La Corte Real de Noruega se encuentra sumida en una profunda tristeza desde el fallecimiento del rey Harald V. La muerte de la princesa Astrid, ocurrida apenas dos semanas después, ha resquebrajado todos los planes de la dinastía Glücksburg, los cuales pretendían dar inicio a un nuevo reinado con una nueva agenda. Si bien la primera reaparición de los miembros de la Familia Real debería haber sido en un ambiente de completa felicidad, o al menos de menor tensión, esta aparición conjunta se ha llevado a cabo en el funeral de quien durante años ejerció el papel de primera dama del país. Este es un conjunto de normas que Astrid profundizó a lo largo de su rol institucional y que, ahora, se proyecta sobre la princesa Ingrid, quien se ha consolidado como el soporte de una familia que hoy ha puesto el broche de oro a una vida marcada por la tristeza, el éxito y el amor.
El papel de Ingrid de Noruega
El funeral de la princesa Astrid ha estado marcado por una profunda solemnidad y un simbolismo que ha recorrido cada uno de los entornos palaciegos, en los cuales Haakon VIII ha tomado un papel más que relevante en el último adiós a la hermana de Harald V. Junto a sus primos, el soberano ha sido el encargado de transportar el ataúd con los restos mortales a las afueras de la iglesia de Ris, en Oslo, para ser introducido en el coche fúnebre. Un momento que debería centrarse en quien hoy se ha despedido para siempre, aunque una de las figuras más discretas ha sido la princesa Ingrid. La joven heredera ha querido mantenerse en todo momento al lado de su abuela, la reina Sonia, sirviendo de pilar fundamental, consuelo y refugio para quien afronta uno de los episodios más tristes de su vida tras haber perdido, en un brevísimo margen de tiempo, a su marido y a su cuñada. Un gesto con el que Ingrid ha dejado patente su firme disposición para asumir el relevo generacional y sostener a la institución en sus momentos más amargos.
Y es que los paralelismos parecen unir a la princesa Astrid con quien un día se convertirá en soberana, pues Ingrid de Noruega ha hecho historia desde el ascenso de su padre al trono. La princesa Ingrid tuvo que prestar juramento por escrito tras la muerte de Harald V, convirtiéndose en la primera heredera al trono de la era moderna de Noruega en hacerlo, ya que sus antecesores eran menores de edad en el momento del ascenso de sus respectivos padres. Esto la ha llevado a asumir una intensa agenda institucional, la cual se ha visto incrementada debido a los problemas de salud de la reina Mette-Marit y la consecuente reducción de sus compromisos públicos. Una situación que ha obligado a la princesa Ingrid a afrontar una doble responsabilidad: ejercer como pilar de representación junto a Haakon VIII y asumir su rol como futura reina del país. Un papel de gran relevancia que, en su momento, ya tuvo que desempeñar la propia princesa Astrid.
La hermana de Harald V tuvo que asumir el rol de primera dama de la nación tras la prematura muerte de su madre, la princesa heredera Marta, en 1954. Ante la ausencia de una reina consorte tanto durante los últimos años del reinado de su abuelo Haakon VII como a lo largo de gran parte del mandato de su padre, el rey Olav V, Astrid se convirtió en la principal figura femenina de la Casa Real, acompañando al monarca en actos oficiales, viajes de Estado y recepciones palaciegas hasta el matrimonio de su hermano Harald con Sonia en 1968. Un valioso precedente histórico que hoy cobra nueva vida en la figura de Ingrid, llamada a recoger ese mismo legado de entrega y templanza para guiar los pasos de la monarquía hacia un nuevo capítulo.







