La reina Mette-Marit de Noruega se convertirá en una de las grandes ausentes del banquete de Estado con el que Haakon VIII dará inicio a las nuevas páginas de la historia del país escandinavo. Un momento lleno de emoción en el que el recuerdo al eterno Harald V se subrayará, siguiendo la estela del nuevo monarca que en los inicios de su reinado ha querido tener más que presente a quien reinó sobre el territorio nórdico durante las últimas tres décadas. Sin embargo, la nueva reina consorte del país no ha podido estar presente en una de las galas más significativas de su propio reinado, como tampoco lo pudo estar en el juramento ante el Storting del nuevo soberano. Dos ausencias con las que se aleja de la vida pública más que nunca, y en las que el papel de primera dama recae sobre la princesa Ingrid.
La gran ausencia de la noche de gala
En apenas unas horas el Palacio Real de Oslo se vestirá de gala con motivo del banquete ofrecido por Haakon VIII a los miembros del Storting —como se le conoce al Parlamento de Noruega— para dar inicio a su propio reinado tras asentar las bases de una nueva agenda oficial en la que la reina Mette-Marit no tiene lugar propio debido a una razón de peso. Y es que los últimos días del reinado de Harald V no solo estuvieron marcados por las polémicas relacionadas con la entonces princesa heredera, así como el proceso judicial de Marius Borg, sino también por la fibrosis pulmonar que le fue diagnosticada a Mette-Marit en 2018. Un proceso médico por el que la nueva consorte del Reino de Noruega tuvo que someterse a un trasplante de pulmón apenas dos meses antes de la muerte del Rey, por lo que su ascenso al trono se ha visto empañado por una constante ausencia que aún no cesa. Aun así, la Casa Real ha querido poner fecha a este posible regreso que tendría lugar en verano del próximo año, por lo que esta noche la reina Mette-Marit será una de las grandes ausentes, marcando así un inicio de reinado desde la distancia.
Está previsto que esta sea una de las grandes noches de la monarquía nórdica, pues, según dicta la tradición, se trata de una gala en la que los vestidos de etiqueta y las deslumbrantes tiaras del joyero real vuelven a cobrar todo el protagonismo. Una velada de un gran significado emocional por el reciente y doloroso luto que ha asolado a la dinastía Glücksburg: este será el primer banquete de Estado que la Casa Real ofrece tras el doble adiós al que ha tenido que enfrentarse Noruega, pues, apenas dos semanas después del fallecimiento del recordado Harald V, el país despedía también a su hermana, la princesa Astrid. A pesar de la notoria ausencia de la reina Mette-Marit, la cita estará repleta de homenajes y guiños al pasado. Con la partida de la princesa Astrid se desveló que parte de sus joyas más emblemáticas retornarían a la rama principal de la dinastía.
Por ello, el mayor de los homenajes de la velada podría tomar forma en la figura de la princesa Ingrid , quien, asumiendo con madurez su papel clave en la institución, podría reaparecer luciendo alguna de las históricas alhajas que un día pertenecieron a quien ejerció de primera dama durante el reinado de Olav V. Un momento lleno de significado con el que Haakon VIII, la princesa Ingrid y la reina Sonia darán un nuevo paso asumiendo sus nuevas responsabilidades como principales miembros de la Corona de Noruega.







