Este lunes, la 'vuelta al cole' ha sido de lo más especial. Más allá de la princesa Leonor aterrizando en la Universidad Carlos III, muchos jóvenes, adolescentes y niños regresaban a las aulas para comenzar un nuevo curso. Entre ellos está Carlos, hijo de Fabiola Martínez y Bertín Osborne. A sus 17 años, el joven ha iniciado una etapa que promete ser de lo más ilusionante y que marca un nuevo comienzo para él y también para la exmodelo: "Carlos ha empezado hoy Marketing", cuenta a ¡HOLA! la propia Fabiola, emocionada por ver a su hijo dando pasos agigantados hacia la vida adulta.
La venezolana nos admite que está "centrada" y "contenta" porque todo ha salido "fenomenal" en este primer día de universidad. Aunque es Carlos quien arranca una nueva etapa vital, para ella, como madre, también supone un nuevo reto a la hora de criar, acompañar y estar junto a sus hijos. Fabiola es una mamá orgullosa y, siempre que puede, destaca el estrecho vínculo que mantiene con Carlos y Kike (19). Ambos, fruto de su relación con Bertín, son su mayor premio. En cada entrevista, aparición y evento al que acude, la colaboradora no esconde ni minimiza la compleja situación que vive Kike debido a la parálisis cerebral que padece y que condiciona su día a día. En la actualidad, como ella misma nos describe, "Kike es mi principal preocupación".
El futuro de Kike, un gran reto
La situación es ciertamente complicada, pues Kike, al igual que su hermano, también se enfrenta al comienzo de una nueva etapa vital. En su caso, sin embargo, el horizonte es muy diferente. "Kike va a un colegio de educación especial y esta etapa de escolarización termina a los 21 años. A partir de ahí nos quedamos prácticamente sin alternativas, porque para personas como él, afectadas por parálisis cerebral tanto a nivel motor como cognitivo, las opciones son muy escasas", explica Fabiola.
Cuando finalice el colegio, las alternativas que contempla actualmente el sistema son fundamentalmente un centro de día o una residencia. "Y es una solución muy complicada porque muchos centros ni siquiera están especializados en perfiles como el suyo. No se trata únicamente de que Kike necesite terapias y atención en todas las actividades de su vida diaria; además tiene epilepsia y necesita una atención específica y especializada", relata.
A ello se suma otro problema importante: la falta de plazas. "Hay mucha más demanda que oferta. Las plazas disponibles son muy escasas y, en muchos casos, solo se liberan cuando una persona se traslada de ciudad o de zona o cuando fallece", explica Fabiola. Una realidad que afecta no solo a Kike, sino a muchas familias cuyos hijos llegan al final de la etapa educativa sin encontrar después una alternativa adaptada a sus necesidades.
"En España no hay una solución suficiente para las personas con este grado de afectación y quiero solicitar al Gobierno un planteamiento a nivel nacional", nos relata, teniendo muy presentes a todas aquellas familias que atraviesan la misma situación. Para Fabiola, el problema no debería abordarse únicamente desde la atención asistencial, sino desde una mirada que garantice continuidad, especialización y calidad de vida una vez finalizada la escolarización.
La Fundación Kike Osborne, un apoyo esencial para miles de familias
Cuando nació, los médicos no le dieron a Kike mucha esperanza de vida. Dos años, quizá. Pero va a cumplir 20 este noviembre y se encuentra ahora ante una realidad para la que el sistema todavía ofrece pocas respuestas. En octubre de 2009, y tras percatarse de que su situación en casa no era única, sino que había infinidad de familias con casos similares —desamparadas y desorientadas—, Fabiola y Bertín decidieron poner su granito de arena y crear la Fundación Bertín Osborne, un espacio que, como ellos mismos describen, "acompaña de forma integral a las familias que cuidan cada día a su hijo o hija con discapacidad". Al cumplir Kike la mayoría de edad, sus padres decidieron rebautizar el proyecto para homenajear al verdadero héroe de casa: Fundación Kike Osborne.
"Aunque la fundación tuviera los recursos para montar un centro, ahora mismo no habría capacidad para dar solución a todas las personas que se encuentran en esta situación", nos explica Fabiola, que ya ha valorado la posibilidad de crear, junto a su organización, un espacio en el que Kike y otras personas con necesidades similares pudieran continuar recibiendo atención y terapias.
El problema, señala, tiene además una dimensión cada vez mayor. "La esperanza de vida de estas personas ha aumentado muchísimo y, afortunadamente, hoy viven muchos más años. Pero los recursos no han crecido al mismo ritmo. Los centros están colapsados y apenas hay rotación de plazas", añade, explicando así la difícil realidad con la que se va a encontrar cuando Kike finalice el colegio al que asiste.
"Aunque yo pudiera crear un centro", reflexiona, "esto no resolvería el problema de todas las familias que se encuentran en la misma situación. Necesitamos una respuesta mucho más amplia". Por eso, buena parte de las energías de Fabiola están ahora puestas no solo en el futuro de Kike, sino también en el de tantas familias que se enfrentan a esa misma incertidumbre. "Quiero buscar soluciones", concluye.
La colaboradora y exmodelo lleva casi dos décadas volcada con la Fundación Kike Osborne y con el cuidado de Carlos y Kike, además de convertirse en altavoz de aquellas familias que conviven con situaciones similares. Tal y como contó el propio Bertín Osborne en 2024 a ¡HOLA!: "Fabiola está involucrada 24 horas al día los siete días de la semana. Ella está absolutamente en cuerpo y alma. Toda la gente que trabaja en la fundación es su gente y son una gente maravillosa. Ella es la que maneja, ella es la que lo dirige y ella lo hace todo muy bien. Es su vida y está a tope".
Ahora, con este nuevo capítulo que se abre en la vida de sus hijos y, especialmente, ante el próximo final de la etapa educativa de Kike, la venezolana busca una respuesta contundente y sólida que permita que personas como él cuenten con un verdadero respaldo social y de las administraciones. Una solución adaptada a su edad, a su grado de afectación, a sus necesidades terapéuticas y médicas y, sobre todo, a su derecho a seguir teniendo un proyecto de vida.









