La duquesa de Cardona abre por primera vez las puertas de un tesoro familiar que lleva 133 años oculto


Casilda Fernández de Córdoba Guerrero-Burgos abrirá al público en Badajoz una parte de un legado único


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Ana ToroPeriodista y Locutora
10 de septiembre de 2026 a las 19:40 CEST

La historia de una de las grandes colecciones privadas de Ciencias Naturales de España sale por primera vez de su sede habitual. La XXI duquesa de Cardona, Casilda Fernández de Córdoba Guerrero-Burgos, abrirá al público en Badajoz una parte de un legado familiar único que lleva más de un siglo creciendo generación tras generación. Será el próximo 17 de septiembre, cuando la colección Duques de Cardona de Ciencias Naturales llegue a Ifeba, donde permanecerá hasta el día 20 en una exposición excepcional por su dimensión, su antigüedad y el valor histórico de algunas de sus piezas.

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Son 133 años de historia reunidos en una colección que comenzó a finales del siglo XIX y que hoy suma 204 dioramas, 91 pechos y más de 600 frontales, además de cerca de 900 réplicas de bronce en miniatura que representan los animales cazados. Algo único en el mundo que ningún cazador ha reproducido en miniatura todos sus trofeos. Una auténtica memoria de la historia cinegética de una de las familias aristocráticas más importantes de España que, por primera vez, abandona su ubicación en Córdoba para mostrarse al público.

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Una colección que comenzó en 1893

El origen de este extraordinario conjunto se encuentra en Luis Fernández de Córdoba y Salabert, XVII duque de Medinaceli, XIX duque de Cardona y titular de otros 46 títulos nobiliarios, considerado en su época la persona con más títulos del mundo y mayor terrateniente de España con cerca de 80.000 hectáreas. Nacido en Madrid en 1880 y fallecido en 1956, fue además académico de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y recibió, entre otras distinciones, el Toisón de Oro.

Su pasión por la naturaleza y la caza le llevó a reunir una colección extraordinaria. La primera pieza está fechada en 1893 y es una lavandera blanca, el primer animal cazado por el duque. La última incorporación corresponde a la pasada temporada de caza, lo que demuestra que no se trata de una colección detenida en el tiempo, sino de un legado que continúa vivo.

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Para crearla contó con José María y Luis Benedito, considerados entre los mejores taxidermistas de su época. Posteriormente, la XX duquesa de Cardona, Casilda Fernández de Córdoba y Rey, continuó ampliándola con la colaboración de Ángel Chaves, discípulo de los Benedito y uno de los grandes especialistas de su generación. En la actualidad, distintas piezas siguen siendo restauradas y realizadas por talleres especializados.

Las rapaces que convierten la colección en algo único

Uno de los grandes tesoros de la colección es su conjunto de aves y rapaces. Reúne 228 especies diferentes y un total de 493 aves naturalizadas, entre ellas ejemplares que hoy resultan especialmente excepcionales porque muchas de esas especies están protegidas y su caza está prohibida.

 Águila del desierto hembra (Buteo desetorum), hoy en día extinguida© Cortesía
Águila del desierto hembra (Buteo desetorum), hoy en día extinguida

Entre las piezas más singulares se encuentra una hembra de águila del desierto, cazada en 1912 en Espeluy, Jaén. Se trata de una especie africana que apenas se encontraba en el sur de la península y que actualmente está extinguida. De este animal apenas se conservan referencias en antiguos libros y dibujos ingleses del siglo XIX, lo que convierte al ejemplar de la colección Cardona en una pieza de extraordinario interés histórico.

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Una colección que sobrevivió a la Guerra Civil

El conjunto también guarda una historia especialmente dramática. Durante la Guerra Civil española, el palacio de Colón fue ocupado por milicias republicanas y algunas de las piezas comenzaron a ser destruidas. Entre ellas se encontraban ejemplares como un oso polar de pie, el hipopótamo o el leopardo. La situación se detuvo cuando un mando ordenó proteger la colección y puso una guardia para evitar que las piezas fueran expoliadas. Finalmente, la mayoría del conjunto fue trasladado al Museo de Ciencias Naturales de Madrid.

El 13 de mayo de 1939, el director del museo, Filiberto Díaz, escribió al duque de Medinaceli para comunicarle que conservaban un número importante de piezas que estaban identificadas con una etiqueta de "incautado al duque de Medinaceli" y preguntaba cuándo podía pasar a recogerlas. En aquella relación figuraban colecciones de mamíferos y aves, grandes piezas exóticas de caza, cabezas naturalizadas, cuernas, objetos relacionados con el arte cinegético y unos 350 volúmenes de zoología y cinegética.

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El legado que la duquesa de Cardona mantiene vivo

La XX duquesa de Cardona fue quien trasladó la colección a Córdoba y construyó un edificio específicamente destinado a albergarla. Además, continuó ampliándola con nuevas piezas, entre ellas una singular loba albina cazada en La Alameda, en Jaén.

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Su sucesora, la actual XXI duquesa de Cardona, Casilda Fernández de Córdoba Guerrero-Burgos, ha asumido la conservación y ampliación de este patrimonio. La colección está actualmente cedida a la Fundación Casa Ducal de Cardona y requiere un mantenimiento constante: cada año es necesario restaurar o retocar alguna de las piezas para garantizar su conservación.

Una dinastía que ha hecho historia

La exposición permite además acercarse a la historia de una casa nobiliaria cuyo origen se remonta a la Edad Media. La Casa de Cardona es el título con el origen más antiguo del año 791, llegó a controlar aproximadamente el 18% del territorio de Cataluña y acumuló un poder económico y militar extraordinario gracias, en buena medida, a las minas de sal de Cardona.

Su influencia fue tal que sus miembros fueron conocidos como los "reyes sin corona", mientras que una antigua expresión definía su posición como "reyes entre los condes y condes entre los reyes". A lo largo de los siglos, la familia dio guerreros, almirantes, obispos, cardenales, diplomáticos, virreyes y consejeros reales.

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El ducado de Cardona fue concedido en 1491 por Fernando II de Aragón a Juan Ramón Folc IV de Cardona, y posteriormente quedó integrado en la Casa de Medinaceli hasta que, ya en el siglo XX, el XVIII duque de Medinaceli lo distribuyó entre sus hijas, recuperando el ducado su condición de rama independiente.

Ahora, más de 12 siglos historia de la familia y 133 años después de que comenzara esta singular colección, la XXI duquesa de Cardona abre por primera vez sus puertas fuera de Córdoba. Badajoz será durante cuatro días el escenario de una exposición que reúne naturaleza, historia, aristocracia y memoria familiar en un legado que ha sobrevivido al paso del tiempo y que continúa creciendo generación tras generación.

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Y hasta su escudo cuenta una historia. La cimera de Cardona está coronada por un cisne acompañado de una inscripción en catalán antiguo, "EN PEUD HEVRE", que significa "Se puede soñar". Una frase que resume, de alguna manera, la extraordinaria historia de una colección que comenzó hace más de un siglo y que ahora se podrá contemplar, por primera vez, lejos de su hogar cordobés.