Patrick Dempsey desafía al tiempo. A sus espléndidos 60 años, su arrebatadora serenidad parece decirnos que si bien es obvio que la juventud es un regalo de la naturaleza, la edad, en su caso, ha construido una obra de arte… Porque el que fuera entronizado por la cultura pop como el hombre que mejor ha llevado una bata blanca en la pantalla —como el doctor Derek Shepherd, o mejor dicho, el insuperable ‘Doctor Macizo’ de Anatomía de Grey— mantiene intacto su estado de gracia. O su sex appeal. O su aplomo y elegancia. O ese je ne sais pas quoi que hace tan solo tres años le granjeó el título del tipo más Sexy del Mundo.
Pero, más allá de esos títulos a golpe de titular (sic), y también de los arquetipos de galán de comedia romántica, Dempsey ha mutado en otra cosa. En un caballero y actor de carácter más que interesante, independiente, indómito... Pero, también, reposado. Un hombre casi renacentista que ha sabido cambiar el bisturí por los guantes ignífugos, la pista de baile por el asfalto y la sonrisa de niño bueno por la mirada gélida de un psicho killer.
En un giro de guion como sacado de un thriller de Hollywood, nuestro protagonista ha dinamitado su propia zona de confort. En Memoria de un asesino, su proyecto más reciente, se enfunda en la piel de Angelo Doyle, un despiadado sicario de élite que se asoma al abismo del alzhéimer temprano. Un papel —del que ahora rueda su segunda entrega— oscuro, perturbador y lleno de aristas que le ha obligado a reflexionar sobre la fragilidad de la mente, la importancia del ejercicio físico y el incalculable valor de aferrarnos al presente. Ahora bien, cuando el director grita “¡Corten!”, la verdadera adrenalina estalla a la velocidad del sonido, como un Concord.
Empedernido petrolheady respetado piloto de resistencia que ha sudado la gota gorda en los míticos trazados de Le Mans y Daytona, Dempsey no es un mero espectador VIP en el paddock. Como embajador global de TAG Heuer Eyewear, prestando su rostro magnético a las colecciones Jack Heuer y Mini Vingt-Sept, fusiona con maestría la alta tecnología, la estética atemporal y esa mentalidad de que ganar es lo único que importa que tan bien define a los campeones de raza.
No obstante, detrás del glamour de las red carpets y los hiperdeportivos, late un corazón férreamente anclado a la tierra: un hombre que de niño superó la dislexia escudándose en el deporte, y que hoy, refugiado en la paz de Maine junto a su esposa, Jillian y sus tres hijos, lidera el Dempsey Center, una institución —nacida después de que su madre hiciera frente al cáncer— que brinda apoyo, terapias y cuidados gratuitos a pacientes con esta enfermedad, convirtiéndose en la obra que, confiesa, mayor sentido da a su fama.
Nos sentamos (virtualmente, con el cambio horario de Toronto de por medio) con este dios del celuloide. Y también, de las carreras.
Has conquistado Hollywood y subido al podio en Le Mans y Daytona. Cuando te pones el casco y bajas la visera, ¿qué parte del actor se queda en boxes y qué instinto coge el volante?
Fíjate que creo que, en mi caso, cuando me pongo al volante, todo se calma y me siento muy a gusto. Como en casa. Como si después del ajetreo de las cámaras, fuera en el coche donde, por fin, llego a relajarme de verdad.
Llevar un TAG Heuer Monaco en la muñeca es una invocación directa al espíritu de Steve McQueen. ¿Ese legado te pesa o es más bien un amuleto?
No creo que sea una “carga” porque no intento competir con McQueen... Se trata más bien de lo que representa el reloj y de lo que representa TAG Heuer y, en cierto modo, lo que representa también la campaña Designed to Win; es una forma de mentalidad, es la cultura de la marca. Tiene que ver con el automovilismo y su ADN fundamental, empezando por el Carrera y también por la auténtica pasión de Jack Heuer por el automovilismo desde muy temprano. Y eso ha formado parte de su legado. Y lo que realmente me encanta de TAG Heuer es su coherencia. Cuando te haces con un TAG, sabes lo que estás comprando, sabes lo que simboliza. Creo que esa es la respuesta a la pregunta. Entre Steve y yo simplemente hay una pasión compartida. La que los dos sentimos por el automovilismo; lo que representa el reloj y por supuesto, lo que para ambos es (fue) la F1.
De todo el archivo histórico de TAG Heuer, si solo pudieras salvar un modelo del fin del mundo, ¿cuál elegirías para que te acompañe en tu última carrera?
Dios mío, qué difícil...¿Te puedo decir dos? El Scent-O-Box, que realmente es precioso, aunque últimamente estoy usando mucho, y me encanta, el Rich History. Creo que tiene algo del pasado que representa mucho la leyenda de este deporte y algo muy rabiosamente actual. El tiempo que vivimos y en el que estamos hoy.
En el cine, el tiempo se edita, se corta y se estira; en la pista, es un dictador implacable. ¿Cómo ha cambiado tu relación con la noción del 'tiempo' desde que empezaste a competir?
A medida que nos hacemos mayores, valoras mucho más el tiempo. Entonces, ¿cómo hago para aprovechar el tiempo al máximo? Al más alto nivel. Se trata de pasar tiempo con tu familia, con buenos amigos y, ya sabes, de comprometerte con proyectos que te hagan bien, porque el tiempo del que dispones es muy limitado. Y eso es lo que hay que recordar: disfrutar del tiempo es estar presente, y estar presente es no pensar en el tiempo. Ese es el mayor reto.
El automovilismo tiene un componente casi romántico de coquetear con el peligro. ¿Qué buscas en ese subidón de adrenalina que no te ofrece un plató?
Cuando compites, el nivel de concentración es mucho mayor porque hay mucho en juego. Cuando ruedas, no sé por qué, pero es muy diferente, también el nivel de intensidad y concentración es muy alto... Pero no se trata tanto de adrenalina como de poder mental y físico. Y eso es lo que he aprendido a bordo de un monoplaza, y lo que he querido trasladar tanto a la interpretación como a mi vida personal.
Eres el embajador de una marca que fusiona la alta relojería con velocidad. ¿Es la F1 la última gran pasarela de moda y tecnología del mundo moderno?
Sin duda alguna, ahora mismo, los pilotos son iconos. Muchos patrocinios y cosas por el estilo recaen en pilotos de F1 porque la atención que reciben está a un nivel que, probablemente, sea similar al de los años 50 y 60, cuando la popularidad era máxima. Supongo que esto es así porque hemos llegado a comprender la humanidad de los pilotos de tal manera que la gente ahora conecta con ellos mucho más emocional y profundamente.
Hoy en día, para Patrick Dempsey, ¿cuál es el verdadero lujo innegociable en su día a día?
Tengo la suerte de estar trabajando. Eso ya es un lujo en sí mismo en el mundo en el que vivimos y en una profesión como la mía. Y que cuanto más envejezco, más disfruto y menos expectativas tengo sobre lo que está por venir. Simplemente disfruto de donde estoy.
¿Hay alguna habilidad técnica o emocional que hayas aprendido a más de 300 km/h y que apliques cuando te pones delante (o detrás) de una cámara?
Respirar, respirar, respirar. Eso es lo más importante y lo más difícil de recordar porque, cuanto más nervioso o emocionado estás, menos respiras; cuando, sin embargo, eres más consciente de tu respiración, estás más tranquilo y más presente... Es... como el segundero: sencillo, reposado, pero crucial.
¿Vendrás a Madrid?
Sí, tengo muchas ganas. Creo que el GP de España va a ser genial. Volvemos a la acción y es la primera vez que estamos en Madrid en mucho tiempo. Además, España acaba de ganar el Mundial y ha estado enorme, dominando de una forma muy discreta y contundente. Y ha sido bonito. Madrid, además, es una ciudad preciosa, con el restaurante más antiguo del mundo... Madrid es, sencillamente, genial.
¿Has visto yael circuito?
Lo he visto en fotos y estoy deseando verlo en persona.
Como piloto y amante del automovilismo, ¿qué elemento crees que va a hacer de Madrid una cita 'legendaria'?
Creo que hay que esperar lo inesperado porque es un circuito nuevo. Y eso es realmente emocionante: ver cómo se adaptan los distintos coches al circuito, quién va a tener éxito y qué escudería se va a adaptar mejor a ese trazado en concreto. Creo que se puede decir sin miedo a equivocarnos que hay tres o cuatro equipos con posibilidades de ganar, aunque Kimi (Antonelli) está dominando.












