Hablamos con David Rockefeller Jr., cuarta generación de una de las dinastías más influyentes de la historia: "Me he familiarizado mucho más con la cultura española"


Entrevistamos al conocido filántropo y conservacionista neoyorquino tras ser elegido nuevo patrono de honor del Teatro Real, una de las instituciones culturales más importantes de nuestro país


David Rockefeller Jr. con su mujer© JAVIER DEL REAL
12 de septiembre de 2026 a las 20:02 CEST

Su apellido lleva, casi de forma inevitable, a pensar en uno de los rascacielos más emblemáticos que dibujan el skyline de Nueva York; y a una dinastía sin la que no podría entenderse parte de la historia de los Estados Unidos. David Rockefeller Jr., filántropo y conservacionista neoyorquino, pertenece a la cuarta generación de esta conocida familia de empresarios y aunque vive al otro lado del Atlántico, desde hace unos meses, le une una nueva conexión con nuestro país. Hace más de una década que forma parte junto a su mujer, Susan, del Consejo Internacional del Teatro Real, del que ahora es, además, nuevo patrono de honor, uniéndose así a Esperanza Aguirre, Alberto Ruiz-Gallardón y Carmen Calvo. 

Un título que, nos confiesa, le ha hecho especial ilusión, porque una de sus grandes pasiones es la cultura. "Mi madre era una gran pianista y me introdujo tanto en el piano clásico como en la música orquestal a una edad temprana", nos cuenta. 

El filántropo y conservacionista neoyorquino David Rockefeller Jr.© Getty Images
El filántropo y conservacionista neoyorquino David Rockefeller Jr.

Señor Rockefeller, ¿qué se siente al ser Patrono de Honor del Teatro Real?

Me conmueve profundamente haber recibido este nuevo título y haré todo lo posible por estar a la altura.

¿Se ha fijado alguna meta específica al asumir este nuevo cargo? 

La verdad es que no. Un título honorífico suele conllevar pocas responsabilidades formales, pero espero dar a conocer el Teatro Real entre mis amigos de Estados Unidos y responder a peticiones puntuales de ayuda en los casos en que esté en la mejor posición para brindarla.

Hace más de una década (en 2015), usted y su esposa, Susan, se incorporaron al Consejo Internacional. ¿Cuándo y por qué decidieron vincularse a una institución española?

Se debió en realidad a nuestra profunda amistad con la familia Marañón, a la que conocemos desde hace más de veinticinco años. Como resultado de esa amistad y de nuestro amor mutuo por las artes escénicas, no fue difícil aceptar incorporarnos al magnífico Consejo Internacional del Teatro Real.

"Me siento orgulloso de que mi familia, durante al menos cuatro generaciones, no haya visto conflicto entre los negocios como generador de riqueza y la cultura como un receptor adecuado de parte de esa riqueza"

¿Podría contarnos cómo empezó todo? ¿Cuándo fue su primera visita al Teatro y si alguna obra en particular le conquistó el corazón? ¿Tiene alguna pieza favorita o alguna que le emocione cada vez que la ve?

Debimos de visitar el Teatro Real en la primera década de este siglo, y lo hicimos con Gregorio, cuando tuvo por primera vez la idea de crear un Consejo Internacional. La vinculación más activa que he tenido con el Teatro Real ha sido, en realidad, una apasionante colaboración con un grupo coral profesional de la ciudad de Nueva York llamado Musica Viva New York, en cuyo consejo también me encuentro. En los últimos años, hemos estado entre las entidades patrocinadoras de las visitas del Teatro Real a Nueva York, donde se han presentado tanto actuaciones orquestales como de flamenco. Esto ha dado lugar a una colaboración más reciente en la que en Musica Viva hemos tenido el honor de presentar a algunos de los mejores jóvenes artistas europeos que está formando el Teatro Real. En cuanto a mi música favorita, tengo gustos musicales amplios, pero Mozart es mi compositor de ópera preferido, seguido de Händel. Otros géneros que me encantan especialmente son el jazz, la música coral antigua y el Barroco.

¿Cuándo fue su primer viaje a España? ¿Estaba ya familiarizado con la cultura española?

Visité España por primera vez en la década de 1990. Aprendí algo de español en la universidad en Estados Unidos y estaba ansioso por ponerlo en práctica en el corazón de la cultura española. Gracias a la familia Marañón, me he familiarizado mucho más con la historia y la cultura españolas en las últimas décadas.

¿Cómo puede un coliseo tradicional como el Teatro Real competir por la atención de las generaciones más jóvenes sin perder su esencia?

Es una pregunta importante y compleja. Por supuesto, hay mucha competencia por la distracción y el entretenimiento de los jóvenes, y el precio siempre puede ser una barrera. La influencia temprana más evidente en los jóvenes se encuentra en las aulas, por lo que es vital que las artes se consideren un elemento importante de una educación integral. Los teatros de ópera deberían formar parte de esa solución, enviando a las aulas a artistas que sean buenos comunicadores y también invitando a los colegios a visitar los teatros de ópera en condiciones que favorezcan captar la atención de los jóvenes. Consideraciones como un repertorio adecuado, anfitriones atractivos y visitas de una duración razonable ayudarán a proporcionar una experiencia de éxito a los jóvenes visitantes.

David Rockefeller Jr. con su mujer© JAVIER DEL REAL/ TEATRO REAL
David Rockefeller Jr. con su mujer, Susan

En la era de la Inteligencia Artificial y la automatización, ¿qué ofrece una experiencia humana en vivo como la ópera que la tecnología nunca podrá replicar?

Es vital que todas las instituciones culturales ofrezcan experiencias que salgan bien paradas en comparación con la IA y otras formas de entretenimiento en el hogar. Y, a la inversa, por supuesto es importante que las instituciones culturales sean ágiles a la hora de incorporar elementos de las nuevas tecnologías que realmente mejoren la experiencia 'en vivo'. Ejemplos recientes en la ópera son, por supuesto, las notables innovaciones en el diseño de escenografía en vídeo y los efectos especiales, que han aumentado el dramatismo y reducido los costes en muchos casos.

Usted se mueve entre dos mundos que, desde fuera, pueden parecer muy diferentes: los negocios y la filantropía. ¿El apoyo a la sociedad fue algo que le inculcaron desde joven? ¿Por qué es tan importante para usted la filantropía?

Me siento orgulloso de que mi familia, durante al menos cuatro generaciones, no haya visto conflicto entre los negocios como generador de riqueza y la cultura como un receptor adecuado de parte de esa riqueza. El Lincoln Center y el Museo de Arte Moderno de la ciudad de Nueva York son dos de los mejores ejemplos de la creencia de nuestra familia en dar al público en general acceso a lo más apasionante tanto de las artes escénicas como de las visuales. Sin la filantropía, ninguna de esas instituciones existiría.

"Conocemos a la familia Marañón desde hace más de veinticinco años. Como resultado de esa amistad y de nuestro amor mutuo por las artes escénicas, no fue difícil aceptar incorporarnos al magnífico Consejo Internacional del Teatro Real"

Más allá de la cultura, la conservación marina es su otra gran pasión, destacando su trabajo con organizaciones como Sailors for the Sea y su apoyo a Oceana. ¿Hay algún logro o proyecto medioambiental del que se sienta especialmente orgulloso?

Así como la música y el arte fueron intereses tempranos para mí, también lo fueron los entornos de los océanos y las montañas. Tuve la suerte de pasar los veranos de mi infancia en la costa de Maine y en las montañas de Wyoming, y aprendí a navegar, a hacer senderismo, a montar a caballo y a apreciar la extraordinaria belleza natural del mar, el cielo y el bosque. Como resultado, cuando completé mi educación y mi carrera profesional temprana y empecé a tener algo de tiempo libre para devolver algo a la sociedad, fue natural para mí pensar en dar apoyo al medio ambiente. Fui reclutado por el presidente Clinton para incorporarme al consejo de la National Park Foundation en los años 90, y me convertí en el presidente del comité ciudadano poco después. Estoy muy orgulloso de cómo ayudamos a hacer de esa organización (que aportó apoyo privado a más de 300 Parques Nacionales en todo el país) un factor más significativo en la configuración y mejora de la salud de estos lugares extraordinarios. Un poco más tarde, en la primera década de este siglo, fundé Sailors for the Sea tras formar parte de la Pew Ocean Commission, habiendo aprendido de esta última los problemas que existían en las aguas oceánicas que rodean a nuestra nación. Esto me llevó a crear una entidad cuyo propósito era reclutar a navegantes (de EE. UU. y de todo el mundo) para que aprendieran sobre los problemas del medio ambiente oceánico y se convirtieran en defensores de políticas y prácticas más respetuosas con los océanos. Sailors for the Sea fue invitada a convertirse en un programa de Oceana hace casi diez años, y me uní a mi esposa Susan en su consejo en ese momento.

El apellido Rockefeller es prácticamente un símbolo mundial. Más allá de lo que significa para el mundo, ¿qué ha supuesto para usted a nivel personal llevar ese apellido?

Estoy profundamente orgulloso de los logros de mis antepasados y siento que tengo tanto el honor como el deber de continuar ese legado de la forma en que sea más capaz de hacerlo. Al vincular mis pasiones personales a las organizaciones benéficas y filantrópicas a las que he elegido unirme, creo que he podido ser más eficaz que si simplemente hubiera optado por hacer elecciones al azar sobre dónde dedicar mis esfuerzos.

David Rockefeller con su mujer, Susan© Getty Images

¿Cómo se mantiene una visión filantrópica a lo largo de las generaciones?

Creo que enseñar con el ejemplo es la forma más eficaz de guiar a la siguiente generación para que asuma la práctica de la filantropía. Y siempre aconsejo a una persona más joven que haga elecciones que le aporten alegría y satisfacción personal. A veces, es posible tutelar directamente a los miembros más jóvenes de la familia invitándoles a unirse a organizaciones de las que uno mismo es miembro y donde se les puede ir formando.

Presidir fundaciones, viajar por el mundo para defender los océanos, estar al día con el Teatro Real, cuidar de su familia... ¿Cómo es su día a día? ¿Cómo consigue equilibrarlo todo sin perder de vista lo que realmente importa?

El equilibrio vital, creo, es en sí mismo una forma de arte y, como el arte en sí mismo, no es fácil. Mi esposa Susan y yo trabajamos muy duro todos los meses del año para crear un equilibrio entre las cosas que son más importantes para nosotros, como nos gusta llamarlo: 'Familia, Arte y Naturaleza'. Cuando las cosas se desequilibran, lo cual ocurre por supuesto de vez en cuando, nos proponemos restablecer el equilibrio. Esto suele significar hacer menos de algo que tiene un menor valor para nosotros. Tomar decisiones difíciles en la vida es el desafío que se nos da como seres humanos con una esperanza de vida limitada. Sin embargo, como dice el refrán: '¡Úsalo o piérdelo!'.

¿Cuál es el mejor consejo que ha recibido y que intenta transmitir a la siguiente generación?

Varios de mis mentores más importantes me han enfatizado la doble importancia de trabajar muy duro pero elegir con sabiduría en qué se trabaja, para que la alegría y la satisfacción sean el resultado de todo ese trabajo duro. Por supuesto, somos afortunados cuando tenemos la flexibilidad de tomar tales decisiones. No todo el mundo puede hacerlo todo el tiempo, ¡pero es un objetivo que vale mucho la pena!