Estos días de calor extremo no nos cansamos de recordar cuánto puede ayudarnos lo que ponemos en la mesa a la hora de sobrellevar mejor las temperaturas disparadas. Llenar la cesta de la compra con frutas y verduras de temporada, ricas en agua y nutrientes, es una de las mejores estrategias. Con ellas podemos preparar infinidad de recetas veraniegas y hoy ponemos el foco en el universo de los smoothies y los batidos.
Sabemos que, como recuerdan siempre los nutricionistas, lo recomendable es que las frutas y verduras formen parte de nuestra dieta habitual en su versión entera. Masticarlas aumenta la sensación de saciedad y permite aprovechar mejor su estructura natural. Además, cuando las exprimimos para hacer zumo, buena parte de la fibra se pierde y los azúcares pasan a estar libres, por lo que el organismo los absorbe con mayor rapidez.
No obstante, eso no significa que haya que renunciar a ellos. De vez en cuando, un smoothie o un batido bien fresquito puede ser una opción deliciosa y muy apetecible para refrescarse durante los días de más calor.
SMOOTHIES Y BATIDOS: ¿EN QUÉ SE DIFERENCIAN?
Muchas veces usamos ambos términos como sinónimos y lo cierto es que a veces la diferencia es algo difusa. Un smoothie suele prepararse triturando fruta y/o verdura junto con algún líquido como agua, bebida vegetal o leche. Si incluye esta última, mientras siga predominando la consistencia densa de la fruta y verdura triturada (especialmente si se usa congelada), se puede seguir llamando smoothie. O, más preciso aún, Milky smoothie.
Si, al contrario, ese componente lácteo está más presente (leche, yogur o incluso helado), estaríamos ya en el terreno de los batidos, con una textura más cremosa y un sabor más goloso.
Pero más allá de la terminología, lo importante es la calidad de los ingredientes y evitar añadir cantidades innecesarias de azúcar.
BATIDOS CON TEXTURA, SIN SUMAR MUCHAS CALORÍAS: CÓMO CONSEGUIRLO
Si buscamos un batido de auténtico capricho, ingredientes como el helado, la nata o la leche entera aportan una textura especialmente cremosa. Pero si la idea es preparar una versión más ligera, existen alternativas igual de apetecibles.
El yogur natural (sin azúcares añadidos), el skyr, el queso fresco batido 0 % o el kéfir son excelentes aliados. Además de proporcionar una consistencia más densa y sedosa que la leche por sí sola, enriquecen el batido con proteínas, un nutriente que contribuye a aumentar el poder saciante de la bebida.
También se puede recurrir al plátano congelado, al aguacate en pequeñas cantidades o incluso a unas cucharadas de copos de avena finos, que aportan cuerpo de forma natural sin necesidad de recurrir a ingredientes más calóricos.
IDEAS DE SMOOTHIES REFRESCANTES
En verano es el momento perfecto para sacar partido a frutas especialmente ricas en agua como la sandía, el melón, el melocotón, la nectarina, las ciruelas... También es una buena época para incorporar verduras como el pepino, el calabacín o el tomate, que aportan frescor y combinan sorprendentemente bien con muchas frutas. Aquí tienes algunas ideas de combinaciones:
- Sandía, fresa y menta. Una mezcla muy hidratante y aromática. Tritura con hielo y unas gotas de lima para potenciar aún más el efecto refrescante.
- Melón, pepino y hierbabuena. Suave, ligero y perfecto para los días de más calor. Si quieres un punto extra de sabor, añade un chorrito de limón.
- Melocotón, zanahoria y naranja. Dulce de forma natural y rico en betacarotenos. Una pizca de jengibre fresco le da un toque muy veraniego.
- Nectarina, frambuesas y zumo de naranja. Dulce, afrutado y con un agradable punto cítrico que potencia el sabor de la fruta de temporada.
- Mango, piña y agua de coco. Un smoothie de inspiración tropical, muy refrescante e hidratante. Unas hojas de menta o un chorrito de lima realzan todavía más su sabor.
- Albaricoques y melón. Una mezcla delicada y muy jugosa, ideal para aprovechar dos frutas de temporada.
- Kiwi, uvas y pepino. Refrescante, ligeramente ácido y perfecto para quienes prefieren sabores menos dulces.
- Tomate, sandía y albahaca. Muy refrescante e inspirado en los sabores mediterráneos. La sandía aporta dulzor y jugosidad, mientras que la albahaca le da un aroma muy especial.
- Piña, pepino y espinacas. Las espinacas son una de las verduras que mejor quedan a la hora de hacer smoothies.
IDEAS DE BATIDOS IRRESISTIBLES
La leche, el yogur, el kéfir o las bebidas vegetales permiten preparar, como decíamos antes, batidos para todos los gustos: desde recetas ligeras para el desayuno o la merienda hasta versiones más golosas para darse un capricho ocasional.
- Plátano, yogur griego natural y canela. Un clásico cremoso que nunca falla.
- Frambuesas, queso fresco batido 0 % y vainilla. Mucha textura con un aporte extra de proteínas.
- Melocotón, skyr y almendras molidas. Muy saciante y alto en proteínas.
- Mango, bebida de coco y lima. Sabor tropical con una textura muy sedosa.
- Café frío, leche y cacao puro. Ideal para los amantes del café. Puedes añadir hielo para convertirlo en un auténtico frappé ligero.
- Plátano congelado, leche y crema de cacahuete. Muy energético y perfecto después de hacer ejercicio.
- Cerezas, yogur natural y cacao puro. Una combinación diferente que recuerda ligeramente al chocolate con frutas.
- Melón, kéfir y hojas de menta. Muy refrescante y con un agradable toque ácido.
- Arándanos, helado de vainilla y leche fría. Un batido muy cremoso y goloso. Sírvelo decorado con unos arándanos frescos por encima.
ERRORES MÁS COMUNES AL HACER SMOOTHIES Y BATIDOS
Preparar estos smoothies y batidos es muy sencillo, pero hay algunos errores que pueden marcar la diferencia entre una bebida deliciosa y otra menos apetecible.
- Elegir fruta fuera de temporada. Además de ser más cara, suele tener menos sabor, por lo que es más fácil caer en la tentación de añadir azúcar.
- Añadir demasiados ingredientes. Cuantos más sabores mezclamos, más difícil es conseguir un resultado equilibrado. Tres o cuatro ingredientes principales suelen ser suficientes.
- Abusar de los endulzantes. Si la fruta está madura, normalmente no hace falta añadir azúcar, miel, siropes ni otros edulcorantes.
- No jugar con la textura. Copos de avena finos, yogur natural, skyr, queso fresco batido, semillas de chía o un plátano congelado pueden aportar cuerpo de forma natural.
- No utilizar suficiente hielo o fruta congelada. Son el secreto para conseguir una bebida especialmente refrescante y cremosa.
- No contar con una batidora potente. Especialmente si vamos a triturar hielo, frutas congeladas o verduras fibrosas. El resultado será mucho más fino y agradable.
- Prepararlos con demasiada antelación. Lo ideal es consumirlos justo después de hacerlos. Con el paso del tiempo pueden oxidarse, perder parte de algunas vitaminas y cambiar tanto de color como de textura.










