Paula Echevarría está pasando un verano muy amargo. El más difícil de su vida. También podríamos decir agridulce, porque a la tristeza y el dolor de haber perdido a su padre, Luis Ángel Echevarría, fallecido el pasado 30 de julio, a los 76 años, la actriz suma la alegría de ver a su hija, Daniella convertida ya en adulta. La joven, como informamos, cumplió 18 años el pasado lunes 17 de agosto, y su madre la llevó el sábado anterior a una fiesta que le habían organizado sus amigas.
Una de cal y otra de arena. Por eso, para intentar sanar y convivir con la profunda herida de la ausencia de su padre, Paula ha decidido permanecer en Candás, su tierra natal, donde se ha refugiado en su familia y trata de recuperar la sonrisa junto a sus principales apoyos: sus dos hijos y su compañero de vida, Miguel Torres.
La mejor medicina
No es fácil, y la intérprete lo sabe, pero estar rodeada de los suyos y retomar sus rutinas es la mejor medicina. Así lo ha manifestado ella misma hace unos días, en una publicación que ha compartido en Instagram con sus seguidores: "Hacer deporte, rodearme de mi 'manada', empezar a abrir el estómago comiendo rico, la playa de mi pueblo, la playa de mi vida, sumergirme en el mar que me cura y me limpia, buscar entre recuerdos... Poco a poco...".
Y así, a pesar de la pena que se le ha incrustado en el alma, la protagonista de Luz de domingo trata de disfrutar de planes sencillos y cotidianos, como otros veranos, y esos instantes son los que reflejan las imágenes que vienen a estas lineas.
El sábado 15 de agosto, después de dejar a Daniella con sus amigas, Paula y Miguel salieron a dar un paseo por el pueblo junto al pequeño Miki, de cinco años. Aunque la tarde se presentó lluviosa en el litoral asturiano, la actriz, paraguas en mano, el exfutbolista y su hijo estuvieron curioseando entre los puestos de un mercadillo. Fue allí donde se produjo una entrañable escena: tras charlar amigablemente con un vendedor ambulante, este le dio un cálido abrazo a Paula, movido, quizá, por la popularidad de la también influencer.
"La playa de mi pueblo, la playa de mi vida, sumergirme en el mar que me cura y me limpia, buscar entre recuerdos...", compartió la intérprete con sus seguidores
Después, fueron a tomar algo a un bar y terminaron el sábado haciéndose unas fotos en el puerto de Candás, aprovechando que ya no llovía y que Paula estaba guapísima, con un vestido largo y estampado de cuadros de vichí en blanco y negro.
El clima les dio una tregua el domingo y, aunque el cielo amaneció nublado, no hubo lluvia, lo que animó a Paula y sus "chicos" a disfrutar de un día de playa. Los tres se reunieron con un numeroso grupo de amigos en el merendero de un bar en primera línea de playa que permitía cocinar de manera autónoma. De hecho, Miguel Torres demostró sus ya conocidas dotes de chef y deleitó a sus acompañantes preparando unas costillas a la barbacoa.
"Hacer deporte, rodearme de mi 'manada', empezar a abrir el estómago comiendo rico... Poco a poco", expresó Paula
La actriz, que esta vez vestía un atuendo playero de color negro, se mostró feliz de poder reunirse con amigos y familia. Es más, en una velada asturiana como esta no podía faltar la sidra, y fue la propia Paula quien entró al bar a por las botellas. Después, volvió a ejercer de camarera improvisada para llevar los cafés.
Ya por la tarde, el pequeño Miki se convirtió en el gran protagonista. Siempre muy cerca de su madre, la asturiana se volcó en atenciones y gestos de cariño hacia su hijo, con el que estuvo bañándose, jugando en la orilla y haciendo paddle surf. Y es que no hay nada como la sonrisa de un niño para poder recuperar la propia.
La actriz disfruta de planes sencillos y cotidianos, como ir a la playa o salir a pasear con Miguel y el hijo de ambos, Miki, junto a los que estuvo curioseando por los puestos de un mercadillo
















