarlo como quiera porque mi valor no depende de conseguir una determinada apariencia", explica. Y creo que ahí encuentro mejor mi experiencia que en cualquier discurso sobre "abrazar mis rizos". No he descubierto a los 36 que el pelo rizado sea mejor que el liso. He descubierto que no tengo que alisármelo para verme bien.

Mujer con larga melena castaña de rizos naturales definidos, sombrero de ala ancha y camisa azul en un entorno rural© @sophiegregory__
Llevar el pelo natural no significa renunciar a cuidarlo

Por qué con la edad el pelo natural puede empezar a gustarnos más

Hay otra parte de la explicación de Martín Enjuto que me ha parecido interesante porque no habría hecho este cambio a los 20 años. Con el tiempo conocemos mejor qué nos gusta, qué nos representa y, quizá lo más importante, empezamos a identificar qué hacemos porque queremos y qué seguimos haciendo simplemente porque siempre lo hemos hecho así.

Puede disminuir también la necesidad de aprobación externa. No porque de repente deje de importarnos estar guapas (a mí desde luego me sigue importando), sino porque cambia la persona a la que intentamos gustar primero. "Puede llegar un momento en el que una mujer piense: ya no quiero dedicar tanta energía a luchar contra mi pelo", explica la psicóloga. Exactamente.

Después de una etapa complicada, empezar otra llevando mi pelo como es ha terminado teniendo para mí un pequeño componente simbólico que no había buscado. No decidí llevarlo rizado pensando "voy a iniciar un proceso de aceptación personal". Simplemente empecé a hacerlo. Después llegaron los cortes adecuados, aprender a cuidarlo, verme diferente en las fotos, acostumbrarme al espejo y descubrir que me gustaba. Y también llegaron los comentarios. Muchos. "Qué bonito tienes el pelo", "te queda genial así", "no sabía que tenías rizos". 

Resulta bastante paradójico pasarte veinte años intentando esconder algo para descubrir después que era precisamente una de las cosas que más llamaban la atención cuando dejabas de esconderla. Quizá, como dice Leticia Martín Enjuto, aceptar nuestro pelo puede ser "una pequeña expresión de algo mucho más profundo: sentirnos cada vez más cómodas siendo quienes somos".