Nació en Francia, reside en Portugal y ha vivido en muchos países, pero España ocupa un lugar muy importante en el corazón de la famosa monitora de yoga Coco Charloux y en el de su familia. Nos cuenta que Sotogrande es su segunda casa, donde acuden cada verano y disfrutan no solo de sus playas y su ritmo de vida, sino también del polo, el deporte que es la gran pasión y proyecto de vida de su marido, el destacado polista y empresario Gaëtan Charloux, que también practican sus tres hijos, los gemelos Gaston y Consuelo y el pequeño Guy.
En estas lineas, Coco nos presenta a Consuelo, quien, a sus 20 años, estudia Psicología en Canadá y, a la vez, ha empezado a hacer sus primeros trabajos en el mundo de la moda. Se trata de una industria que ella conoce muy bien, ya que, antes de dedicarse al yoga, Coco también destacó como modelo.
Ahora, rodeada de caballos, nos habla del fascinante recorrido que la llevó del mundo del Derecho, las pasarelas y sesiones de foto a las clases y retiros de yoga, del amor de su familia por el polo y de su hija, de quien no puede estar más orgullosa por sus valores y su forma de ver la vida.
¿Qué te ha parecido ponerte delante de la cámara con tu hija?
Siempre me encanta compartir momentos con Consuelo. Somos muy cómplices y nos encanta hacer cosas juntas. Cuanto más crece, más cerca me siento de ella. Ahora que vive en el extranjero, cada momento que pasamos juntas es aún más especial y lo disfrutamos al máximo. Además, las dos somos unas apasionadas de la moda, así que nos sentimos privilegiadas al poder posar con una selección de prendas tan cuidada y especial. Nos divertimos muchísimo interpretando distintos personajes a través de cada look y convertir una sesión de fotos en un momento de complicidad ha sido una experiencia maravillosa.
Posáis en Sotogrande, donde pasáis parte de las vacaciones cada verano, ¿qué significa para vosotras este rincón de España?
Sotogrande es nuestra segunda casa. Desde que los niños eran pequeños, hemos creado aquí algunos de nuestros mejores recuerdos en familia. Nos encanta la calma que transmite el mar, la conexión con los caballos, la gastronomía andaluza y el estilo de vida tan especial que se respira. También tenemos muchos amigos a los que volvemos a ver cada verano. Es, sin duda, un lugar muy importante para nuestra familia.
"Sotogrande es nuestra segunda casa. Nos encanta la calma que transmite el mar, la conexión con los caballos, la gastronomía andaluza y el estilo de vida tan especial que se respira", dice Coco
¿Qué es lo que más os gusta de nuestro país?
Su forma de vivir. Aquí todo parece más intenso: los colores, los sabores, las voces, las risas… Las noches se alargan y siempre hay una sensación de alegría y de vida que me inspira muchísimo. Me fascina especialmente Andalucía, donde conviven una profunda tradición cristiana con las influencias del norte de África. Esa mezcla de culturas se percibe en la arquitectura, la gastronomía, la música y la forma de vivir y hace que esta región tenga una identidad única y profundamente inspiradora.
¿Qué opinas de la moda española?
Creo que ha vivido un auténtico renacimiento en los últimos diez años. Han surgido muchas marcas con una identidad muy fuerte, como The IQ Collection, Maria de la Orden o La Veste, que hoy encontramos en ciudades como París. Siempre me ha fascinado la influencia de la tauromaquia y de los trajes tradicionales de feria reinterpretados de una forma contemporánea. Me parece una moda alegre, con mucha personalidad y sin complejos, que celebra la femineidad y sabe realzar a la mujer con elegancia y carácter.
Consuelo, una ciudadana del mundo con 20 años
¿Cómo es Consuelo? ¿Qué es lo que más admiras de ella?
Es una joven de su tiempo y una auténtica ciudadana del mundo. Haber crecido en distintos países y hablar varios idiomas le ha dado una gran capacidad de adaptación y una curiosidad natural por las personas y las diferentes culturas. Se siente a gusto en cualquier lugar y siempre tiene ganas de aprender y descubrir. También admiro mucho su disciplina y su energía. Es deportista; siempre se apunta a cualquier plan, ya sea deportivo, cultural o de viaje, y afronta todo con entusiasmo. Y, por supuesto, me encanta su espíritu competitivo, especialmente cuando juega al polo… aunque reconozco que siempre paso un poco de miedo viéndola jugar.
¿Qué está estudiando?
Consuelo tiene 20 años y estudia Liberal Arts en la Universidad McGill, en Canadá. Su especialidad es Psicología, una disciplina que le apasiona desde hace años y que refleja muy bien su curiosidad por comprender a las personas y el mundo que la rodea.
¿Qué te parece que haya empezado a dar sus primeros pasos como modelo?
Me hace muchísima ilusión y me siento muy orgullosa de ella, pero creo que el mundo de la moda ha cambiado mucho. Hoy ya no basta con ser una chica guapa que lleva bien la ropa; las marcas buscan personalidad, autenticidad y un estilo propio. Por eso, lo que más deseo es que siga desarrollando todo lo que la hace única y que esa riqueza personal se refleje también en su trabajo dentro de la moda.
"Cuando era adolescente y trabajaba como modelo, pasé por una etapa en la que sufría ansiedad. En lugar de recurrir a la medicación, mi médico me animó a probar el yoga"
Una pasión por el polo que viene de familia
También juega al polo, un deporte vinculado a la familia de tu marido, Gaëtan, desde hace décadas. Cuéntanos cómo llegó el polo a la familia Charloux y cuál es su relación con Sotogrande.
Mi marido fue el primero de su familia en empezar a jugar al polo, con solo once años. Sotogrande es hoy uno de los grandes referentes del polo en Europa y es una alegría ver cómo este deporte sigue creciendo aquí, especialmente en su vertiente femenina.
Tienes otros dos hijos, ¿también juegan al polo?
Sí, tengo otros dos hijos. Gaston, hermano gemelo de Consuelo, que estudia Finanzas en la Universidad McGill y actualmente está de intercambio en Singapur. Le apasionan los caballos y siempre es el primero en llegar a las cuadras para ayudar a los petiseros. Es, sin duda, donde más feliz se siente. Y mi hijo pequeño, Guy, tiene 16 años y es el más apasionado por el polo. Ya compite a un alto nivel junto a su padre en Francia, España e Inglaterra, donde estudia en un internado y compagina sus estudios con su gran dedicación a este deporte.
El yoga cambió su vida
Eras modelo y tenías una prometedora carrera en el derecho, pero lo dejaste todo para dedicarte al yoga, ¿qué te llevó a hacer esto?
La moda llegó a mi vida casi por casualidad y disfruté muchísimo de esa etapa. Aun así, mis padres siempre insistieron en que terminara mis estudios, por eso me licencié en Derecho. Sin embargo, pronto comprendí que no era el camino en el que realmente me veía. Cuando empecé a viajar y a vivir en Sudamérica con mi marido, mientras criaba a nuestros hijos, profundicé cada vez más en mi práctica de yoga. Poco a poco, nació el deseo de compartirlo, primero con mis amigos y después con una comunidad mucho más amplia. Hoy siento que es precisamente en los retiros, los talleres y las clases que organizo donde puedo aportar más a los demás y donde me siento más plena y realizada.
"Haber crecido en distintos países y hablar varios idiomas le ha dado a Consuelo capacidad de adaptación y una curiosidad natural por las personas y las diferentes culturas"
¿Cuándo conociste el yoga y qué cambió en ti?
Cuando era adolescente y trabajaba como modelo, pasé por una etapa en la que sufría mucha ansiedad. En lugar de recurrir a la medicación, mi médico de familia me animó a probar el yoga. Era a principios de los años 2000, cuando esta práctica todavía era bastante desconocida y muchos la veían como algo alternativo. Muy pronto entendí que el yoga era mucho más que una actividad física: me ayudó a regular mi sistema nervioso, a encontrar equilibrio y a vivir con más calma. Ese descubrimiento cambió mi vida y marcó el camino que sigo hasta hoy.
¿Cómo te has formado para ser profesora?
Sigo formándome constantemente porque creo que es algo imprescindible. Mi primera formación fue en un ashram de Uruguay, con un maestro indio y una enseñanza muy tradicional. Después estudié ashtanga yoga, que en aquella época estaba viviendo un gran auge. Con los años he continuado mi formación en países como Inglaterra, Estados Unidos, India y Portugal, donde vivo actualmente. Creo que hacen falta cientos, incluso miles, de horas de práctica y estudio para enseñar con responsabilidad. Pero, sobre todo, siempre recuerdo una frase que me acompaña: "Don’t be a yoga teacher, be yourself and teach yoga" ("No te conviertas en profesor de yoga, sé tú mismo y enseña yoga"). Para mí, lo más importante es enseñar desde la autenticidad, siendo uno mismo.
¿Cómo es tu método?
Es holístico y está basado en el movimiento. Combina yoga, danza, pilates y, en ocasiones, también trabajo de fuerza y resistencia. El objetivo es ayudar al sistema nervioso a pasar del modo de alerta (fight or flight) al de descanso y recuperación (rest and digest), creando las condiciones para que el cuerpo se calme y pueda acceder a un verdadero estado de meditación. Es un método dinámico, alegre y muy musical. Cada clase es diferente, mantiene el cuerpo y la mente presentes y nunca deja espacio para el aburrimiento. Por eso también lo llamo rainbow yoga, porque reúne todos los "colores" del movimiento y distintas disciplinas en una sola práctica. El objetivo es que cada persona salga de la clase sintiéndose mejor de como entró, con una verdadera sensación de bienestar.
"Me encanta el espíritu competitivo de Consuelo, especialmente cuando juega al polo… Aunque reconozco que siempre paso un poco de miedo viéndola jugar"
Retiros para desconectar y reconectar
Organizas retiros por Europa, ¿en qué consisten?
Organizo retiros en lugares muy especiales para mí, como Quinta da Comporta, en Portugal; Six Senses Kaplankaya, en Turquía, o Les Sources de Caudalie, cerca de Burdeos, entre otros destinos. Me gusta llamarlos yoga holidays más que retiros de yoga, porque ofrecen mucha libertad. Cada persona puede desconectar del ritmo cotidiano y, al mismo tiempo, reconectar consigo misma, con su pareja o con sus amigos, sin una agenda rígida. Practicamos yoga, pilates, barre, caminamos, meditamos y disfrutamos de una alimentación saludable, un aspecto al que doy muchísima importancia. Pero, sobre todo, son experiencias humanas. Se ha creado una auténtica comunidad alrededor de estos viajes, donde nacen amistades que perduran en el tiempo. Algunas alumnas han venido conmigo más de diez veces y hoy forman parte de mi círculo de amigas.
En tu familia, ¿practican yoga contigo?
Sí, el yoga forma parte de nuestra vida familiar desde hace muchos años. Mi marido empezó a practicar conmigo hace 25 años y creo que solo hace unos cinco dejó de decir que el yoga era simplemente "estiramientos". Hoy disfruta muchísimo de la práctica y se ha convertido en un auténtico yogui: desconecta por completo durante las clases. Con mis hijos ha sido diferente. A mis chicos les cuesta un poco más, aunque Guy utiliza mucho la meditación antes de sus partidos de polo. Consuelo, en cambio, se enamoró del yoga. Me hace muy feliz verla ir varias veces por semana a su estudio en Montreal, incluso en pleno invierno, desafiando el frío y la nieve. Además, participa en muchos de mis retiros, y compartir esas experiencias con ella es un verdadero regalo.
¿Qué sueño te queda por cumplir como instructora de yoga?
Es una pregunta curiosa, porque creo que nunca me la había planteado, pero, probablemente, mi mayor sueño sea poder seguir enseñando —o al menos practicando— yoga hasta los 100 años, como esas personas tan inspiradoras que vemos y que siguen moviéndose con alegría y constancia. También me gustaría seguir recordando que el yoga no consiste en hacer las posturas más espectaculares o acrobáticas; no se trata de hacer el Circo del Sol. Como me gusta decir: "El yoga es un trabajo interior, no un entrenamiento físico". Es un viaje hacia el interior, mucho más que un ejercicio físico.









