Existe un universo paralelo, casi irreal: el fabuloso Principado de Mónaco, donde la vida transcurre entre el lujo y la celebración de la belleza de todo lo que te rodea. Recientemente se ha completado la obra de Mareterra, un complejo residencial construido como una península sobre el mar que es ya el espacio de tierra más caro del mundo: viviendas ultramodernas diseñadas por grandes arquitectos como Renzo Piano se enmarcan entre inaccesibles jardines de estilo zen y piscinas casi salidas del espacio.
Y las vistas son incomparables. Por un lado, el mar, con acceso privado al puerto; por el otro, Mónaco y sus imponentes edificios. Cristie Crociani y su marido, Nicolas Delrieu, nos invitan a conocer su magnífica casa, una de las siete propiedades que tienen repartidas por todo el mundo, junto a sus dos hijos, sus dos perritos y su encantador gato Jimmy.
"Aquí te sientes como si estuvieras en un paraíso, no realmente en la ciudad. No hay ruido y, tratándose de Mónaco, eso es algo muy especial"
El piso es una oda a las olas del mar —presente constantemente en la decoración interior— y refleja el gusto cosmopolita de esta familia que vive el mundo como su gran hogar. La vida de Cristie ha sido durante mucho tiempo una batalla que, afortunadamente y para gran alegría, hoy está resuelta.
Eres hija de Camillo Crociani, que fue un empresario muy importante.
Cristie.—Sí, industrial, fue presidente de Finmeccanica, de Finmare… y era un empresario muy influyente en Italia, al frente de este gran conglomerado internacional. Se enamoró de mi madre, que por aquel entonces era actriz en Roma, Edi Vesel, dejó a su primera mujer y a sus hijos y se casó con ella. Posteriormente nos tuvieron a mi hermana y a mí.
¿Qué recuerdas de tu padre?
C.—Lo recuerdo muy bien. Recuerdo que íbamos a jugar al golf juntos, que era un hombre muy cariñoso, muy generoso con mi madre, que era alguien que tenía un poco de la folie de grandeur (delirios de grandeza) y por eso le gustaban las casas grandes y compró muchas en Italia. Era un adicto al trabajo, le encantaba, construyó una gran empresa y la amaba realmente; y era un solucionador de problemas, era muy inteligente y muy capaz de resolver cualquier asunto.
"Nos conocimos aquí en Mónaco y fue un coup de foudre (flechazo). Así comenzó esta gran historia de amor y ahora llevamos 25 años casados"
¿Qué es lo mejor que crees que has heredado de él?
C.—Yo también soy una persona que resuelve los problemas. Sea cual sea el problema, no le tengo miedo, y me he demostrado a mí misma que probablemente puedo solucionar cualquiera que se me presente; siempre pienso: "nadie es indispensable, nada es vital y yo puedo solucionarlo". Así me siento muy feliz y a gusto conmigo misma. Me ha enseñado a que todo se puede resolver y siempre hay esperanza.
¿Cómo conociste a Nicolas, tu marido?
C.—Es un hombre maravilloso. Conocí a Nicolas aquí en Mónaco y fue un coup de foudre (flechazo); lo vi y me enamoré perdidamente de él, y creo que él también se enamoró de mí. Así comenzó esta gran historia de amor en la que no podíamos estar separados más de cinco minutos, y ahora llevamos 25 años casados.
Y también tienes una hermana, Camilla de Borbón.
C.—Sí, tengo una hermana, de la que estuve años distanciada, pero ahora volvemos a llevarnos bien y estamos más unidas que nunca. Tras 15 años sin dirigirnos la palabra, el primer día que volvimos a hablar fue como si nada hubiera pasado, como si no hubiera transcurrido todo ese tiempo. Además, ella vive aquí en Mónaco, así que podemos compartir nuestra vida familiar. Sí, somos muy diferentes, pero todo el mundo es distinto a los demás. De alguna manera, lo hacemos funcionar y nos llevamos bien.
La casa posee una doble orientación con vistas contrastadas: la fachada principal mira directamente al Mediterráneo, mientras que la parte posterior se abre hacia los emblemáticos edificios de Mónaco
Nicolas, ¿de dónde eres tú?
Nicolas.—Soy del sur de Francia, pero me crié entre el sur y París. A los 18 años me fui a estudiar a Estados Unidos. Y, bueno, nunca volví. Estudié en la Universidad George Washington la carrera y un máster en finanzas. Y luego empecé a trabajar en Nueva York en este sector. Más tarde tuve una empresa de servicios bancarios y de logística de valores que operaba por toda Europa.
"Mi padre, Camillo Crociani, fue un empresario industrial muy influyente en Italia, al frente de un gran conglomerado internacional. Era un hombre muy generoso, cariñoso y muy inteligente"
¿Y cuál es tu ocupación principal ahora?
N.—Actualmente tengo muchas inversiones en diferentes sectores a nivel mundial, con enfoque en el capital privado y capital del riesgo.
¿Nos puedes hablar de vuestras hijas?
N.—Son guapísimas y las queremos muchísimo. Somos una familia muy unida. Delia tiene 21 años y estudia en la Universidad de Miami; Livia tiene 19 y estudia en el King’s College de Londres.
Vivís en varias casas por todo el mundo.
C.—A mí me encantan los hoteles y no me gusta decorar casas. Las casas son la pasión de Nicolas y le gusta tener muchas diferentes en muy diversos lugares. Pero mis hijas me ayudan muchísimo con la decoración y ellas también comparten esa pasión. También les gusta organizar exposiciones de artistas jóvenes en nuestras casas. Lo hemos hecho en Miami y en Cap Cana, en República Dominicana, por cuestiones de infrastructura.
La colección de casas que tenéis, ¿dónde están?
N.—En París, en Londres, en Mónaco, en Cap Cana, en la República Dominicana, en Miami y en las Bahamas.
C.—Las hemos hecho juntos. Sobre todo Nicolas porque, como digo, le encanta decorar, y mi hijas también.
¿Y cuál es tu casa favorita?
C.—Mis propiedades favoritas diría que son las de Fisher Island, en Miami y Cap Cana, en República Dominicana.
¿Y cuál es el estilo que habéis querido imprimir en vuestras casas?
N.—La casa de Cap Cana es una mezcla de la herencia española y el ambiente caribeño, pero está construida íntegramente con piedras de coral, la piedra local de la República Dominicana. Es preciosa porque cada pieza de piedra es un trozo de coral y conchas. Situada a orillas del mar Caribe, es grande, espectacular y única. Pero la de Miami, un ático, es también muy mágica porque tiene unas vistas espectaculares de 360 grados de todo Miami.
Y luego está Mónaco, un lugar muy especial y bonito. ¿Qué es Mareterra?
N.—Es una nueva zona residencial que se terminó hace dos años, creo. Es una extensión de tierra, una península construida sobre el mar, así que es bastante milagroso lo que han hecho. Hay básicamente dos secciones principales, la parte construida por Renzo Piano y otra sección llamada Jardin d’Eau, donde estamos, diseñada por un arquitecto francés. Son un poco diferentes.
¿Cuál es la particularidad de este lugar? ¿Por qué la gente está deseando saber qué es Mareterra?
N.—Diría que una de las grandes cualidades de este lugar es que estás en primera línea del mar. Y para ser Mónaco es algo especial que no haya ruido. Puedo dormir con la ventana abierta, lo cual también es único. Realmente han integrado muy bien el entorno. Los jardines del lado del mar son un proyecto de Denis Valode y Jean Pistre of Valode & Pistre Architects. Te sientes como si estuvieras en un paraíso, no realmente en la ciudad. Y los vecinos son gente muy agradable, todos ellos, y tenemos la sensación de formar parte de una gran familia. Otra cosa que resulta muy práctica del barrio es que hay un puerto deportivo al que puedes acceder directamente si tienes yate, como es nuestro caso. La lancha auxiliar puede atracar junto al edificio y de ahí subimos directamente al yate.
"Somos una familia muy unida. Delia tiene 21 años y estudia en la Universidad de Miami; Livia tiene 19 y estudia en el King’s College de Londres" nos dice el inversor sobre sus dos hijas
Hablando de yates, habéis comprado un barco nuevo.
N.—Es un Mangusta, de 130 pies (unos 40 metros de eslora). Y además está muy bien decorado. Me gusta mucho el estilo.
Hablemos de Mónaco: ¿Qué hace que sea tan especial en el mundo?
C.—Es muy seguro, lo cual es muy importante hoy en día en el mundo. Podemos dejar nuestro bolso en plena calle y nadie se lo lleva. Cuenta también con los mejores restaurantes y es muy fácil encontrar cualquier cosa que necesitemos, porque está cerca de Italia y de Francia. Estamos a una hora de avión desde el centro de Europa, París, Londres y Madrid y a media de Italia, dos horas si es en coche a Milán. Por aquí pasa todo el mundo, sobre todo en verano.
C.—El príncipe es una persona muy amable, cercana y simpática, siempre tiene una sonrisa y algo agradable que decir a todo el mundo. Es simplemente una persona encantadora. Gracias a él, Mónaco tiene ese ambiente familiar, que es único, es un lugar donde te sientes como en una gran familia con gente de todo el mundo.
¿Y la princesa Charlene?
C.—Ella también es una persona muy simpática. Y tiene ese gran talento, de adaptarse a cada situación. Siempre parece saber dónde está y por qué está allí y siempre tiene algo agradable que decir sobre el evento y sobre las personas que lo organizan. De verdad, son una pareja muy agradable y amable, algo muy poco común hoy en día.
Los actos benéficos que organiza el Principado y, por supuesto, los que tú organizas, son muy importantes.
C.—La misión de la Fundación Crociani Delrieu es acercar el arte a los niños y crear oportunidades significativas para el aprendizaje, la creatividad y la inspiración. Organizamos encuentros en nuestras propiedades que reúnen a artistas consagrados y emergentes, coleccionistas y personalidades influyentes para conectar, intercambiar ideas e inspirarse mutuamente. A lo largo de los años, hemos reunido una colección que reúne a reconocidos artistas internacionales junto a un excepcional talento emergente.
"Algo que es muy práctico de esta zona residencial es que hay un puerto deportivo al que puedes acceder directamente si tienes yate, como es nuestro caso. La lancha auxiliar puede atracar junto al edificio"
La casa tiene dos lados: uno con vistas al mar y al jardín con la piscina del edificio; y otro, desde la cocina, donde se ven los edificios de Mónaco.
C.—Sí, es muy divertido. Porque ves todos los edificios y sabes a qué hora se encienden y se apagan las luces. Te das cuenta de que en Mónaco mucha gente se acuesta muy tarde. Y hay mucho ambiente, es una ciudad muy pujante. Me parece que en los últimos años Mónaco se ha convertido en un lugar mucho más animado.
Has tenido una vida muy intensa desde el principio con tu familia, tu padre, tu hermana… Ahora, en este momento de tu vida, ¿cómo te sientes? ¿Y qué es lo más importante que quieres trasmitirle a tus hijas?
C.—En este momento estoy extremadamente satisfecha y feliz. Estoy en paz conmigo misma. Cada mañana me despierto y me digo a mí misma que estoy muy agradecida por lo que la vida me ha dado y por cómo me he convertido en una persona muy equilibrada. Siento mucha gratitud por todo lo que tengo ahora en la vida, no me refiero a cosas materiales, sino a que tengo una familia estupenda y muy buenos amigos. Sobre todo, estoy muy contenta con quien soy y siento que no necesito nada más. Hemos sido capaces de mostrar a nuestras hijas la mentalidad adecuada que deben tener para ser felices, porque la felicidad es algo que debes encontrar dentro de ti mismo, no tiene que ver con otra persona, ni con lo material o el dinero. La felicidad es algo que tú tienes, tiene un poco que ver con la espiritualidad y yo soy una persona muy espiritual.
N.—Sobre todo porque perdió a su padre cuando era muy pequeña y siente que cada día se comunica con él. Esto le da fuerzas.
C.—Sí, creo que tengo este don, soy muy espiritual y creo que estoy en comunicación con las almas que están allá arriba, especialmente con mi padre. Pero nuestras dos hijas son personas muy felices y estoy muy orgullosa de ello porque veo que hay mucho sufrimiento en la mente de los jóvenes.
N.—Lo que es realmente maravilloso de Cristie es que enseñó a nuestras hijas a ser agradecidas, ante todo, a darse cuenta de lo afortunadas que son y a tener siempre una actitud positiva ante la vida. Es muy importante.
C.—Sí. Y tienen mucho talento, cada una a su manera. A una se le da muy bien la economía, la otra es muy artística y ambas están muy equilibradas.
¿Cómo pasaréis estas semanas de verano? ¿Adónde iréis de vacaciones? ¿Dónde pasaréis el verano?
C.—Normalmente vamos a Cerdeña, también solemos pasar por Saint-Tropez.
"Los príncipes Alberto y Charlene son una pareja muy agradable y amable. Gracias a él hay este ambiente familiar, en Mónaco te sientes como en una gran familia con gente de todo el mundo"

































