María del Monte se sincera en su entrevista más íntima, de su amistad con Isabel Pantoja a las luces y sombras de su vida: "No sé si habré sido elegante, pero prudente te aseguro que sí"


"Hay cosas que no se superan, pero se sobrellevan", asegura la artista, que acaba de publicar su primer libro: "Si el corazón se equivoca, se le perdona"


María del Monte reflexiona sobre los mejores y peores momentos de su vida y nos cuenta su próximo proyecto© SEVILLA PRESS
21 de octubre de 2026 a las 18:39 CEST

Una frase en televisión le bastó para agitar conciencias y cambiar su rumbo: "Nunca tenemos tiempo para un café, pero si me muero, la sala del tanatorio se llena". De ese chispazo nace Si el corazón se equivoca, se le perdona, el deslumbrante debut literario de María del Monte. Fiel a su elegancia y discreción, la artista frena el ritmo para mirar atrás sin morbo ni estridencias, dibujando un mapa de luces y sombras donde el refugio de la terapia, el amor hacia su mujer, Inmaculada Casal, la capacidad de perdonar y el abrazo a sus ausencias se entrelazan con absoluta fluidez.

María del Monte concede su entrevista más íntima y personal y hace su debut literario© SEVILLA PRESS
"Todo empezó por una entrevista en televisión donde dije algo del ser humano que siempre me ha chocado: nunca tenemos tiempo para tomar un café, pero basta con que me muera para que todo el mundo tenga la tarde libre y el tanatorio se llene", nos cuenta María del Monte

María, cuentas que este libro nació por pura "causalidad". ¿En qué momento sentiste que era la hora de parar y ponerte a escribir tu historia?

Si te soy sincera, no fue un impulso mío, sino que vinieron a buscarme. Todo empezó por una entrevista en televisión donde dije algo del ser humano que siempre me ha chocado: nunca tenemos tiempo para tomar un café, pero basta con que muera para que todo el mundo tenga la tarde libre y el tanatorio se llene. A raíz de esa reflexión, HarperCollins contactó conmigo para proponerme juntar todas mis ideas en un libro.

Afirmas que ahora que ya le has dado la vuelta al jamón, elegirías exactamente la misma vida. Con todo lo navegado, ¿qué es lo primero que se te pasa por la cabeza al mirar ese mapa de luces y sombras?

Para mí el simple hecho de ponerme a hacer este ejercicio ha sido como una terapia añadida —que ya voy a mi terapia habitual, ¿sabes?—, pero esto ha sido algo estupendo. En un mundo que va siempre con tanta prisa, pararme a mirar atrás ha significado sentarme a hablar detenidamente conmigo misma. Y te digo una cosa: me ha encantado pasar este tiempo a solas con mi historia.

Usas una metáfora preciosa al decir que en esta vida te han tocado cartas buenas, regulares y malas, pero que a ti no te gusta perder. ¿Cómo se aprende a encajar las cartas más feas sin perder la ilusión por seguir jugando?

Aprendiendo un solo concepto: el de que hay cosas que no se superan, pero se sobrellevan. 

Afortunadamente las cartas buenas también pesan mucho y tú dices que ¡ni en sueños se vive lo que tú has vivido!

Aunque la vida no me ha mimado y me han pasado mis cosas, me considero una persona con muchísima suerte. Por eso me resulta imposible quedarme con un solo momento, habiendo vivido tantas realidades bonitas... ¡y que me siguen ocurriendo! Creo que mi gran ventaja es que me preocupo mucho por disfrutar del presente; y para disfrutar no hacen falta cosas caras, porque hasta una simple ducha ya es un verdadero regalo.

Tienes una frase maravillosa que da título a tu obra: El corazón no suele equivocarse, pero si se equivoca, se le perdona porque lo has hecho de corazón. 

Es que, como humana que soy, me he equivocado muchas veces, pero la clave está en que siempre me he dejado guiar por el corazón. Y al actuar así, la ventaja es que le puedes echar la culpa a él: si se ha equivocado, pues se le perdona y ya está.

Hablando justamente de perdonar... Escribes que tú perdonas por salud mental, pero recordando que tu perdón tiene memoria. ¿Cómo se aprende a perdonar de corazón para ir ligera por la vida sin dejar que te vuelvan a hacer daño?

Pues mira, se aprende a perdonar liberándote por dentro y no sintiendo rencor. A partir de ahí, cuando tú no sientes rencor por una persona ni sed de venganza porque te haya hecho algo, ahí viene tu tranquilidad. Olvidar, lógicamente no se olvida, porque la mente está ahí y el corazón también... No se olvida, pero lo que te he dicho antes: se sobrelleva y ya sabes hasta dónde tienes que llegar, dónde termina la carretera y dónde empieza el precipicio.

María del Monte con su libro 'Si el corazón se equivoca, se le perdona'© SEVILLA PRESS
María del Monte posa con uno de los ejemplares de su obra

Para cuidar el alma, la dignidad es clave. Tu padre te pidió que nunca te la mancharas en el barro de la profesión. ¿Qué tranquilidad te da saber que has cumplido esa promesa?

A mí la tranquilidad me la da el día a día. Mi padre  fue un hombre sabio, pero los consejos son consejos; lo que a mí me convence son los razonamientos. Él era un hombre que no imponía, sino que te razonaba sus consejos, y si tú veías que tenía razón, pues lo hacías. Y su frase fue: "Te vas a meter en un mundo donde hay mucho barro, yo solo te pido que no te manches". En aquel entonces casi que no entendí la magnitud de esa frase, pero a toro pasado creo que, medianamente, lo he conseguido.

La verdadera amistad se vuelve fundamental. Hablas en el libro de estar para sostener al otro en las malas. Con cuatro décadas de carrera, María, ¿qué filtro te ha dado el tiempo para saber quiénes son los amigos que se quedan cuando se apagan los focos?

El filtro han sido ellos y sus actitudes. Yo no le he puesto nunca filtros a nadie, pero el tiempo ha sido quien ha puesto a cada uno en su sitio. Y cuando tienes carencias importantes, te aferras más a tu familia, a tu pareja y a tus amigos; no tienes otro círculo importante que alimentar.

Tú siempre has sido el colmo de la discreción. Mirando a etapas tan comentadas como tu amistad con Isabel Pantoja, ¿qué tranquilidad te da saber que tu mejor refugio ha sido siempre el silencio y la elegancia?

No sé si habré sido elegante, pero prudente te aseguro que sí. Siempre he procurado delimitar muy bien los terrenos, sabiendo que lo público es público y que la intimidad debe quedarse en casa. Al final, todo se reduce al respeto: para que te respeten, lo primero es respetar tú a los demás. Como he ido siempre con esa máxima por delante, duermo tan en paz.

Esa discreción la has aplicado siempre con la gente que quieres, como con tu ahijada, Isa Pantoja. ¿Has tenido oportunidad de hablar con ella sobre estas páginas o sabes si las ha leído ya?

Nosotras siempre hemos hablado muchísimo de todo, pero la verdad es que no sé si ha leído el libro. A mí no me ha dado la vida para enviárselo todavía. 

Cuentas con mucha gracia que de niña prometiste no pisar un cementerio jamás... De todas las milongas que has tenido que inventarte en tu vida para escaquearte, ¿cuál ha sido la más genial?

No he empleado ninguna treta, simplemente soy directa. A tanatorios sí he ido a acompañar un rato, pero al llegar la hora digo: "Yo al cementerio no voy". Siempre digo lo mismo: iré una sola vez, y no voy a ir yo, me van a llevar para dejarme allí.

Pero ¿por qué surgió esa fobia, María?

No lo sé. Es que de pequeña tuve un episodio así, un poquillo chungo. Y no sé, no me es agradable.

Has construido una historia de pura complicidad con tu mujer ¿Cómo ha sido para ella acompañarte en este viaje de remover recuerdos tan íntimos?

Nos conocemos desde la época del colegio, así que imagínate si nos conocemos bien, que nos entendemos con una simple mirada. Ella ha estado siempre al pie del cañón, acompañándome a las duras y a las maduras. Si no suelo hablar demasiado sobre ella es por pura protección, pero nadie debe dudar de que es uno de los pilares más importantes de mi vida. Como periodista y persona trabajadora, tiene un carisma único y un corazón enorme que se ha convertido en mi bastón de apoyo imprescindible.

María del Monte reflexiona sobre los mejores y peores momentos de su vida y nos cuenta su próximo proyecto© SEVILLA PRESS

¿Ha habido alguna anécdota o detalle que haya descubierto al leerlo o lo tenía ya todo más que sabido?

¡Qué va! Ella me conoce del revés, como digo yo, hasta vestida de nazareno. No le ha sorprendido nada. Tampoco he querido abusar ni extenderme hablando de ella ni de mi vida íntima, porque no es un libro enfocado en eso; está mucho más inclinado hacia mis reflexiones.

Cuando hablas de tu madre se nota que el amor te desborda y la defines como tu "pasión, delirio y locura". En esos días en los que cuesta un poco tirar del carro, ¿qué enseñanza, frase o mirada suya sigue viniendo a tu mente para darte fuerzas y sacarte una sonrisa?

Mi madre era un ser muy especial. Cuando murió papá, todos pensamos que se iba a hundir porque ya le cogió mayor, con 79 o 80 años... ¡y nos dio una lección de vida a todos! No nos quedaba más remedio que aceptar que la vida sigue y que aquí hay que divertirse, porque eso es lo que ella nos enseñó. Yo recurro a mi madre y hablo con ella; sé que por fuera no puedo, pero por dentro sí.

Todos los días...

Todos los días. Y hay veces que, como me la imagino diciendo cosas y las recuerdo, me río sola. Me dicen: "¿De qué te estás riendo?", y yo digo: "Bueno, cosas mías". Pero es que era muy graciosa. Y mi padre también. Era el más elegante del mundo para todo, hasta para hacer humor.

Todo el mundo se ha sobrecogido al saber cómo protegiste a tu madre guardándote a solas el dolor por la pérdida de tu hermano. Mirando atrás, ¿sientes que ha sido la prueba de amor más grande y pura que has dado en tu vida?

No sé... he tenido dudas de si estaba haciéndolo bien. Solo hubo un día en el que ella me preguntó de una manera que no era la habitual, y me acerqué y le dije: "¿Tú qué quieres saber?". Y ahí me cambió de tema. Me dije: "Pues no quiere saberlo o me ha puesto al límite, no sé".

Con la clase de siempre dejas claro que en tu casa jamás hubo represión ni armarios de los que salir, pero ¿qué bonito tuvo que ser sentir el abrazo sincero de todo el mundo cuando compartiste tu felicidad junto a ella?

El cariño lo he notado siempre, pero aquel día vi incluso más expresividad hacia mí. Aunque lo más importante de todo no fui yo, sino el relax que sintió mucha gente. Había personas que ni le ponían título a lo mío y se cortaban al hablarme, pero a partir de ese momento sintieron la libertad de poder expresarse con naturalidad.

Has tenido que encajar un golpe brutalísimo tras sufrir un asalto en tu casa, de los que rompen el alma porque el dolor viene directamente de tu propia sangre, tu sobrino Antonio Tejado, ¿poner tu historia por escrito te ha ayudado a encajar ese trago tan amargo?

De ese tema no hablo en el libro. Es un asunto que está todavía pendiente de juicio y sobre el que no he querido tocar ni una sola línea, porque considero que ni puedo ni debo hacerlo. Creo firmemente que lo que está en manos de la justicia hay que dejarlo ahí, a la espera de que sea la propia justicia la que lo dirima.

Dices que no guardas rencor porque es un veneno que solo hace daño a quien lo lleva dentro. ¿Qué ha sido más difícil de sanar: encajar las decepciones de la vida o aprender a vivir con la ausencia de las personas que más has querido?

Lo más complicado es aprender a vivir con las ausencias, porque es algo que no caduca y  convives con el cada día. A mí se me han ido pilares fundamentales: mi madre, mi padre y mi hermano Antonio, que son mi particular Santísima Trinidad. Pero, aunque me llames loca, los sigo sintiendo muy cerca y eso me sirve de verdadero consuelo y me da la vida.

Llevas décadas sintiendo el cariño incondicional de la gente, que te quiere casi como a alguien de su propia familia. ¿Qué se siente al saber que tu voz y tu manera de ser han formado parte de la banda sonora de la vida de tantas generaciones en España?

Yo siempre lo he dicho: nunca he luchado por ser famosa. Además, lo cuento en el libro, la fama es un perfume que se te va con una ducha, no ha sido mi meta. Pero que me quieran, sí. Y creo que lo he conseguido, porque es que eso se nota. ¿Qué necesidad tiene alguien de atravesarse una calle para decirte: "¡Mi alma, cuánto te quiero!", darte un beso o decirte: "¡Me gusta cómo eres!"? Eso es siempre algo muy satisfactorio.

Cuando alguien termine la última página y cierre el libro con un suspiro bonito, ¿qué mensaje de esperanza o lección de vida te gustaría que se le quedara guardado para siempre en el corazón?

Con que a una sola persona le sirva lo que a mí me ayudó para salir de ese sitio tan feo, todo esto habrá merecido la pena. Eso sí, me gusta dejar claro que de ahí no se sale por escribir un libro, sino gracias a la terapia y a poner muchísimo de tu parte. El profesional te da las pautas pero no hace milagros, así que la fuerza la tienes que poner tú; no es un proceso fácil, te lo garantizo, pero tampoco es ni mucho menos imposible.