Todos alguna vez en la vida hemos pensado que los tiempos pasados eran mejores, sintiendo esa nostalgia de quien cree que no disfrutó un buen momento mientras lo atravesaba. Aunque quizá, con el paso de los años, comienzas a ser cada día un poquito más "experto del presente" y a saborear la vida cuando ocurre. Así se encuentra hoy Verónica Sanz, con la certeza de quien vive el mejor momento de su carrera, el agradecimiento por el pasado y la ilusión de todo lo que está a punto de comenzar. En plena cuenta atrás para estar al frente de su propio programa, se prepara para vivir "una oportunidad única en la vida de un periodista".
Verónica, estáis a punto de estrenar La Séptima y habéis recorrido España para presentar el proyecto. ¿Cómo estás viviendo estos días?
Con una profunda emoción de ver cómo nos ha recibido la gente y las ganas que tienen de que salgamos al aire. Ha sido una gira muy enriquecedora porque poder escuchar a todo el mundo y comprobar que nos están esperando ha sido maravilloso. Tenemos muchas ganas de que llegue el 5 de noviembre y comenzar a emitir.
Después de tantos años de trayectoria, ¿qué te hizo decidirte por este proyecto?
Todavía me cuesta creer que estoy en esa foto con tantos presentadores y presentadoras a los que admiro. Creo que hay muchísimo talento. Cuando me llamaron, supe que tenía que hacerlo y no dudé ni un minuto. Arrancar una cadena generalista desde cero es una oportunidad única en la vida de un periodista. Hace más de veinte años que no ocurre algo así en España.
"Es un reto descomunal, pero es un territorio que conozco bien"
Finalmente, vas a presentar El Pulso, el programa de las mañanas. ¿Cómo recibiste la noticia?
Fue un cambio que llegó por la convocatoria de elecciones. Se decidió que Javier Ruiz estuviera en el prime time y me propusieron hacer las mañanas. Es un reto descomunal, pero es un territorio que conozco bien. He trabajado en Las mañanas de Cuatro, Buenos días, Madrid y Al rojo vivo. Es una franja frenética, porque todo está ocurriendo al mismo tiempo, pero a cualquier periodista le estimula muchísimo. Me siento muy cómoda en ese caos y creo que este proyecto llega en un momento idóneo de mi carrera.
¿Cómo será el programa?
Será con una filosofía muy ligada al directo. Queremos ofrecer información honesta y útil. Yo siempre digo que puedo prometer más honestidad que objetividad, porque la objetividad es un concepto demasiado abstracto, casi como la perfección. Queremos hablar de lo que afecta a la gente y no quedarnos únicamente en el ruido político, sino explicar qué está pasando, cuál es el contexto y qué hay detrás de cada noticia.
¿Qué crees que aportarás tú al programa después de tantos años de experiencia?
Escuchar. Escuchar a quien tengo enfrente, a las personas que están viviendo una situación que debemos contar, a los periodistas que están en la calle y también a los analistas y expertos que participan en la mesa. Las ideas son de cada uno, pero queremos que la conversación sea de todos. A veces, por la dinámica tan rápida de los platós, tengo la sensación de que no escuchamos lo suficiente. Y para mí eso es fundamental.
La Séptima también quiere llegar a quienes se informan a través de las redes sociales. ¿Cómo se adapta el periodismo a esta nueva realidad?
Creo que la televisión tiene que ser multipantalla, porque así es como se consume ahora el contenido. Hay gente que dice que no ve televisión, pero pasa muchas horas delante de otras pantallas. Queremos que, aunque la información llegue a través del móvil, el espectador sepa que lo que viene de La Séptima está contrastado y trabajado por profesionales. No podemos aislarnos de las redes, pero tenemos que ofrecer información rigurosa y huir del ruido y de los bulos.
En un momento de sobreinformación ¿Cuál crees que es el mayor reto del periodismo?
Nunca ha habido tantos titulares y tantas noticias circulando a tanta velocidad y, al mismo tiempo, tan poca información veraz detrás de muchos de ellos. Los bulos no aparecen espontáneamente: hay personas y grupos que los difunden para generar determinados estados de ánimo, muchas veces relacionados con el miedo y el rechazo a lo diferente. Por eso es tan importante explicar no solo que una información es falsa, sino también quién está detrás y qué pretende conseguir. Ese es el trabajo del periodismo.
Gente bien, su debut literario: poder, privilegios y maternidad
Este año también has publicado tu primera novela, Gente bien. ¿Cómo has vivido esta nueva experiencia?
En mayo publiqué Gente bien con la editorial Planeta y ha sido un gustazo trabajar con ellos. Para mí ha supuesto un salto al vacío, salir completamente de mi zona de confort. Cuando escribes una novela de 440 páginas, sale tu verdadera voz, tus obsesiones y las cuestiones que llevas dentro desde hace tiempo. Aunque sea ficción, es un reflejo de lo que yo vivo como mujer, periodista y ciudadana.
La novela nos lleva al mundo de la alta sociedad madrileña. ¿Qué querías contar a través de sus protagonistas?
La historia comienza con cuatro mujeres que viven en el privilegio y que han llegado a él de diferentes maneras: por herencia, matrimonio, trabajo o éxito. Aparentemente tienen vidas perfectas, rodeadas de lujo y fiestas, pero enseguida descubrimos lo que hay alrededor del poder económico. Como periodista, me interesa mucho cómo ese poder puede convertirse en una palanca para la corrupción y hasta dónde puede llegar la impunidad que se compra con dinero. La novela plantea precisamente eso: sabemos a quién consigue detener la justicia, pero no sabemos a quién no consigue alcanzar.
La maternidad y el éxito
En Gente bien también exploras diferentes formas de vivir la maternidad. ¿Por qué querías abordar este tema?
Quería explorar esas realidades y también encontrarme un poco a mí en ellas. Soy una profesional que ha tenido dos hijas sin dejar de trabajar ni de viajar. Mi hija pequeña tenía dos meses cuando me fui a cubrir unos atentados en Londres y la mayor tenía nueve meses cuando viajé a Grecia para cubrir unas elecciones. Es una realidad que conozco bien.
Conciliar sigue siendo un reto en el día a día para padres y madres, ¿Cuándo decidiste que querías ser padre y formar una familia?
Tenía claro que nunca iba a existir el momento idóneo para ello y a los treinta me lancé. Siempre iba a ser periodista, siempre podía surgir una noticia que me obligara a viajar y, además, nuestros padres vivían en Barcelona. Nada de eso iba a cambiar, porque yo tampoco quería que cambiara. Así que pensé que, si quería ser madre y tenía claro que mi marido era la persona con la que quería formar una familia, había llegado el momento. Creo que fue una buena decisión. Ahora estoy en un momento profesional muy exigente y ellas tienen nueve y doce años, lo que me permite gestionarlo mejor.
Tras las cámaras: su familia, sus aficiones y su refugio
Tu marido Óscar Rodríguez, con quien llevas 14 años casada, también conoce las exigencias de esta profesión a la perfección. ¿Conseguís desconectar del trabajo cuando llegáis a casa?
La realidad es que no desconectamos. Los dos trabajamos en televisión y hablamos mucho de actualidad, de política, de lo que ocurre en el mundo y de las cosas que hemos leído. Compartimos historias y así llevamos veinte años juntos. Creo que la profesión nos une mucho y nos ayuda a entendernos mejor.
Bueno pero, todos necesitamos bajar las revoluciones en algún momento.
Si, desde luego. Para mí, la lectura es ese interruptor en mi cabeza. Es lo que me permite entrar en ese estado de relajación profunda que necesito al final del día. También hago deporte, aunque no lo utilizo tanto para desconectar porque, mientras entreno, suelo escuchar noticias o algún pódcast. Me ayuda a sentirme bien físicamente, a tener energía y a que mi cuerpo funcione como necesito.
También os gusta mucho viajar en familia. ¿Cómo organizáis esos viajes?
Nos encanta descubrir el mundo juntos. Desde que mi hija pequeña tenía cuatro años, elegimos entre todos el destino, dentro de nuestras posibilidades, y organizamos un viaje de un par de semanas. Este verano hemos recorrido Turquía y el anterior estuvimos en Estocolmo y los fiordos noruegos. A mí me cuesta unos tres o cuatro días desconectar de lo que está pasando en España, pero después consigo disfrutar del viaje.
Hay otro lugar muy especial para ti: el pueblo de tu familia. ¿Qué encuentras allí?
Rabanera del Pinar es un lugar perfecto para bajar las revoluciones también y desconectar. De hecho, escribí la mitad de mi novela allí. Es el pueblo de mi abuelo paterno y siempre que podemos nos escapamos. Me gusta mucho el bullicio y mi trabajo, pero también necesito esos momentos de silencio y tranquilidad.
Su familia, su pilar fundamental
Si echas la vista atrás, ¿Qué papel han tenido tus padres en tu carrera profesional?
Siempre se preocuparon de que tuviera todos los recursos a mi alcance y agradezco plenamente la maravillosa educación que me dieron. Ellos son ingenieros y al comienzo no les hizo ninguna gracia que quisiera dedicarme al periodismo. Pero su compromiso con el buen trabajo ha sido el mayor ejemplo para mí.
¿Qué valores de tus padres intentas transmitir a tus hijas?
De mi madre intento transmitirles el valor del orden. Reconozco que ella peleó muchísimo conmigo porque yo era muy desordenada, pero con los años he comprendido que el orden es una estrategia que te ayuda a organizar tu vida y tu carrera. También quiero enseñarles a esforzarse, a no conformarse y a no rendirse. Saben que siempre vamos a apoyarlas en lo que quieran hacer, pero también queremos que se esfuercen por hacerlo lo mejor posible. Las dos juegan al baloncesto y son unas cracks, me encanta ver su instinto de superación.
¿Cómo llevan tus hijas que su madre sea un rostro conocido de la televisión?
Cuando eran pequeñas pensaban que trabajaba en lo mismo que Pocoyó o Peppa Pig, porque salía en la televisión al igual que sus dibujos jajaja. Más adelante, cuando empezaron a escuchar hablar de mí fuera de casa ya se dieron cuenta de que es un trabajo normal, pero con cierta repercusión
"Creo que hay que aprender a distinguir entre las críticas que pueden ayudarte y las personas que simplemente entran en tus redes sociales para insultarte"
¿Y cómo gestionas las críticas y el hate en redes sociales especialmente ahora que tus hijas también pueden verlas?
Ellas mismas a veces me preguntan si tengo gente que me critica. Les explico que sí, que hay personas a las que no les gusta lo que contamos o cómo lo hacemos. Creo que hay que aprender a distinguir entre las críticas que pueden ayudarte y las personas que simplemente entran en tus redes sociales para insultarte. A esas personas las bloqueo. También es importante aprender a quién queremos escuchar.
El peor y mejor momento de su carrera
Después de tantos años de profesión, ¿cuál ha sido uno de los momentos más difíciles que has vivido?
La cobertura de la DANA de Valencia en 2024. ¡Mira, lo recuerdo y se me pone la piel de gallina al contártelo! Fue emocionalmente muy duro, aunque profesionalmente muy valioso. El dolor de las familias que habían perdido a seres queridos, la indignación por cómo se habían hecho las cosas… Era algo prácticamente inenarrable, pero nuestro trabajo era contarlo. Recuerdo pensar que no podía creer que algo así hubiera sucedido en mi país. Fue uno de los momentos más duros de mi carrera, pero también siento que haber estado allí y haberlo contado tiene un gran valor.
"La cobertura de la DANA de Valencia en 2024 fue uno de los momentos más duros de mi carrera, pero también siento que haber estado allí y haberlo contado tiene un gran valor"
¿Y cuál dirías que ha sido tu mejor momento profesional?
Sin duda, 2026. La publicación de mi novela y el comienzo de esta nueva etapa en La Séptima. Gente bien me ha permitido conocer autores, hablar con lectores y descubrir una experiencia que no esperaba disfrutar tanto. Y, tres meses después de publicar la novela, me ofrecen participar en el nacimiento de una cadena y tener mi propio programa. Estoy convencida de que este es uno de los mejores momentos de mi vida profesional, aunque el programa todavía no haya comenzado.
Hoy, con la ilusión de todo lo que viene, si pudieras volver al pasado con la Verónica de apenas 20 añitos que empezaba en el mundo de la comunicación. ¿Qué le dirías?
A la Verónica de 20 años le diría que esté tranquila, pero que no se conforme ni de nada por sentado. Que siga adelante, porque las cosas llegan. Que siguiera haciendo lo que hizo: trabajar y estudiar mucho.
"A la Verónica de 20 años le diría que esté tranquila, pero que no se conforme ni de nada por sentado. Que siga adelante, porque las cosas llegan"
¿Y cómo te imaginas dentro de veinte años?
Estoy segura de que quiero seguir contando historias. Si sigo en televisión, continuaré haciendo lo que sé hacer: desgranar la actualidad, buscar las claves y ofrecer profundidad y análisis para que la gente entienda mejor lo que ocurre. Pero también puede que entonces me dedique únicamente a contar historias a través de novelas. Es algo que ya he probado y que me parece una muy buena manera de enfocar una posible retirada del espacio público. Escribir requiere mucho trabajo y concentración, y ahora mismo estoy en un momento en el que todavía quiero hacerlo todo. Ese es un defecto que tengo: quiero hacerlo todo.
¿Y qué le pides al futuro en lo personal?
Que a mis hijas les vaya muy bien. Dentro de veinte años ya serán mujeres, seguramente independientes, y ojalá tengan toda la salud posible y se sientan orgullosas de lo que han hecho con sus carreras y, por supuesto, también de lo que han hecho sus padres.














