Injusto, increíble, devastador. Hay tragedias para las que nunca existen las palabras adecuadas. Y otras que, además de destrozar a una familia, consiguen paralizar a toda una ciudad. Valladolid ha despedido este miércoles, en una Catedral completamente abarrotada, a Iván Sanz Cid, director general de Dehesa de los Canónigos; a su mujer, Irene Garijo; y a dos de sus tres hijos, Irene y Álvaro, de 17 y 14 años, fallecidos el pasado domingo en el trágico accidente de tráfico ocurrido en la A-67, a la altura de Herrera de Pisuerga (Palencia). El multitudinario funeral, al que asistieron centenares de familiares, amigos, representantes institucionales, empresarios, bodegueros y vecinos, ha confirmado el enorme impacto que la tragedia ha provocado en toda la provincia, tal y como han relatado los medios locales. Mientras tanto, todas las miradas siguen puestas en la pequeña Carlota, de nueve años y única superviviente del accidente, que continúa recuperándose en el Hospital Universitario de Burgos.
Porque la familia Sanz Garijo no era una más. Su arraigo en Valladolid iba mucho más allá del prestigio de Dehesa de los Canónigos o de la trayectoria profesional de Iván e Irene. Eran rostros conocidos, queridos y respetados en ámbitos tan distintos como el vino, la administración pública, el deporte o la educación. Quizá por eso la tragedia ha golpeado con tanta fuerza. Resulta imposible no estremecerse al pensar que, en apenas unos segundos, una familia perdió a cuatro de sus integrantes, entre ellos dos adolescentes que apenas comenzaban a vivir.
Una catedral abarrotada
La Catedral de Valladolid rozó el lleno absoluto desde mucho antes del comienzo de la ceremonia. Según relatan La Tribuna de Valladolid y El Norte de Castilla, centenares de personas acudieron para acompañar a la familia en el último adiós y muchos asistentes permanecieron incluso en el exterior del templo, incapaces de encontrar sitio en el interior. El silencio, roto únicamente por los abrazos y las lágrimas de quienes acudían a despedirse, reflejaba el profundo impacto que la tragedia ha causado tanto en Valladolid como en la Ribera del Duero.
La ceremonia estuvo presidida por el arzobispo de Valladolid, Luis Argüello, quien ofició la misa ante las cuatro urnas de madera con las cenizas de Iván, Irene, Irene y Álvaro. Durante su homilía invitó a encontrar consuelo en la fe incluso en medio del sufrimiento y dedicó unas palabras de esperanza a Carlota, cuya recuperación centró buena parte de las oraciones.
El mundo del vino acudió prácticamente en bloque para despedir al director general de Dehesa de los Canónigos. Entre los asistentes se encontraban el presidente de la DO Ribera del Duero, Enrique Pascual; Javier Moro, de Bodegas Emilio Moro; representantes de Protos, Tomás Postigo y otras muchas bodegas, además de empresarios, miembros de la Diputación de Valladolid, institución en la que trabajaba Irene Garijo, representantes de la CEOE, compañeros de los colegios Pinoalbar y Peñalba, integrantes del VRAC y del Valladolid Club Voleibol, así como numerosas autoridades civiles y políticas. También quisieron acompañar a la familia el periodista José Ribagorda, íntimo amigo de Iván Sanz, quien horas antes, profundamente emocionado en Y ahora Sonsoles, había asegurado entre lágrimas que sentía que había perdido "a un hermano", y Miguel Ángel Gil Marín, consejero delegado del Atlético de Madrid, que tampoco quiso faltar a la despedida.
La promesa de su tía a la única superviviente del accidente
El momento más conmovedor llegó durante las palabras de despedida pronunciadas por Marta Sanz Cid, hermana de Iván. Tal y como recoge El Norte de Castilla, recordó con enorme emoción a cada uno de los miembros de su familia y quiso dirigirse especialmente a Carlota, la única superviviente del accidente.
"Con solo 9 años, la vida te ha puesto delante un camino durísimo que ningún niño tendría que recorrer. Pero también queremos que sepas que jamás vas a caminar sola. En todos nosotros encontrarás una familia entera que te abrazará, te cuidará y te querrá todos los días de tu vida".
También dedicó unas palabras a su hermano, al que definió como "mi ojito derecho", agradeció el cariño con el que Irene había cuidado siempre de él y recordó a sus sobrinos, Irene y Álvaro, antes de concluir imaginando que su padre, fallecido hace apenas un año, ya los había recibido a los cuatro "para descansar en paz, unidos para siempre y cuidándonos desde arriba".
"Valladolid tiene un vacío muy grande"
La conmoción, sin embargo, comenzó mucho antes del funeral. Desde que el pasado domingo se conoció la noticia, el dolor se extendió mucho más allá del entorno familiar. Instituciones, clubes deportivos, colegios, empresarios, bodegueros, amigos y vecinos han encontrado en las palabras y mensajes de cariño la forma más sincera de acompañar a una familia que ha dejado una huella imborrable en la provincia.
Las primeras palabras llegaron desde la Diputación de Valladolid, donde Irene Garijo trabajó durante más de dos décadas. Allí, compañeros y amigos continúan incapaces de encontrar explicación a lo sucedido. La recuerdan como una mujer "muy trabajadora", "muy discreta" y profundamente querida, incapaces de asumir que quien se despidió el viernes para disfrutar de un fin de semana con su familia ya no volverá a ocupar su mesa de trabajo.
El presidente de la institución, Conrado Íscar, fue una de las primeras voces en expresar públicamente el sentimiento compartido por toda la provincia. Como recogió El Norte de Castilla, aseguró: "Han sido siempre una familia muy acogedora, entrañable, que siempre ha luchado y ha defendido lo que somos en Valladolid".
Un día después, todavía visiblemente emocionado, reconocía que seguía sin encontrar palabras. "Ayer nos quedamos todos mudos, fue una tarde muy complicada. Ha sido una gran tragedia. Valladolid tiene un vacío muy grande".
El doloroso pésame a los dos adolescentes fallecidos
La tragedia también ha roto el corazón de dos clubes deportivos vallisoletanos.
Irene, de 17 años, formaba parte del Valladolid Club Voleibol, allí el dolor y la incredulidad han inundado todos los rincones, tal y como se desprende de su mensaje compartido en redes: "No hay palabras que puedan aliviar una pérdida así", escribía el club al despedir a la joven y a toda su familia. Poco después, la Real Federación Española de Voleibol se sumaba al homenaje recordando que Irene era una jugadora muy querida dentro de la entidad y trasladando su apoyo a familiares, amigos y compañeras.
Algo muy parecido ocurre en el VRAC Quesos Entrepinares, el equipo de rugby más laureado de España, con sede en Valladolid. Allí jugaba Álvaro desde que era un niño y allí también existía un estrecho vínculo con la familia gracias al apoyo que Dehesa de los Canónigos había mantenido durante años con el club. Su mensaje fue breve, pero cargado de emoción, un recuerdo para toda la familia Sanz Garijo y un deseo compartido por todos, la pronta recuperación de la pequeña Carlota.
El adiós de los colegios donde crecieron
El duelo también se ha instalado en las aulas de los colegios Pinoalbar y Peñalba. Allí estudiaron Iván e Irene y, años después, también lo hicieron sus hijos. La noticia dejó completamente conmocionadas a varias generaciones de profesores, alumnos y antiguos compañeros.
En un comunicado conjunto, ambos centros confesaban el "gran dolor" que sienten por la pérdida de una familia tan vinculada a la comunidad educativa y pedían oraciones, especialmente por la recuperación de Carlota.
Un tanatorio convertido en el reflejo del dolor de toda una ciudad
Durante toda la jornada, el Tanatorio de Las Contiendas se convirtió en un incesante ir y venir de familiares, amigos, representantes institucionales, empresarios y vecinos que quisieron acompañar a los Sanz Cid en uno de los momentos más duros de sus vidas.
Entre ellos se encontraba el periodista José Ribagorda, íntimo amigo de Iván Sanz, que resumió con enorme emoción el sentimiento compartido por todos.
"Esto rebasa toda la lógica, no hay consuelo posible, es una tragedia de una magnitud tremenda."
Mientras Valladolid intenta encontrar consuelo donde parece imposible hallarlo, todas las miradas siguen puestas en Carlota. Su recuperación representa hoy el único hilo de esperanza en una tragedia que ha dejado a una ciudad entera unida por el mismo sentimiento: el de acompañar, en silencio, a una familia que formaba parte de la vida de todos.









