La costa mallorquina ha sido testigo de una de esas veladas entrañables que quedarán para siempre en el álbum de los grandes recuerdos. Con motivo de los diez años de vida de la Rafa Nadal Academy, el laureado tenista y su esposa, Mery Perelló, ejercieron de perfectos anfitriones en una exquisita cena celebrada en el exclusivo Sa Punta Gastrobar, un auténtico paraíso culinario situado en Port Verd, muy cerca de Cala Bona. Allí, en un ambiente íntimo y distendido, compartieron risas y confidencias con grandes amigos que no quisieron perderse esta cita histórica. Entre los ilustres invitados destacaron el exfutbolista Raúl González y su mujer, Mamen Sanz, demostrando la estrecha amistad que une a ambas familias, así como el tío del tenista, Miguel Ángel Nadal, y compañeros de profesión de la talla de Andy Murray o David Ferrer.
Este cálido encuentro nocturno sirvió como el preludio inmejorable para el plato fuerte de las celebraciones: el Rafa Nadal Academy Slam. Un torneo de exhibición excepcional que ha dividido a las leyendas en dos bandos. Por un lado, el 'Team Nadal', formado por Carlos Moyá, Richard Gasquet y David Ferrer; y por el otro, el 'Team Murray', con Dominic Thiem, Marat Safin y Fabio Fognini. Un cartel de auténtico lujo para festejar una década de formación y valores en Manacor, y que ha supuesto el regreso de Rafa a una pista frente a su entregado público.
El regreso más esperado y la ilusión intacta
En las horas previas al gran evento, el propio Rafa quiso compartir sus emociones en rueda de prensa, demostrando la gratitud que siempre le ha caracterizado: "Quiero darle las gracias al resto de jugadores que han venido a participar en este torneo. Es un día muy especial para la academia y personalmente solo os puedo dar las gracias. Sabemos que puede ser un día difícil de lluvia, pero lo vamos a intentar para que sea una jornada inolvidable".
A pesar de la enorme expectación por volver a verle jugar tras su retirada a finales de 2024, el balear fue muy sincero sobre sus pretensiones: "El 0% del Rafa Nadal competidor sale hoy. Estoy en otra etapa. He disfrutado estas dos semanas de tocar la bola, había jugado muy poco antes, desde que me retiré, unas cuatro veces, media hora, poco más. Hoy la competición es lo de menos, es una fiesta de la academia. No tengo ninguna ambición competitiva".
Mirada al futuro, la familia y las ausencias
Inevitablemente, la cita estuvo marcada por la visión de lo que está por venir para su centro deportivo. "Ojalá lo pudiera saber. Uno nuca sabe qué va a ocurrir en el futuro. Debemos estar muy atentos para adaptarnos a los nuevos tiempos y poder expandirnos aún más en el mundo. Creo que estamos en un momento clave para evolucionar y en ello vamos a trabajar", explicó con brillo en los ojos.
Durante este emotivo balance, hubo tiempo para mencionar a otro gigante de la raqueta, Roger Federer, cuya presencia física faltó en Manacor pero no su cariño: "Federer ha venido durante este verano, hubiera sido un placer contar con él pero le era imposible. Él siempre ha apoyado a la academia, estuvo en la inauguración y es fantástico ese apoyo". De hecho, Nadal reconoció con naturalidad que su propia puesta a punto "no ha sido tan bonito como pueda parecer".
Al hacer retrospectiva de su carrera, el mallorquín reflexionó profundamente sobre la presión y la salud: "El dolor diario afectaba al carácter, es cierto. Llevo desde que me retiré con poco dolor diario. Es cierto que me tuve que poner una prótesis en la mano". Y sobre la posibilidad de ser entrenador en un futuro, priorizó su faceta más personal y familiar: "El futuro dirá, creo que en algún momento jugaré alguna exhibición. Da pereza el proceso, pero creo que es algo que debo testar. Nunca digas nunca... Estoy abierto a ayudar a quien me lo pida, pero tengo dos niños pequeños y muchas cosas que no me permitirían serlo (entrenador)".
Las grandes lecciones de un campeón
Más allá de los trofeos, el legado de Rafa reside en su filosofía de vida. Al recordar sus años en la élite, confesó con enorme madurez: "No era más feliz siendo el número uno o el dos. Había cosas más importantes, aunque obviamente quieres ser el mejor.". Una sabiduría que también aplica a los tragos amargos, regalando una valiosa enseñanza a las nuevas generaciones: "Todos sabemos a lo que jugamos. El tenis es un deporte de perdedores, porque cada semana gana uno y perdemos el resto, no hay empates. La derrota además es parte del camino y te ayuda a crecer". Una actitud ejemplar para poner el broche de oro a una semana de celebración, amistad y recuerdo en su querida tierra natal.











