La singular voz de Bonnie Tyler se apagó en la noche del miércoles en la ciudad de Faro, en Portugal, después de varios meses hospitalizada a causa de una enfermedad. La artista internacional deja consigo un legado no solo musical, sino también económico con, de momento, un único beneficiario: su marido, Robert Sullivan.
El matrimonio, casados desde 1973, no tuvo herederos. "Lo que pasó fue que cuando nos casamos dijimos que esperaríamos siete años antes de tener hijos, pero para entonces mi carrera ya era enorme", contó al periódico The Guardian en 2012. "Lo fuimos posponiendo y posponiendo hasta que yo tenía 39 años y él 41. De repente sentí el instinto maternal, así que sentí que era el momento adecuado".
"Me quedé embarazada muy rápido, pero a los dos meses y medio sufrí un aborto espontáneo, algo horrible en aquel momento. Lo intentamos de nuevo, pero después de dos años no pasó nada, así que simplemente pensamos que no estaba destinado a ser", confesó Tyler.
Sin descendientes directos, Bonnie presumía hace años en una entrevista de tener una gran familia formada por cinco hermanos, dos de ellos fallecidos, y numerosos sobrinos. "Tengo 16 sobrinos y sobrinas. Uno de ellos, Christopher, vive con nosotros y con su pareja, y tenemos una relación fabulosa", explicó la vocalista.
Por el momento, no ha trascendido la existencia de un testamento, ni tampoco una declaración sobre quiénes son los herederos de la cantante galesa, por lo que Sullivan parece ser el único sucesor legal de una fortuna valorada en 40 millones de euros nacida de distintas fuentes de ingresos
La música, la primera casa de Tyler
La apodada como 'La primera dama del rock' publicó un total de 18 álbumes de estudio y 83 singles. Sus éxitos alcanzaron cifras millonarias; solo en 2026, 'Total Eclipse of the Heart', alcanzó más de mil millones de reproducciones, uniéndose a un club selecto del que forman parte Taylor Swift y Eminem.
A pesar de estar dedicada a la música durante cinco décadas, Bonnie no ganó todo el dinero que se podría esperar de una cantante de su altura, ya que no era la autora de sus canciones más célebres. Esto hace que la mayoría de los derechos, y por lo tanto del dinero, vayan a parar al compositor.
Aun así, la música, además de los conciertos y apariciones en televisión, fue la primera piedra del patrimonio de Tyler y Sullivan que, con los años, fue construyéndose en base a otras fuentes.
Un enorme capital inmobiliario
Antes de su boda con Tyler, Robert Sullivan fue un judoca que participó en las Olimpiadas de 1972, en Múnich. Con los años, Sullivan colgó el kimono y se dedicó a forjar una fortuna basada en la adquisición de inmuebles, de la que disfrutó junto a su ahora difunta esposa.
"En los años setenta, él y su socio compraron una gran extensión de terreno en Nueva Zelanda", explicó Tyler en una entrevista para el medio The Times en 2023. "Al principio teníamos una granja de cabras de cachemira; luego se convirtió en una granja lechera. La vendimos a principios de este año. También somos dueños de 65 cuadras en Lambourn, Berkshire, que alquilamos al Jockey Club. Antes teníamos 22 casas en Berkshire, pero hemos vendido 17."
Además, el matrimonio poseía una casa en Mallorca, así como sus dos principales residencias en Gales (lugar natal de la artista) y en Algarve, Portugal. Pero, su patrimonio no solo se basaba en casas: la pareja llegó a ser propietaria de 65 establos que, sin una especial predilección por lo ecuestre, servía a los cónyuges de inversión monetaria.
Con la compraventa de propiedades, Bonnie Tyler amasó una fortuna que, con su deceso, parece tener como único destinatario a su marido a la espera de una confirmación oficial por parte de la familia.








