El maquillaje vive obsesionado con la naturalidad. Cada temporada aparece una técnica que promete ese efecto de piel fresca que parece no llevar maquillaje y, sin embargo, transforma el rostro. El último ejemplo tiene nombre de disciplina artística: ballet blush. La técnica, inspirada en el rubor de las bailarinas tras una coreografía intensa, se ha convertido en una de las tendencias más comentadas en pasarelas, alfombras rojas.... y también en el street style: María Pombo se ha maquillado así para asistir al desfile de Zimmermann en Paris Fashion Week.
"Reproduce los signos de vitalidad y juventud a través del rubor natural de la piel", explica la maquilladora Marta Arce, codirectora creativa de U/1ST. Ese es justo el motivo por el que esta forma de aplicar el colorete funciona tan bien, porque así es cómo aparece el color cuando lo hace de forma natural. El resultado es dulce, luminoso y sorprendentemente favorecedor.
'Ballet blush': qué es exactamente la técnica de colorete inspirada en las bailarinas
El ballet blush toma como referencia la imagen de las bailarinas después de bailar. Rostros luminosos, mejillas ligeramente sonrojadas y una piel que parece irradiar energía. Según Marta Arce, esta técnica busca recrear ese efecto de forma sutil y difuminada. "Imita el tono suave, luminoso y natural que parece venir desde dentro de la piel cuando hacemos ejercicio o el rubor natural que aparece por emoción". Se diferencia de otras técnicas de colorete porque el color se aplica en la manzanita del pómulo (donde aparece el rubor natural) y se difumina suavemente hacia la sien creando un velo ligero que aporta frescura y luminosidad al rostro.
La maquilladora Daniella Miguens, de NYX Professional Makeup, lo define como "un acabado etéreo, fresco y ligeramente sonrosado que aporta un aspecto saludable y romántico, justo lo contrario a un look más foxy, que eleva el color para crear un efecto más felino".
Aunque ahora se haya convertido en tendencia viral, en realidad es una técnica que los maquilladores llevan utilizando desde hace años en editoriales y pasarela. Según explica Miguens, su regreso tiene mucho que ver con el auge de estéticas suaves como el balletcore y con la búsqueda de maquillajes que potencien la belleza natural. "Es un estilo que históricamente hemos visto mucho en pasarela, por ejemplo en los desfiles de Victoria’s Secret, donde siempre se ha apostado por ese efecto de piel fresca y mejillas sonrojadas", cuenta.
Por qué favorece a todas
"Este tipo de aplicación aporta inmediatamente buena cara", explica Marta Arce. "Al aplicarlo ligeramente alto en el pómulo y difuminarlo hacia la sien, no solo añade color, también crea un efecto óptico de rostro más elevado, fresco y descansado". En otras palabras, levanta el rostro de forma sutil y aporta luminosidad.
Para el maquillador Roberto Siguero, National Makeup Artist de Lancôme, el ballet blush funciona porque recrea la imagen idealizada que el público tiene de las bailarinas. "Es ese rubor natural, fresco, que da dulzura y aspecto de piel jugosa", explica.
Curiosamente, el efecto que percibimos en escena es casi una ilusión óptica. "En realidad, las bailarinas utilizan muchísimo polvo suelto por el sudor", añade Siguero. "Pero lo que percibe el espectador desde el patio de butacas es ese colorete fresco, natural, joven y luminoso". Y esa es exactamente la estética que el ballet blush traslada al maquillaje cotidiano. Aunque matiza que si viéramos el maquillaje de las bailarinas verdaderamente en primera persona nos daríamos cuenta de que es bastante potente.
Cómo aplicar el colorete para conseguir mejillas de bailarina
La técnica tiene varios trucos profesionales. El primero es la ligereza. El color nunca debe verse compacto ni marcado. "La clave está en aplicar una pequeña cantidad de producto en la parte alta del pómulo, ligeramente por encima de la manzana de la mejilla", explica Marta Arce. Después se difumina hacia la sien creando un velo de color muy transparente. Su truco profesional es trabajar siempre en capas. "Construir el color poco a poco hace que se integre mejor con la piel y que el resultado parezca espontáneo".
Para Roberto Siguero el secreto del gesto es "buscar ese colorete un poco tipo Heidi y difuminarlo bien hacia la sien".
La textura del producto también influye mucho en el resultado. Daniella Miguens recomienda fórmulas en crema porque se funden mejor con la piel y aportan ese acabado jugoso característico del ballet blush. Además, utiliza un pequeño truco de maquilladora: trabajar el producto primero en el dorso de la mano para ajustar el tono y mezclarlo con un iluminador líquido sin partículas de brillo. "Esto aporta un glow muy natural a la piel", explica. También se pueden mezclar varios tonos de colorete para personalizar el resultado, como hizo la maquilladora de Margot Robbie durante la promoción de Cumbres borrascosas.
En cuanto a colores, los tonos rosas o rojizos cálidos funcionan especialmente bien porque replican el color real del sonrojo. Aunque Siguero se decanta por los rosas, "al final nos sonrojamos en un tono rosa". Miguens recomienda los tonos como Feeling Butta, Butta than before o U Know Butta de Buttermelt Blush de NYX. Si buscas que dure más, el maquillaje puede sellarse ligeramente con un colorete en polvo aplicado con una brocha muy suave. Eso sí, Miguens recomienda evitar líneas marcadas y asegurarse de que el producto queda perfectamente integrado en la piel y concentra la mayor intensidad del color en la parte central del pómulo.














